Aquellos que no leen, por María Bernal

Aquellos que no leen

Cada día que pasa, se consolida sin contradicción alguna el siguiente enunciado: “Solo el 30% de la población lee prensa escrita o escucha la radio en Murcia”.

Llevo escuchando estas palabras desde el 14 de marzo de este año tan singular. La persona que tantas veces las ha repetido conoce muy bien el mundo de la prensa, el mundo editorial y todo lo relacionado con la lectura. Omito su nombre por su afán inteligente de querer pasar desapercibido.

Es un hecho más que evidente que, actualmente, nadie lee con rigor prensa oficial. Ahora la única información a la que se suele hacer caso es a la difundida por whatsapp u otras redes sociales. No hay más.

Es más rápido leer los titulares (mayoritariamente alarmistas e impúdicos) que abrir la noticia, leerla un par de veces y hacer un buen ejercicio de comprensión. Solo interesa la letra mayúscula de aquellos medios de comunicación cuyo único objetivo es inquietar, engañar y manipular a sus seguidores. Y en ellos hay una estratagema muy bien definida: política, bulo y lavado de cerebro. ¿Con qué fin? Con el de desviar la atención para que nadie sea consciente de lo que realmente está sucediendo.

No podemos afirmar que esta realidad sea una cuestión de izquierdas o de derechas, porque todos saben buscar el blanco perfecto para difundir sus ideas y empezar así su proceso de captación.

Desde siempre ha habido bulos o fake news, pero es cierto que, durante el estado de emergencia, estos se han ido triplicando día tras día. ¿El porqué de la cuestión? Irrebatiblemente: hundir a cualquier grupo político.

Hacer un juicio de valor sobre este estilo bananero a la hora de hacer prensa, que intenta buscar su hueco por medio de noticias basadas en la falacia, falsedad y contradicción de sus argumentos, mostrando así una nula personalidad carente de todo rigor periodístico a la hora de comunicar, es perder el tiempo.

Pero sí voy a opinar sobre las personas que comparten en el espacio virtual este tipo de artimañas para provocar y mostrar una situación que no se corresponde en absoluto con la realidad. Y en lugar de documentarse y contrastar aquello que se lee, se opta por hacer caso a este tipo de noticias incoherentes en muchos casos, propias de medios inexpertos.

¿En qué cabeza cabe hacerse eco de noticias que no han sido verificadas? Evidentemente, en la de aquellas personas, las cuales no leen.

Veamos un ejemplo. Hace unos meses, se acusó a la ministra de Educación, Isabel  Celaá,  de haber ordenado el cierre de los colegios de educación especial. La respuesta por redes fue inmediata: el sector de la caza de brujas activó el piloto y hubo injurias varias.

Ante esta situación de desconcierto social, Celaá, como cualquier político que se enfrenta a este tipo de chapuzas, tuvo que hacer frente una vez más a tales especulaciones, citando textualmente en el congreso:”…lo voy a decir por enésima vez, este gobierno no va a cerrar los centros de educación especial…”.

Por tanto, ¿quiénes son los que se suben a la carreta de este bulo? Claramente, aquellos que no leen.

El caso es que no se van a cerrar estos centros. Hay un proyecto de reforma educativa en la nueva ley de Educación (Lomloe) en la que se asume la responsabilidad de dotar en un periodo de diez años a los centros ordinarios de aquellos recursos para atender a los alumnos con una necesidad especial. Y ahora viene lo mejor: en un principio, no será obligatorio, sino solo para aquellas familias que lo demanden.

Lo más curioso de esta postura es que esta decisión no surge del ministerio de Celaá, sino de la petición de una poderosa organización por la inclusión llamada Cermi, la cual, desde comienzos de 2019,  ha pretendido que se  iguale la educación especial a la de países como Portugal, Canadá o Francia, donde todos los niños van a un mismo centro porque se considera que es el escenario adecuado para propiciar la inclusión.

Desde mi punto de vista, es una opción que yo no barajaría con los recursos que actualmente tienen los centros públicos ordinarios, pero si acondicionando los colegios para este fin hay una respuesta educativa satisfactoria, ¿por qué no?

Ante esta organización surge una plataforma constituida por padres que se oponen rotundamente a este proyecto. Inclusión sí, especial también, ese es su nombre. Este colectivo se opone a la idea de Cermi porque considera que cada niño necesita un tipo de atención diferente y, como padres, sienten miedo a la exclusión de sus hijos o a no ser atendidos adecuadamente. Los entiendo perfectamente y razón, en parte, no les falta. Pero vamos a informarnos bien de cuál es el quid de la cuestión.

En resumidas cuentas, parece ser que se asiste a una reforma de la ley educativa que pretende seguir dando cobertura a todo tipo de educación. Pero como nos cuesta leer y entender algunas veces, los medios se aprovechan de ello y nos sueltan en letras mayúsculas aquello que enciende la mecha de aquellos que no leen.

Leer debería ser el pan nuestro de cada día. Atrevernos a compartir determinadas noticias puede convertirse en un ejercicio arriesgado para nuestra salud emocional. No nos quedemos con el titular; muchas veces estos son cargados por el propio diablo.

 

 

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