Trump, el cafre útil de la siniestra y otras divagaciones, según José Antonio Vergara Parra

Definitivamente, Trump no formará parte del olimpo político ni compartirá fama y honor con Konrad Adenauer, Franklin D. Roosvelt o Charles de Gaulle. Una evidencia en la que no conviene perder el tiempo. Los recientes altercados en el Congreso de los Estados Unidos merecen la más radical de las condenas sin que haya resquicios para conjunciones adversativas o cualesquiera otras justificaciones o atenuaciones. Son actitudes inaceptables en democracia y revisten de una singular gravedad. Más allá de la Ley y el Derecho sólo hay caos y anarquía. Cualquier controversia debe ser esclarecida en las vías nacionales y supranacionales concebidas al efecto.

Llama la atención que, ante tales acontecimientos, la siniestra más reaccionaria se haya rasgado las vestiduras, erigiéndose poco menos que en santos custodios de la democracia misma. Enternecedor e hilarante.

Mi análisis será doméstico porque es el que mejor conozco. España es un país poco dado a la memoria y pagamos un precio muy alto por ello. Confieso que, ante la radicalidad política, soy daltónico. Poco o nada me importan los colores, coartadas o  estéticas de sus adalides. Hay tiranos de chaqueta y los hay de vistosos chándales. Unos entierran las urnas en nombre de la libertad y otros tiran del pueblo como coartada. Hay quienes proscriben los derechos y libertades porque sí y otros por un vomitivo paternalismo. Gentuza la una, gentuza la otra. Tiranías aquellas, tiranías éstas.

Permítanme que les refresque la memoria.

“La azotaría hasta que sangrase”. Un íntimo deseo de Pablo Iglesias para con la periodista Mariló Montero; ex esposa del también periodista Carlos Herrera. Una expresión despreciable del Sr. Iglesias que, de no ser marxista confeso, habría hecho saltar las alarmas de la legislación de género.

“Un marxista algo perverso convertido en psicópata”. Autodefinición de Pablo Iglesias. Nada que añadir. Estoy de acuerdo.

Pablo Iglesias reconoció haberse emocionado ante la agresión de un policía nacional por parte de un manifestante. Propio de quien abomina del orden y la Ley salvo si sirve a sus espurios intereses y/o el damnificado es afín a su causa.

“Venezuela es una de las democracias más saludables del mundo”; dijo el Sr. Iglesias en su programa de La Tuerka (con K). Un lince, el tío.

“El mayor ataque contra la libertad de expresión es que haya medios de comunicación privados”. Porque no pueden, en teoría, ser controlados por el poder político; añado yo.

En fin. Podría seguir entrecomillando decenas de sandeces y disparates de quien hoy bienvive, como la burguesía que dice detestar, en el chalecito de Galapagar. Pero ya es suficiente. Sus adeptos, sectarios hasta la náusea, seguirán ciegos y sordos. Y quienes rara vez sucumbimos al engaño o quienes por fin despertaron del sueño inducido, sabemos que Podemos es un partido marxista y leninista, amigo de etarras recauchutados y de golpistas, que sólo traería tiranía y decadencia a lo que quede de España.

La siniestra más radical y abyecta, con la inestimable colaboración de un centro-derecha acomplejado y de medios de desinformación tramposos y mendaces, ha inoculado una cepa tremendamente peligrosa en la sociedad española. La cepa de la falacia, de la manipulación de la Historia; la cepa de lo políticamente correcto y de la hipocresía más recalcitrante. Tal es así que la derecha implora indulgencias por existir mientras la siniestra, nívea y casta,  se enorgullece por haber nacido sin pecado original.

Una izquierda que desconoce la Historia de su propia nación, que hace apostasía de la patria que le cobija e ignora las calamitosas experiencias de su credo político. Les da igual. Ellos a lo suyo. Presos de una endogamia patológica que mira de soslayo al resto de mortales. Inmunes a toda revisión ideológica y hostiles a cualquier examen de conciencia, tocarían el arpa mientras ardiese el horizonte.

La mayoría son señoritos venidos a menos que culpan al mundo por sus desdichas; tremendamente dolidos por la muerte de Franco porque bajo su palio vivieron muy pero que muy bien.  No escasean comunistas adinerados y pocos dados al reparto de sus riquezas, camuflados tras estéticas y ropajes que, en realidad, no engañan a casi nadie. Mención de honor para los kulturetas que, sin sonrojarse siquiera, llevan al racista y homófobo Ché tatuado en el pecho o hacen postureo culinario con la camiseta del régimen criminal y, por fortuna, extinto de la República Democrática Alemana. Debe ser que casi los doscientos muertos del muro de Berlín les pone cachondos. O son muy tontos y muy malos, o ambas cosas.

Después hay una legión de comunistas de barricada por los que siento un profundo respeto. Comunistas, no en el sentido enciclopédico del término, sino que hacen de la solidaridad, la defensa del medio ambiente, la llaneza, la tolerancia, la honradez, la justicia y sobriedad sus señas de identidad. Se autoproclaman comunistas pero no lo son. En realidad, son lo mejor que se puede ser en esta vida: gente buena que merece el mejor de los gobiernos.

La tiranía, crueldad y miseria generadas por los regímenes comunistas vienen a engrosar la luctuosa lista de los mayores genocidios conocidos. Los datos son contradictorios pero, a la luz de los estudios realizados, el comunismo y sus sucedáneos, de la mano de Lenin, Stalin, Pol Pot, Mao Tse Tung, Fidel Castro, Him Il Sung, Ceaucescu o Ho Chi Minh, dejaron unos CIEN MILLONES DE MUERTOS. Quienes pudieron sobrevivir, deambularon por la vida con el espíritu anestesiado, privados de la dignidad que le es inherente al ser humano.

La izquierda más sensata es hoy estéril pues su ególatra y mentiroso líder, se ha arrojado a los brazos de aliados muy peligrosos. Un tal Pablo Iglesias fundó el PSOE y otro Pablo Iglesias, con la ayuda de un ambicioso útil, se lo llevará por delante.

De un lado, hay un magma de partidos e intereses que representan una seria amenaza para la supervivencia e integridad de la nación española. Les hablo del PNV, de Unidas-Podemos, de ERC, EH-Bildu, JxCat, En Comú Podem, Galicia en Común y no sé si me dejo a algún traidor más a la patria de todos. Lo lamento pero el Partido Socialista y Ciudadanos, en las actuales manos y con las actuales estrategias, no son garantía suficiente ni representan fuerzas de contención creíbles para la amenaza que se nos cierne. El Partido Popular y VOX representan, en apariencia, el único salvavidas al que todo patriota y amante de la democracia ha de asirse. Pero no me fio de ellos. El primero pagó, durante lustros, sobresueldos ilegales e inmorales a sus primeras espadas. Hubo entradas de dinero negro, gentileza de afamados empresarios que, milagrosa y azarosamente, resultaron adjudicatarios de obra pública. En Suiza hallaron un pastizal que dicen pertenecía a Bárcenas. Nunca me tragué esa patraña ni creo que en los discos duros destruidos en Génova, hurtando pruebas a la Justicia, hubiera canciones de Pimpinela. Ni al PP ni a VOX les veo cercanos al pueblo que dicen defender. La libertad para elegir educación y sanidad no es libertad si para su ejercicio prima el poder adquisitivo. No les veo cercanos al obrero ni les imagino beligerantes frente a las todopoderosas empresas del IBEX 35.

La izquierda más escorada y fascista es quien más y mejor domina el arte de rodear sedes de la soberanía popular. Cortan carreteras, queman contenedores, rompen lunas o golpean a quien ondea la bandera de su nación. En realidad, jamás creyeron en la democracia y por ello se inclinan ante regímenes donde la libertad ni está ni se le espera. ¿Libertad para qué? Le espetó Lenin a Fernando de los Ríos.

Para muestras, estos botones.

Junio de dos mil once. Los legítimos representantes de los catalanes tuvieron que sortear los escupitajos, pintadas y empujones de unos dos mil indignados, para entrar en el Parlamento de Cataluña.  Encolerizados, con razón o sin ella, que pertenecían a grupos anti sistema que nada tenían que ver con Vox, fundado dos años más tarde. Tras aquel lamentable acontecimiento, el Sr. Más decidió escamotear la responsabilidad de su gobierno para arrojar España a las fieras. España nos roba sería el eslogan de un cuerpo político cobarde e inconsciente. El llamado procés no fue otra cosa que una coartada tan colosal como espuria para colocar al Estado español en el centro de la diana.

Dos mil dieciséis. Congreso de los Diputados. Tras las elecciones generales del 26-J, se dilucida la investidura de Rajoy. De nuevo los indignados, esta vez por el veredicto de las urnas, coordinan una campaña bajo el lema de “rodea el Congreso”. Pablo Iglesias, por entonces con coleta sin recogido y empadronado en Vallecas, se congratulaba por la actitud de los convocantes. Demos gracias al Altísimo porque ellos se definían como “un movimiento de carácter social, antineoliberal, anticapitalista, antipatriarcal y democrático». Enternecedor.

Enero de dos mil diecinueve. Tras una eternidad de gobiernos socialistas en la Junta de Andalucía, en el interior del Palacio de San Telmo tiene lugar la investidura del popular Juanma Moreno, en virtud del acuerdo suscrito entre el PP, Ciudadanos y VOX. ¿Cuál fue la actitud de Susana Díaz? Pues alentar a los andaluces para que se manifestasen a cuyo efecto llegó a fletar autobuses. Los allí convocados, quizá paniaguados durante décadas, ignoraron la legitimidad democrática del nuevo gobierno, no concediéndole, no ya el periodo de gracia de los cien días, sino ni cinco minutos.

¡Qué les voy a contar que no sepan! La izquierda, cuando insulta, agrede, rodea o escupe, rinde pleitesía a la democracia misma. Confieso que al ver las imágenes de la toma del Capitolio, pensé: ¡Anda! En Estados Unidos también hay indignados. Y no me acordé de VOX ni del PP sino de lo peor de la izquierda que aquí, en España, es toda una institución en respetar la democracia cuando le es favorable y en combatirla cuando le es adversa.

Pero hay solución, claro que la hay. Una república con una real separación de poderes. Aconfesional pero especialmente respetuosa con la religión católica y donde haya un gobierno del pueblo y para el pueblo. Donde los principales servicios públicos alcancen a todos por igual. Un país que preserve, sin titubeo alguno, su esencia, unidad e integridad; que controle sus fronteras y establezca una política de inmigración posible y sensata. Que recupere el respeto en el ámbito internacional y prime las relaciones fraternas con Hispano América. Una república que haga de la ética y moral pública sus irrenunciables y sagradas señas de identidad. Un Estado que concilie, en condiciones justas, las relaciones entre empresarios y trabajadores, reconociendo su cercanía para con la parte más débil: el obrero. Un país en el que la especulación, las trampas y los atajos sean perseguidos y castigados de forma inmisericorde. Y donde el trabajo, la responsabilidad, la invención y el amor por lo bien hecho sean debidamente recompensados. Una república que defienda los intereses de agricultores, ganaderos, apicultores y pescadores con voz nítida y alta. Una república donde los ciudadanos honrados y mansos se sientan seguros en sus casas, en las calles y en las plazas. Y donde los malhechores tengan pavor a la Ley y a la Justicia. Un Estado austero y eficiente que no gaste lo que no tienen porque, de lo contrario, serán los acreedores, y no el pueblo español, los administradores de la soberanía nacional.  Una república que preserve  la tierra de nuestros padres (es decir, la Patria), garantice el sustento (el pan) de todos los españoles y administre una verdadera Justicia.

 

 

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