El error de defender las ideologías, según María Bernal

El error de defender ideologías

Conforme se accede a las redes sociales, apenas se puede dar crédito a lo que se lee: comentarios que defienden a ultranza la actitud de algunos líderes políticos (tanto de izquierdas, como de derechas), cuando esos susodichos no merecen alegato alguno por reírse en nuestras narices sin piedad alguna; es el circo del Congreso.

Incluso defender el supuesto fraude que habría cometido el rey emérito sigue siendo insólito, entre otros aspectos, muy a pesar de todo lo que haya podido conseguir para el país (su obligación era como jefe de Estado, ya que de gratis no lo hacía). Y hay juancarlistas que en lugar de juzgar con un par de narices esta posible actitud, sienten pena. Y yo digo que pena del que se muere, porque los vivos siempre podrán defenderse. Lo mismo ocurre con la política.

Estamos ante un estado de emergencia sanitaria, hecho que no hemos asimilado todavía, y en lugar de buscar una respuesta inmediata y consensuada, hemos estado viendo cómo el gobierno no ha tenido apoyo de la mayor parte de la oposición.

No voy a entrar en si las decisiones han sido acertadas o no, porque no soy especialista. Tengo una opinión como todos los españoles, y después de leer cómo evoluciona el virus (según los virólogos), he de decir que enfrentarse a este bicho es una tarea ardua para la que nadie tiene solución.

Por tanto, no es momento de criminalizar al gobierno, a organizaciones de la salud o a colectivos científicos, los cuales están trabajando desde el primer momento sin pruebas objetivas a largo plazo, sino con el discurrir tan cambiante de la vida del virus día tras día.

Está claro que no es cuestión de decir sí a todo, hecho que no me parece adecuado, debido a que es necesario que haya criterio desde diversas perspectivas por el bien del país. Ahora bien, pienso que en estos instantes los juicios de valor del tipo “es que tú dijiste, es que tú hiciste…” deberían estar de más, ya que esta actitud, la de reproches continuos, a la que tan acostumbrados nos tienen los políticos, muestra una imprudencia y una falta de ética que también nos debería preocupar a nosotros como ciudadanos.

Yo pienso (por muy utópico que parezca) que el panorama político debería ser como un equipo de trabajo en el que gobierno y oposición tendrían que remar juntos en la misma dirección por el bien de los españoles. Yo lo llamo compañerismo, pero ellos optan por la palabra rivalidad.

Y mientras nos cuentan sus cargantes batallitas, apostilladas de insultos maquillados, mueren muchas personas todos los días, pero no solo de coronavirus, sino de tantas y tantas enfermedades cuyo tratamiento se está estancando por culpa de esta situación.

Y ahí están los españoles y sus ídolos políticos a los que defienden, los que no proponen soluciones porque piensan que con una bandera o un himno nos van a solucionar la vida. Seamos coherentes, porque las insignias (las cuales son importantes para identificar a un país) son para los actos públicos y oficiales; y el sentido común, la inversión económica y la cooperación, que tanto urge, son para las situaciones de alarma.

Sin embargo, lo que debería ser ese apoyo mutuo, ese compañerismo al que me he referido en las líneas anteriores por nuestro bienestar, no existe. Estamos gobernados y provocados  por personas cuya única misión es manipular para obtener el voto, y si para eso es necesario no colaborar, aún habiendo vidas en juego, no se colabora.

Y a pesar de ser conscientes de que nos mienten continuamente, de que solo piensan en el beneficio propio (léanse todos los casos de corrupción que corrompen a todas las ideologías); la ciudadanía es capaz de perder amistades o de alejarse de familiares, con el fin de defender lo indefendible.

Toca espabilarse, que no entiendo cómo no se ha hecho después de tanto tiempo. Toca progresar y romper con los prejuicios políticos. Ya no estamos en los tiempos de antaño; ahora el escenario se ve encarroñado por esa realidad que Quevedo desenmascaraba tan bien en uno de sus poemas y que tanto vicio provoca entre los ambiciosos: “Poderoso caballero es don dinero”. Por tanto, ¿qué más da si los que gobiernan son de derechas o de izquierda si se está trabajando aceptablemente bien?

Por eso siempre he pensado que las ideologías nunca fueron buenas y que nosotros somos los únicos responsables de decidir si conviene envenenarnos por sus idearios sectarios y muy alejados de la defensa desinteresada del pueblo, o no.

 

 

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2 thoughts on “El error de defender las ideologías, según María Bernal

  1. en fin

    se te nota la «ideología» a kilometros querida maria
    te contradices a ti misma

  2. Jose Luis Salmeron

    EL ERROR DE DEFENDER LAS IDEOLOGÍAS.
    …………………………………………………………….
    Yo lo hubiera titulado: Le dijo la sartén al cazo, apártate que me tiznas.
    Una sectaria ideológica escribiendo un artículo sobre lo malo que es el sectarismo ideológico, muy coherente todo.

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