María Bernal aboga por el tributo a «los verdaderos héroes»

No dejemos que los héroes se exilien

Este martes, 13 de agosto se cumplían siete meses del hallazgo del cuerpo sin vida del pequeño Julen, el niño de dos años que se precipitó accidentalmente, sin ser consciente de su peligro, por  un estrecho pozo en el municipio de Totalán (Málaga).

La tierra se convirtió durante trece días en el mayor verdugo del ser humano. Literalmente, esta, tan pacífica aparentemente, se tragó a un niño inocente sin pedirle permiso a su  destino. Fue cruel, tendría que haber consultado con el dolor desgarrador de esos padres, si era momento para la partida de ese ser inocente al que no se le dio la oportunidad de vivir, porque tierra, rocas y otros sedimentos  lo sepultaron fulminantemente. ¡Maldita la hora en la que la naturaleza actúo de manera tan violenta!

Trece días de consternación para un país que vivó minuto a minuto el admirable y venerado trabajo de casi trescientas personas que decidieron  actuar inmediatamente sin restringir en ningún momento voluntad, solidaridad,  humanidad y hasta oxígeno para respirar. Ocho héroes, los dioses mineros y trece ingenieros, los cerebros esperanzadores, para desarrollar una labor increíblemente perfecta de ingeniería generosa, incondicional y altruista. Bajo la dirección de Ángel, el ingeniero que se convirtió en el artífice perfecto de esta esperpéntica realidad, todo un equipo trabajó a una velocidad de vértigo, teniendo en cuenta que las consecuencias de la rapidez podían ser más catastróficas de lo que lamentablemente fueron.

Otra persona importante en el dificultoso rescate del pequeño fue Julián Moreno, el jefe de bomberos que estuvo al frente de toda la operación, y al que se le debe respeto y reconocimiento casi eterno por haber sido la mente pensante para crear la cápsula con la que los mineros tenían que adentrarse en la tierra a más de setenta metros de profundidad. Cerebros que deben ser el trofeo del cual tiene que presumir un país.

Trece días en los que los medios de comunicación desarrollaron un  buen trabajo, a pesar del sensacionalismo que muchos utilizaron para generar el morbo que tanto les gusta a los lectores. Pero en general, se podría afirmar que trabajaron con demasiada cautela y respeto, con la excepción de esos medios digitales de los que tanto se fía la gente, algunas veces por ignorancia, que en lugar de informar se han encargado de airear asuntos, presuntamente, escabrosos que no eran de su jurisdicción, sino que eran y serán siempre competencia de la investigación policial.

Trece días en los que hubo una lucha constante entre las emociones de unos padres, que aunque vivieron anulados mentalmente, no perdieron en ningún momento la esperanza de poder recuperar su razón y así ser perseverantes ante tal rescate; pero una esperanza que se fue esfumando con el paso de los días.

Y ante estas penosas situaciones, se puede concluir con el hecho de que no hay duda alguna de que cuando menos lo espera y sin imaginarlo el ser humano desarrollo en sí una fuerza desmesurada para poder seguir respirando, confiando y viviendo. Esos padres mostraron la actitud más inteligente del ser humano: adaptarse a las circunstancias del momento de la mejor  manera posible, es decir, desde la discreción y la espera de que ocurriera el milagro, sin querer figurar como protagonistas y víctimas, sino como unos padres que esperaban ansiosos el poder estrechar entre sus brazos al motor de sus vidas.

Trece días en los que  se demostraron  auténticas realidades como el nivel de eficacia de este país ante las adversidades, la importancia de las fuerzas de seguridad del Estado, la ayuda desinteresada de un pueblo que pasaría a la historia por su carácter heroico y la actitud de aquellos españoles que respetaron esta situación sin emitir juicios de valor.

Siete meses después, me gusta a mí este país. Se les rinde homenaje a los mineros que arriesgaron su vida. Hasta ahí, perfecto. ¿Y después qué? Ya no nos acordamos para nada de los héroes que tenemos en España, porque somos tan ignorantes que la única razón de nuestra existencia es estar embobados ante la inteligencia nula de muchos influencers, ante las farsas que se inventan los famosos para estar chupando del bote o, por ejemplo, ante la expectación que causa el fichaje de un jugador de fútbol que va a cobrar una cifra desorbitada (aunque esta situación dependa de la publicidad de un equipo) por darles patadas a un balón.

Quizá estas personas, los héroes, merezcan todo tipo de reconocimiento, pero no un día puntual, sino más a menudo. Son héroes que no deben caer en el olvido. Y ocurre. Hace unos días, Julián Moreno fue cesado por la nueva presidencia del Consorcio Provincial de Málaga. Lo más coherente (ironía) de esta situación es que no le han dado unos motivos exactos de esta decisión. Al parecer, la nueva presidencia alega que el pretexto es de carácter objetivo, pero no especifican ningún dato que pueda justificar tal decisión.

Y es en ese momento, en el que una persona se da cuenta de los grandes errores que van cometiendo los que se dedican a dirigir, si es que saben hacerlo, un país. Y así, sin más, le dicen adiós a la persona que cuando asumió su cargo, era el único que reunía los requisitos para el puesto de director técnico.

Pero no nos engañemos, esto no solo ocurre con Julián, ocurre con tantas y tantas personas tan necesarias para este país, que por culpa de la nefasta gestión de un gobierno, o por no saber remunerar e invertir en sectores tan necesarios para el ser humano, deciden marcharse a otros países en busca de lo que verdaderamente merecen.

Quizá no haya derecho a esto, quizá lo que haya que hacer es barrer y tirar a un contenedor (y no precisamente de reciclaje) a toda esa gentuza que se sube al carro de cobrar sin trabajar, para después, seguir cobrando por no haber hecho nada durante su presunta trayectoria profesional, pero tener así una jubilación tranquila, aunque sus conciencias estén manchadas.

O actuamos, o en un futuro más próximo que lejano, vamos a vivir en un país dominado por la idiotez que se contagia por culpa de la bazofia que hay en él, por culpa de esos ‘vendevidas’ que tanto nos preocupan, por culpa de unos políticos que no se están dando cuenta del exilio de intelectuales comprensible que se está produciendo, porque están más pendientes de sentarse en el sillón de mando que de mejorar el bienestar de su querido país. Seamos inteligentes y no dejemos que los héroes se exilien.

Necesitamos urgentemente más héroes como los que participaron en el rescate del pequeño Julen: mineros, arquitectos, ingenieros, bomberos, policías, médicos, psicólogos…porque la solidaridad del pueblo español es inmensa, incondicional y honorable, pero la inversión para mantener a todos los héroes de este país en condiciones es tan débil, que el día de mañana, los celebritis a las que tanto admiramos, o los políticos que tanto nos defraudan (no todos, claro) no nos van a salvar la vida, como sí lo harían los que, por desgracia, se están exiliando.

 

 

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