Los articulillos independientes de Antonio Balsalobre

Soñar y resistir

¡Qué mejor manera de despedir a una escritora en su entierro que ondeando sus libros como banderas! Como banderas de libertad. Es lo que hicieron los lectores de Almudena Grandes en el Cementerio Civil de Madrid donde reposa para siempre junto a otros escritores, presidentes de la Primera República o sencillamente españoles anónimos a quienes se les denegó ser enterrados en sagrado. La obra literaria de Grandes, de gran calado humano, social y político, es lo que es, y ya se han encargado tanto la crítica como sus lectores, entre los que me encuentro, de ensalzarla como se merece. A Julián Casanova, le debemos, no obstante, el mejor retrato que en mi opinión se ha esbozado de ella estos días: “Escritora que construyó con un gran trabajo de documentación un relato sobre el sueño republicano, la guerra de exterminio y el terror franquista, pero también sobre los que resistieron con dignidad. Gracias Almudena por dar voz a los que soñaron y resistieron.

Antes de internet

Aunque muchos jóvenes no terminen de creérselo, había vida antes de internet. Y por lo que yo sé, no era peor que ésta, tampoco mejor. Era simplemente vida. ¿Cómo os apañabais entonces?, se preguntarán quienes andan conectados a una wifi desde antes incluso de haber alcanzado la edad de la razón. Pues teníamos calles para jugar, televisión con solo dos cadenas, mapas impresos para orientarnos por los caminos, tebeos y libros para soñar, enciclopedias de papel para consultar dudas, cartas para chatear, cine en pantallas gigantes, teléfono fijo en casa o cabinas telefónicas en la calle… Objetos y sensaciones que, como señala la periodista Pamela Paul, han desaparecido o están a punto de desaparecer con la llegada de la tecnología más avanzada. No hay ninguna nostalgia de cualquier tiempo pasado en esto que escribo. Sólo albergo una ligera preocupación de que la inteligencia artificial, la automatización o la robotización nos deshumanicen, si cabe, un poco más.

Pensiones

Cabe alegrarse de que con este gobierno España esté volviendo a una cierta normalidad. Entre otras cosas, en lo que se refiere a la subida de las pensiones, cuya revalorización anual conforme a la evolución del IPC aprobó el pleno del Congreso el pasado jueves con los votos en contra, por cierto, de la oposición. Cabe alegrarse y felicitarse que al menos se garantice el poder adquisitivo de millones de pensionistas, aunque sea mucho más que esto lo que el colectivo se merece. Está bien que, por fin, se acabe con el mal llamado “factor de sostenibilidad” que impuso el gobierno de Rajoy, que incluía una ridícula e injusta revalorización anual de un 0,25% de subida anual cuando la inflación se situaba en torno al 2 o 3 %. Por cierto, y para evitar estos atropellos, ¿por qué no blindar las pensiones en la Constitución cuyo aniversario acabamos de celebrar?

Carta Magna

Conviene recordar, aunque solo sea a título informativo, que en 1978 Alianza Popular, predecesor del PP, no se prodigó en el apoyo al texto constitucional cuando este se sometió a votación en el Congreso. Ocho diputados votaron a favor, cinco en contra y tres se abstuvieron. A los que tenemos cierta edad, nos viene fácilmente a la memoria el clima de tensión en que se debatía la derecha de Fraga antes, durante y después del referéndum del día 6 de diciembre para la ratificación de la Constitución. Las dudas entre sus electores no eran menores, lo que hizo que en su gran mayoría se decantaran por la abstención. Cuento esto porque sorprende, choca y hasta escandaliza la obscenidad con que muchos herederos de los que dudaron o rechazaron en su día la Carta Magna quieren presentarse ahora como sus únicos intérpretes y garantes. Con un evidente espíritu poco constitucional, claro está.

 

 

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