En defensa de los derechos del hombre, por Diego J. García Molina

En defensa de los derechos del hombre

Desde hace años flota en el aire una sensación de pesimismo, por parte de opinadores y analistas, sobre el futuro de Europa o las sociedades occidentales en general. Por citar autores conocidos por el público, el mismo Arturo Pérez-Reverte advierte de ello en multitud de artículos, Michel Houellebecq con su libro Sumisión; o la ya fallecida Oriana Fallaci, por quedarnos en nuestro entorno. La profecía es que la población actual está adormecida, anestesiada, infantilizada, con miedo al dolor y al sufrimiento por lo que esconde la cabeza bajo el ala interesada solamente por temas banales, escojan el que más les guste: televisión, deportes, videojuegos, corazón, internet, culto al cuerpo, tribalismo, … Que no seremos capaces de aguantar el empuje demográfico de sociedades más jóvenes y con más ansia de poder, como pueden ser las árabes, subsaharianas, China… Que asistiremos a nuestra caída impasibles al igual que cuando la destrucción del imperio romano, incapaces de revertir la decadencia presa de nuestro propio… ¿Buenismo? ¿Pensamiento Disney?

No sabría como definirlo, pero acabamos de ver la influencia de este fenómeno con dos casos concretos acaecidos en Afganistán: la primera con un inglés dueño de un refugio de animales. Pues bien, esta persona forzó al gobierno británico para que sacara del país asiático a todos los perros y gatos que mantenía… no obstante, ni uno solo de sus trabajadores afganos estuvo incluido en el rescate. La segunda con el abandono de los perros del ejército norteamericano en el aeropuerto de Kabul. El asesinato de 13 jóvenes soldados en las mismas fechas allí mismo no ha generado ni la mitad de rabia que este hecho. O en nuestro propio país, hace unos años, se sacrificó a un perro para controlar la expansión del ébola. Manifestaciones multitudinarias se sucedieron para protestar por ello. ¿Alguien recuerda un suceso similar ante las miles de muertes que se produjeron en residencias de ancianos por coronavirus?

No creo que esta situación apocalíptica de colapso llegue a consumarse, pero también es cierto que algo de esto hay, y el choque multicultural que se está produciendo en Europa es un hecho, mientras los objetivos principales de la Unión Europea o la ONU no son los más apropiados. Lo que si me preocupa es que la situación se tense hasta extremos insospechados lo que provoque, al igual que en otras ocasiones similares a lo largo de la historia, el auge de un autoritarismo aplaudido por multitud de personas que en circunstancias normales no lo permitirían. Hoy día ya lo estamos viendo por toda Europa, con partidos populistas que pueden virar hacia actitudes más enérgicas si detectan que es lo que la sociedad demanda, gobernantes con mano de hierro. Por lo tanto, ¿no sería mejor cortar estas situaciones ahora, de raíz, antes de que le problema vaya a más y las soluciones sean más radicales?

Tras la primera guerra mundial, la potencia que salió más reforzada de aquel conflicto, Estados Unidos, propuso la creación de la Sociedad de Naciones la cual, en vez de solucionar problemas, impedir guerras, lo que consiguió fue abonar la semilla del siguiente conflicto bélico internacional, con los 14 puntos de (Woodrow) Wilson. La corriente mayoritaria en la opinión pública creía que una organización mundial podría conservar la paz y prevenir una repetición de los horrores de la contienda que asoló el viejo continente durante 5 años, en vista que los pactos de la diplomacia tradicional habían fracasado; en realidad fue algo más complejo mas no es el objetivo de este texto. Tras la segunda guerra mundial se disolvió la Sociedad de Naciones para crear el organismo llamado Naciones Unidas del cual emanó la declaración universal de los derechos humanos en 1948. ¿De qué sirve actualmente la ONU? Vimos su impotencia y falta de resolución en el genocidio permitido en la antigua Yugoslavia, en el mismo corazón de Europa. ¿En cuántos países se vulneran sistemáticamente los derechos humanos? Asistieron impasibles a las matanzas a machetazos de tutsis a manos de hutus en Ruanda. ¿Están dispuestos en la ONU a hacer algo, a presionar, a utilizar la fuerza militar o económica como herramienta? ¿Cómo podría tener un mínimo de influencia cuando Rusia y China son miembros permanentes del consejo de seguridad con derecho de veto sobre cualquier resolución? Hemos visto que el consejo de derechos humanos de esta organización lo integran en estos momentos (datos textuales de la web de la ONU) la República Bolivariana de Venezuela, Cuba, Libia o Pakistán, entre otros, ¿qué clase de broma macabra es esa? El resultado de la ONU actual no es más que el reflejo del equilibrio de fuerzas tras la segunda guerra mundial, seguida de forma inmediata por la guerra fría, en definitiva, un fracaso; son muchas las voces que opinan que este organismo está obsoleto.

Solo se me ocurre una solución, aunque seguro que existirán otras muchas. Fundar una nueva alianza o unión de naciones, con una particular diferencia, se añade la etiqueta “democráticas” o “humanistas”. La declaración universal de los derechos humanos o la actual carta internacional de derechos humanos son unas orientaciones o líneas a seguir, no obstante, no tiene el tratamiento de acuerdo internacional. Los integrantes de este nuevo organismo se comprometerían a cumplir estos requisitos en sus territorios sin excepción, y a defender al resto en caso de agresión externa o interna que pusiera en peligro estas condiciones. Y solo admitir a nuevos participantes en el caso de que se comprometieran a cumplirlas. Ello implicaría el no mantener relaciones con los estados no miembros, es decir, comprometerse a no ayudar al mantenimiento de regímenes contrarios a estas normas básicas de respeto a la vida humana. Hay que respetar el medio ambiente; sí. No hay que cometer barbaridades con animales; cierto. Sin embargo, impedir el sufrimiento y la muerte de personas debería ser el principal objetivo de las sociedades avanzadas y modernas. Este acuerdo entre naciones sería un compromiso inequívoco con el progreso y la libertad del hombre que podría provocar un efecto dominó en el resto de países, instaurando así un nuevo orden mundial. Que esta propuesta no es más que una utopía que no me creo ni yo; también.

 

 

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