Los articulillos independientes de Antonio Balsalobre

Radicales

A algunos medios no les vendría mal un poco de objetividad en sus titulares. Vean si no cómo trata dos noticias similares una conocida gaceta madrileña. Cuando fue el presidente del gobierno el que visitó Ceuta en plena crisis migratoria y un grupo de manifestantes pateó su coche, tituló: “Un grupo de personas recibe a Pedro Sánchez con gritos e insultos”. La visita de Abascal a la misma ciudad y por las mismas circunstancias merece, en cambio, otro tratamiento: «Cientos de radicales se concentran ante el hotel de Ceuta donde estaba Abascal y boicotean el acto de Vox». Los que protestaban contra Sánchez eran personas, los que lo hacían contra Abascal, radicales. Y no en el sentido histórico del término, es decir, de ciudadanos que propugnan la reforma total del orden político y moral, sino en su sentido más peyorativo, el de extremista o fanático. Le faltó añadir que los primeros irán al cielo y los segundos al infierno.

Ni frivolizar ni obviar

Boicotear un minuto de silencio es ya en sí una falta de respeto. Hacerlo cuando es para recordar a las cinco mujeres recientemente asesinadas constituye además una afrenta. “Lamento profundamente que incluso en un momento así, ni siquiera seamos capaces de sumarnos», deploró la presidenta de la Comisión de Igualdad del Congreso cuando quiso comenzar la sesión con un minuto de silencio por estos crímenes machistas y se encontró, una vez más, con el boicot del partido de Abascal. En su estrategia de querer diluir la violencia machista en el océano de la violencia en general, al tiempo que se desvincula de la lucha contra el maltrato y de cualquier pacto de Estado que lo combata, porque según ellos “no sirve para nada”, la formación de ultraderecha empieza a representar una serio problema para la convivencia democrática. Un desafío a ciertos valores humanitarios que no deberíamos ni frivolizar ni obviar.

Dudas

El indulto parcial a los 12 condenados por el procés independentista que prepara el gobierno nos traerá en breve una nueva foto de Colón. Tan fallida, probablemente, como la anterior. A mí, de momento, me trae un cierto desgarro interno. Oigo, dentro de la propia izquierda, voces como las del  exvicepresidente Alfonso Guerra que ataca al gobierno argumentando que “el perdón es políticamente indeseable”. Y me paro a pensar. Atiendo argumentos de Izquierda Socialista que respalda al gobierno “en sus esfuerzos por abril el diálogo político, institucional y social que permita superar las tensiones en y con Cataluña”. Y me parece lo más razonable del mundo. Si como decía Aristóteles, la duda es la puerta de la sabiduría, entonces no me cabe ninguna duda de que estoy a punto de alcanzarla. Mientras tanto, sin embargo, tendré que pronunciarme. Y aunque con ciertas reservas, no puedo más que inclinarme por el sí.

Sambenito

Virus chino, variante británica, brasileña, india… La simplificación mediática de llamar al covid por el lugar en el que se detectan los primeros casos de una nueva variante no es justa ni deseable. Lo saben muy bien en Estados Unidos donde los ataques contra personas de origen asiático se multiplicaron tras las acusaciones interesadas de Trump. Harta de que se estigmatice y discrimine a poblaciones que son más víctimas que verdugos, la OMS propone nombrar estas variantes con las letras del alfabeto griego. La idea no puede ser más acertada. Para sambenito, basta con el que se nos colgó a nosotros en 1918 con la llamada “gripe española», cuyo origen, por cierto, se sigue desconociendo. Solo cabe desear que para las nuevas mutaciones, ahora ya alfabéticas, en las que lamentablemente se observa mayor capacidad de contagio, sobren cuantas más letras griegas, mejor.

 

 

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