La remesa de articulillos de Antonio Balsalobre

Abucheo

Que el sector ultra que asiste todos los años al desfile del 12 de octubre abuchee e insulte a Sánchez, como antes abucheaba e insultaba a Rodríguez Zapatero, podría considerarse un acto de normalidad democrática si no fuera por lo que representa ideológicamente ese sector y lo que significa el acto en sí. Un sector que comulga probablemente con aquel general retirado que no hace mucho, tras alabar a Franco, manifestaba su deseo de fusilar a 26 millones de españoles y cuyos componentes, colocados estratégicamente en las proximidades de las tribunas presidenciales, ultrajan vergonzosamente una celebración, la Fiesta Nacional, que pretende ser de todos. Afortunadamente, y por mucho que les pese, en el sistema democrático y constitucional que nos hemos dado gobierna quien más votos saca en las urnas. Y hoy por hoy, es una coalición progresista y de izquierdas.

Escrivá

Blandiendo una pancarta con el lema ‘Maltratar a los mayores, ¡Jamás!’, se manifestó mi amigo Agustín el pasado sábado en Madrid. Junto a él, miles de pensionista se dieron cita en la capital de España para defender el sistema público de pensiones y de paso reclamar unas pensiones «justas y suficientes». Es verdad que en esta legislatura se han dado algunos pasos importantes para mejorarlas, revalorizándolas con el IPC y derogando el mal llamado factor de sostenibilidad. Pero esto resulta insuficiente a todas luces. Y cuesta trabajo, por otra parte, simpatizar con la reforma que preparara el ejecutivo que quiere ser fruto del acuerdo parlamentario y del consenso entre los principales sindicatos y patronales, tras una década de recortes y desencuentros, cuando anda por ahí suelto un tal Escrivá que con sus exabruptos supuestamente pedagógicos alarma y ofende. Como muchos otros españoles, mi amigo Agustín se pregunta qué hace todavía este elemento en el gobierno.

¿Sentencia política?

¿En nombre de qué principios y de quién actúa el Tribunal Supremo? Sobre el papel está claro; en la realidad, no tanto. Conocida es su composición y la tendencia ideológica de sus miembros. Por una supuesta patada propinada a un agente del orden en una manifestación en 2014, que el condenado niega y de la que no existen pruebas visuales en las imágenes manejadas por el tribunal, le ha sido impuesta al diputado Alberto Rodríguez una multa de 540 euros. Patada barata o cara, según se mire. Barata si realmente se produjeron los hechos y cara si obedece a una sentencia política sin pruebas. El final del culebrón ya lo conocemos. La controvertida retirada del acta al parlamentario y la decisión de éste de presentar un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional y Europa. Con muchos visos de prosperar. Y si no, al tiempo.

Telediario

Lo bueno que tiene esta sección es que no engaña a nadie. Es opinión pura y dura. Y el lector lo sabe. En ningún caso pretende hacer pasar por noticia lo que son convicciones personales. Otra cosa son esos programas híbridos o de revoltijo, mal llamados tertulias, donde el  infoentretenimiento, en palabras de Carlos Franganillo, ya casi no distingue qué es comentario y qué información. Programas muy contagiosos, por otra parte, por su eficacia y porque además resultan baratos. En este contexto comunicativo de gran toxicidad, el servicio público, la televisión pública, tienen más que nunca el deber ético de aportar un discurso sosegado y alejado del histrionismo. Franganillo se acerca a ello con su telediario de las 21:00 horas, en la 1. Se agradece. Ya nos encargamos otros de remar a veces en sentido contrario.

 

 

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