Los articulillos sueltos de Antonio Balsalobre

Maravillas turísticas

El Colegio de Periodistas de la Región de Murcia abrirá su Anuario 2019 con un estallido de colores: la Floración en Cieza, esa consagración de la primavera que desde febrero cubre los campos con un manto blanco, rosado, fucsia, lila, multicolor. Es el “gancho”, como ha dicho su vicedecano Arturo Andreu, para presentar el rico patrimonio cultural de esta localidad. El referente, como ha señalado el alcalde, Pascual Lucas, para dar a conocer la belleza natural de nuestro entorno y su riqueza histórica: Siyasa, el mayor yacimiento islámico de Europa; el Cañón de Almadenes, la Cueva del Arco, el Museo del Esparto y tantos otros tesoros culturales que esperan al visitante. No sabemos cómo será el turismo post-covid. Pero sí podemos intuir que pasará ineludiblemente por potenciar y descubrir todas esas maravillas turísticas tan cercanas, tan nuestras, tan al alcance de la mano. Cieza para eso está pero que muy bien posicionada.

“Estautas”

Como dijo aquel, no somos nada: hoy “presonas” y mañana “estautas”. Estatuas efímeras o más duraderas, que no eternas, según le vaya a cada cual. Efímeras para los más, el tiempo que dura el “rigor mortis”, o perdurables para unos pocos, convertidos en esculturas labradas y alzadas sobre pedestales en lugares públicos. Las protestas de las últimas semanas contra el racismo han derribado o dañado algunas de estas últimas. Y muchos se indignan. Yo, que a lo largo de mi vida he visto derribar tantas efigies petrificadas con motivo de revueltas o cambios de régimen, lo relativizo. Los vencedores, en el sentido social más amplio del término, son los que en cada momento escriben la historia. Los que derrumban y levantan estatuas, los que crean la iconografía de su tiempo. El antirracismo en su lucha por la igualdad no quiere ser menos.

Hija de emigrantes

El domingo me llevé dos alegrías. Que el movimiento ecologista, aliado con la izquierda, “arrasara” en la segunda vuelta de las elecciones municipales en Francia; y que la socialista Anne Hidalgo, aliada con los ecologistas y otras fuerzas progresistas, reconquistara París con casi un 49 % de votos. Lo primero es histórico e indica por dónde van los tiros en estos tiempos inciertos. Lo segundo, también lo es, porque esta hija de inmigrantes españoles, emblema de la meritocracia francesa, no solo ha conquistado el corazón de los parisinos con su programa de fuerte contenido social y medioambiental, sino que se perfila como futura presidenta de la República francesa en 2020. Y si no, al tiempo. ¡Chapó! Yo que también fui hijo de emigrantes en los años 60 me inclino ante el tesón y el talento de esta mujer excepcional, hija de un electricista y una costurera que tuvieron que salir de España en busca de un futuro mejor.

Si le dan a elegir

Pedro Duque, astronauta y ministro de Ciencia e Innovación, está convencido de que «dentro de pocos meses» España estará lista para la producción de una vacuna contra el covid-19. No quiero ni imaginarme, si este deseo se convierte en realidad, el pollo que van a montar el rector de la Católica José Luis Mendoza, el papichulo Miguel Bosé o el cardenal arzobispo de Valencia. Yo, que no soy epidemiólogo, Dios me libre, no sé qué sería del mundo actual sin la vacuna contra la rubeola, la triple vírica, la varicela, la polio, el ébola y otras calamidades. Me cuesta entender que estas vacunas que tantas muertes y sufrimiento han evitado puedan ser obra del diablo. Claro que hay gente más iluminada que yo que piensa lo contrario. Sus motivos tendrá. Ya lo dijo una rapera británica, «Si tengo que elegir entre la vacuna o un chip (chis, en panocho), elijo la muerte».

 

 

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