La nueva remesa de articulillos de Antonio Balsalobre

Putrefacto

No hay tragedia política que no tenga su punto grotesco, de farsa. Lo pudimos ver en el intento de golpe de estado del 23F, capitaneado por un esperpéntico bigotudo, y lo hemos podido comprobar en el asalto al Capitolio, instigado por el todavía presidente de los Estados Unidos y la colaboración necesaria de un trumpista picapiedra a pecho descubierto ataviado con pelliza de trampero y cuernos de asilvestrado. No creo que a estas alturas se pueda encontrar un calificativo para singularizar a Trump que no nos resulte repetitivo. Loco, déspota, mentiroso, cruel, avariento, peligroso, insurrecto… Se me ocurre, sin embargo, tras el episodio golpista-carnavalesco del miércoles, tras este auto tragicómico de títeres de cachiporra, uno menos manoseado: el de putrefacto. Empleado por Lorca y Dalí para designar lo caduco, caricaturesco, mezquino, reaccionario de su época, viene a definir con cierto dramatismo jocoso la figura hedionda del personaje y el legado de su mandato.

Diamantes y óxido

Para Bob Dylan era la reina del folk. De la canción protesta, que diríamos nosotros. La activista incansable, la voz de una generación que encarnó la lucha contra la guerra de Vietnam y las injusticias sociales, y cuyas cuerda vocales desafiaban sin cesar la ley de la gravedad. Pero no vengo a hablaros hoy de eso, sino de su canción “Diamond and rust”, primer tema de su álbum homónimo, de 1975, que sigo escuchando con la misma fruición que cuando la conocí algún año después de su publicación. Es simplemente sublime. Y eso que narra una situación aparentemente banal, un amante que la llama varios años después de acabada la relación y al que ella le explica que ha vivido ese periodo entre altos y bajos. La grandeza de esa canción: que el amante fue Dylan y que no hay relación humana que no vaya dejando rastros de óxido entre destellos de diamantes.

Infantil e irresponsable

Sorprende el pescozón que le ha propinado Hostemur a López Miras. Lo acusa nada menos que de arruinar los bares y restaurantes de la Región con las restricciones impuestas durante la Navidad y con el cierre del interior de los establecimientos. Y todo, aseguran, por un puñado de votos. Acostumbrados a que Albarracín y la CROEM que preside actúen de correa de transmisión del presidente de la comunidad, cuando no del PP, descolocan, debo confesar, estas imputaciones tan directas al ejecutivo regional. «Los que nos gobiernan han demostrado su ineptitud y su incompetencia”, acusa Hostemur, al tiempo que tacha al equipo murciano encargado de gestionar la crisis sanitaria de «infantil». La oposición de izquierdas no va mucho más allá y reprocha a Miras su “falta de «responsabilidad» en la pandemia. “Infantil”, “irresponsable”, son términos admisibles en la necesaria confrontación política civilizada. Nada que ver con los utilizados por cierta derecha calificando al gobierno de España de “criminal”.

Naturaleza

Puedo imaginarme hace decenas de miles de años al león, rey de la selva y de la sabana, despedazando tranquilamente a algún sapiens indefenso y saboreando su festín. Puedo imaginarme también, algunos miles de años después, a ese mismo león, rey de la creación, caer abatido, atónito, sin entender ni cómo ni por qué, por ese mismo sapiens, armado ahora de una lanza con punta de hueso. Así funciona la naturaleza. Con el tiempo, ese “mono desnudo”, se ha convertido en el rey de la creación, o eso piensa él. Ha creado dioses, estructuras sociales, obras de arte… incluso armas nucleares capaces de borrar de un plumazo esa creación. Como le ocurrió al león destronado, a estos sapiens le cuesta aceptar ahora que un virus imperceptible pueda entrar en sus pulmones y fulminarlos. Y a poco que se descuiden, mientras andan enfrentados en sus luchas intestinas, liquidarlos como especie. Así, decíamos, funciona la naturaleza.

 

 

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