El ajuste presupuestario, según Diego J. García Molina

Ajuste presupuestario

Un ajuste presupuestario, sí, es lo que parece que se nos viene ahora encima cuando se presenten los próximos presupuestos, o si se siente el lector más cómodo con el término, recortes. El expresidente Mariano Rajoy nos parece un recuerdo muy lejano pero la realidad es que seguimos con los mismos presupuestos del último ejercicio del gobierno del Partido Popular, ante la incapacidad de Pedro Sánchez de aprobar unos propios debido a su falta de apoyos; de hecho, la legislatura anterior finalizó cuando ERC no apoyó su propuesta de nuevos presupuestos y tuvo que disolver las cortes. No juzgo lo sucedido, son los hechos tal y como sucedieron, cuando te encuentras en minoría parlamentaria, o llegas a acuerdos continuamente para poder gobernar, o hay que volver a votar, como así se hizo.

La situación es, en algunos aspectos, muy parecida a la que sufrimos en la crisis anterior: gobiernos que gastan mucho más de lo que ingresan, una crisis inesperada, la economía destrozada, millones de trabajadores que pasan a situación de desempleo, es decir, de cotizar a recibir un subsidio, y como vivimos de pedir dinero prestado, para que nos sigan financiando, necesitamos apretarnos el cinturón. Aunque en este caso hay una diferencia importante: en 2008 la deuda apenas era el 40% de nuestro P.I.B., y en este caso supera con creces el 100%; finalizó 2019 en el 120% aproximadamente, no se sabe el porcentaje exacto, debido a los numerosos maquillajes y cambios de criterio utilizados para encubrir la deuda real; ya lo hizo el ejecutivo de Rodríguez Zapatero, lo hizo del de Rajoy, y lo hace este. También Grecia falseó sus cuentas.

¿Qué supone todo esto? Bien, imaginemos una familia o una empresa que a lo largo de una década gasta todos los años un 5% más de lo que ingresa. Llegará un momento en que no quedará más remedio que adecuar los gastos a los ingresos, incluso reducirlos para poder sanear la deuda, además de ser lo lógico en situaciones normales. En España, el gasto público tuvo su pico máximo en 2012 con 500.000 millones de euros, duplicándose desde el año 2000. Sufrió una reducción del 5% aproximadamente durante los años de recuperación de la crisis, no obstante, esos años seguimos teniendo déficit, es decir, gastamos más de lo ingresado, y como consecuencia aumentó la deuda. Hasta 4 años seguidos con entre un 9% y un 11% de exceso de gasto. El 2018 volvimos a tener el mismo gasto que en dicho año 2012, aumentando en 2019 hasta los 522.000 millones de euros, disparando de nuevo el déficit y el compromiso de pago. La deuda, obviamente, se debe devolver con intereses y durante 2018 y 2019 nos costó al día 80,3 millones de euros, lo cual equivale a más de la mitad del gasto en educación o el 40% del gasto en sanidad, casi nada; solo en intereses. Vivir siempre de prestado, como sabe cualquier empresa o familia no es rentable, ni sostenible a largo plazo.

Con este aumento imparable del endeudamiento corremos el peligro de que por el excesivo riesgo de devolución nadie quiera prestarnos, o se haga con unas condiciones tan duras que debamos tomar decisiones drásticas. Por suerte tenemos el apoyo de la Unión Europea, aunque ello no sirvió de nada a Grecia; esperemos que no sea el espejo en el que finalmente nos reflejemos. En el país heleno los efectos fueron devastadores en el sector público, con recortes brutales de las pensiones, hasta 13 ajustes para reducirlas entre el 20% y el 40%; la rebaja del salario mínimo; subida de los impuestos: el IVA al 23%, aumentan un 10% las tasas de combustibles, tabaco y alcohol; el despido de 150.000 funcionarios, uno de cada cinco; la rebaja de hasta un 25% de los salarios de empleados públicos. Todas estas medidas no solo afectaron al sector público, también el privado tuvo reducciones de los sueldos tras la eliminación de los convenios colectivos, un 20% de media. Imaginemos eso en España, arderían las calles.

En nuestro país hemos tomado como costumbre el andar por la cuerda floja del elevado endeudamiento, como si nunca fuera a pasar nada… hasta que pasa. Este gobierno, y todos los partidos, excepto los insensatos de los que no se puede esperar nada, deben hacer un ejercicio de responsabilidad y de una vez afrontar el problema tomando medidas que no van a ser del gusto de nadie, pero siempre serán mejores que las impuestas cuando no haya más remedio. Es posible que le pase factura en las urnas sin embargo es su obligación, no se puede seguir viviendo del corto plazo y el siguiente que venga se encargue de resolver el problema.

Hay mucho por hacer sin tocar partidas indispensables como las pensiones, educación, sanidad, etc. Por ejemplo, en Grecia suprimieron dos tercios de los ayuntamientos que gobiernan poblaciones menores de 10.000 habitantes ahorrando 1.185 millones de euros; esta medida de fusión de municipios la lleva reclamando años UPYD, dado que es un paso lógico realizado en otros muchos países, y además de un ahorro económico supondría una mejora en la eficiencia administrativa. Debemos eliminar duplicidades existentes entre el gobierno, las autonomías, diputaciones, ayuntamientos, etc. El gasto superfluo de parlamentos autonómicos, gasto no productivo, derroche. Hay que adecuar el gasto a los ingresos, reducir la deuda, reconstruir la economía, intentar ser más eficientes con una administración cada vez más digitalizada, favorecer a las grandes empresas que son las que más beneficios a largo plazo dan a los países. Los países con economías más fuertes son los que tienen empresas grandes, tecnológicas que operan a nivel global. Lamentablemente España no tiene recursos naturales propios, como petróleo o gas, excepto un clima privilegiado para el turismo, por lo que necesitamos soluciones imaginativas. Solo que estas soluciones no van a venir de quienes nos han llevado a esta situación, me temo.

 

 

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