La multiplicación de los inútiles, según María Bernal

La multiplicación de los inútiles

Después de haber estado diez días confinada por ser contacto estrecho con un positivo, aunque con una PCR negativa, solo tengo una palabra con la que puedo calificar sutilmente estos diez días: impotencia.

Van ocho meses de ira al no dar crédito a la irresponsabilidad del ser humano. Yo sabía que había inconscientes; pero jamás pensé que ante una pandemia que está matando a tantos seres, los inútiles se fueran a multiplicar.

Y es que para mí sí existe el virus, a pesar de la indemostrable opinión de los negacionista iluminados que se creen que van a salvar el mundo, a pesar de esa ignorancia latente que tanto destaca en ellos. Quizá los respetaré el día en que ellos no le falten el respeto a la ciencia y sean capaces de emitir algún juicio lógico que permita salvar vidas, pero no solo por este virus, sino por tantas enfermedades sobre las que todavía no tenemos cura.

Por otro lado, jamás hubiera imaginado que estos inútiles iban a provocar y faltar el respeto a enfermos y sanitarios a través de su irreverente exposición en las redes sociales. Porque claro, antes que la salud, el postureo tiene que estar al día para que todos podamos comprobar la vida padre que muchos se están pegando. ¿Qué os creéis?¿ Toreros capaces de lidiar a este Sars-Cov-2?

Lo que estáis dando lugar es a invocar una especie de odio y un sentimiento de desprecio por parte de todos los que están enfermos, además de lo que puedan pensar de vosotros los sanitarios que, desbordados y anulados física y psicológicamente, todavía tienen la valentía de seguir al pie del cañón, cuando no somos merecedores de nada. Y es que con vuestra depravada actitud, solo mostráis ser unos miserables de mierda de los que no había que apiadarse en ningún sentido. Quizás privándoos de la asistencia médica de la que tanto os mofáis, os entre en la puta cabeza que esto no es una broma.

Hemos llegado a un punto en el que las advertencias, la piedad y la comprensión no sirven para nada. Cuantos más derechos tiene la humanidad, más alta es la probabilidad de que esta atente sin misericordia alguna. Definitivamente, y después de haber vuelto a estar diez días encerrada, aunque siempre he sido consciente con la situación, con familiares positivos lejos y por los que no puedes hacer nada, he llegado a la conclusión de que todo mi deseo para los que incumplen no es que sea católicamente correcto.

Lo más racional es seguir apelando a la responsabilidad, es decir, no podemos permitir el sufrimiento ajeno. ¡Ojo! Hay que luchar contra el Sars-Cov-2 y con el resto de enfermedades que irremediablemente están siendo pospuestas porque los médicos se han arrastrado tanto durante este tiempo que apenas tienen fuerza para seguir nadando contra este torrente inacabable, provocado por ese afán desbocado de querer pisar la calle sin cumplir las medidas estrictas, esas que son las que pueden hacer que esto coja un rumbo más optimista. Pero vista la multiplicación de los inútiles, está complicado. Y a esto se añade la ignorancia de aquellos que consideran que las personas que dan positivos son unos apestados, porque esa es la sensación que sienten las personas que superan esta especie de resfriado  cuando pasan por al lado de una persona que le hace el paseillo. Otra idiotez que nunca voy a comprender.

Sin embargo, y cuando pensábamos que marzo y abril iban a ser los que nos iban a dar una gran lección de actitud y de conocimiento, porque las imágenes y las advertencias eran muy alarmantes, el doctor Piñera Salmerón, jefe del servicio de Urgencias del hospital Reina Sofía de Murcia publica esta semana en su perfil de Twitter un mensaje sentencioso respecto a la UCI de su hospital: “Ya no quedan camas de UCI. Aquí todas están ocupadas por enfermos de Coronavirus”

Pero este tipo de publicaciones en redes de los médicos son absurdas para esas mentes que todavía siguen viviendo como si no pasara nada. De hecho, echemos un vistazo a este municipio este fin de semana pasado. Muchísimos ciezanos han ignorado que estamos en fase uno flexibilizada y se han tirado a las calles a vivir una especie de Viernes Santo sin miedo alguno.

Vivimos tiempos de incivismo en los que parece que a las autoridades competentes les da miedo actuar, cuando urgen más multas que diálogo. Vivimos tiempos que deben ser erradicados por la salud física y mental de las personas, por los que se están muriendo, por la economía (porque de nuestra comportamiento depende la continuidad o no de muchos negocios) y por volver a recuperar esa vida que difícilmente parece que va a llegar.

En nuestras manos está lo solución, no la perdamos.

 

 

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