La deconstrucción y la desigualdad a través de la mirada de Pepe Belló

Suspiria

“La mala suerte no proviene de espejos rotos, sino de mentes rotas.”

Otro suspiro. Otra pregunta. La vida (en ocasiones) parece una sucesión de suspiros y preguntas que pretenden resolverlos. ¿Quién te falta? ¿Qué te falta? ¿A qué dejas hueco? Nuestra manera de gestionarlo es mantener, y suspirar. Dejar caer todo el peso de ese aire sobre alguien. Envolverle con tu dióxido de carbono, generar una atmósfera que les haga decaer los hombros, tal y como están los nuestros. Así nos comprenderán. ¿Hablamos realmente para solucionar nuestros problemas? ¿Dialogamos para empatizar? Si es real la frase de que los personajes políticos del país reflejan su sociedad, nos queda demasiado por entender.

Las jóvenes españolas son cada vez más feministas, ellos cada vez más controladores. La desigualdad nunca estará resuelta siempre que las miremos de frente, de arriba hacia abajo, mejor dicho. Las mujeres no tardan menos en madurar, si no que los hombres somos unos eternos niñatos mimados de por vida. Lo tenemos permitido en esta sociedad, ellas no. Los conflictos generan las identidades. Y las mujeres se enfrentan a millones de ellos, y mucho más complicados que los hombres durante toda su vida.

Solo cuando comencemos a entender nuestra masculinidad, la parte que tenemos que deconstruir y los pasos que hemos de dar (y los que no) para desarrollarnos, conseguiremos colaborar en un mundo más igualitario y justo. Ya que son nuestros hábitos y las costumbres con las que resolvemos los conflictos las que modelan nuestro comportamiento y actitud. Y al final, ese sentimiento es lo que vamos a ser en nuestro futuro. El amparo en nuestra forma de ser, o en el entendimiento sobre lo que debe ser la masculinidad imperante es un refugio que legitima un mundo machista, de opresión, del que no queremos bajarnos.

La deconstrucción es un proceso, no un estado. No se puede estar deconstruido. Es un gerundio constante. Eso es lo que lo convierte en algo complicado, ya que lo satisfactorio no llega a ser absoluto al no haber meta. Por eso es tan importante que hablemos más entre nosotros, entre los hombres, para ser más conscientes de nuestro papel dentro de la sociedad. Que esperemos y accedamos a una respuesta desde fuera, y quedarnos callados y asimilar en la mayoría de ocasiones. Que los suspiros sean por ir dejando huecos dentro de nosotros, e ir expulsando poco a poco nuestra masculinidad opresora, desafiante y brutal.

 

 

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