Los articulillos sueltos de Antonio Balsalobre

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Se acabaron los días de vacaciones y la Feria inexistente como se acabó la fiesta de la noche de San Juan en la canción de Serrat. Arrullados por el murmullo de la olas hemos disfrutado de un poco de descanso, algo de recreo y hasta de alguna buena lectura. Sumergidos en las aguas del río o caminando por la Atalaya ha habido momentos en que incluso llegamos a perder la cuenta de la que nos ha caído encima. Pobres de nosotros, que puestos a creer, llegamos hasta albergar la esperanza, al principio, de que este bicho irreductible podría sucumbir con los ardores de la canícula. Pero ha caído agosto, ha llegado septiembre, y nuestras miserias no se han ido a dormir. Y con la resaca veraniega encima ha vuelto el pobre a su pobreza, el rico a su riqueza, y el señor covid a sus funestas andadas. Que no nos asuste la escarpada cuesta.

De Génova

Espías, traición, corrupción, delaciones… No le faltan buenos ingredientes a este thriller político que la Justicia llama Operación Kitchen. Recapitulemos: Francisco Martínez fue secretario de Estado de Seguridad entre 2012 y 2016 cuando Jorge Fernández Díaz era ministro del Interior y Mariano Rajoy presidente del Gobierno. Algo que ocurrió, según Casado, hace “tiempos ya muy pasados». Decimonónicos, vamos. “En aquellos tiempos”, Martínez decidió, según todos los indicios, compatibilizar su cargo con montar con su camarilla y fondos reservados operaciones encubiertas ilegales para arrebatar documentos comprometedores para su partido al extesorero popular Bárcenas. Hasta que lo pillaron, le cargaron el muerto y cantó. “Mi grandísimo error en el ministerio fue ser leal a miserables como Jorge, Rajoy o Cospedal” viene diciendo en su defensa. En las novelas de Le Carré los espías surgían del frío. En esta operación parecen surgir de Génova.

Ojos que no ven…

En menos de 50 años (un soplo como quien dice), ha desaparecido el 68 % de la fauna salvaje. No lo digo yo sino el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).​ Pero no parece que nos inmutemos. Asistimos a la destrucción del medio ambiente casi como el que oye llover. Acechan unos peligros devastadores para el futuro de la humanidad mientras que nosotros seguimos, como dice el “Loco”, aquí “sentados”, “dormidos”, “borrachos”, en nuestro Cadillac. Aún, aseguran los más optimistas, estamos a tiempo de sacudirnos esta indiferencia y tomar medidas para atajar el ecocidio que podría avecinarse. Pero suenan las alertas y en lugar de actuar preferimos ponernos una venda en los ojos para no ver ni mirar. Nada nuevo bajo el sol. Ya lo dice el refrán: “Ojos que no ven, corazón que no siente”.

Gracias

No debería adquirir carácter de excepcionalidad lo que es a todas luces llano, sencillo y normal. Esto es, presentar un libro. Pero esta pandemia nos está poniendo las cosas difíciles. Y lo corriente se hace, sobre todo cuando hablamos de cultura, no diré épico o sobrehumano, pero sí arduo e imprevisible. Gracias, por lo tanto, a todos los que asistieron el lunes, en gran número, a la presentación de mi libro “Maryam de Siyasa”, pero también a los que, aun deseándolo, no pudieron hacerlo por causas más que comprensibles. Como dije esa noche, no hay ciudad abandonada que no renazca cuando alguien vuelve a pisar sus calles. Si visitan el yacimiento de Siyasa recién remodelado, lo comprobarán. También espero y deseo que la Siyasa y el Reino de Murcia del siglo XIII vuelvan a recobrar vida en la imaginación de quienes se animen a leer esta historia.

 

 

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