El coronavirus a través del prisma de Diego J. García Molina

Coronavirus

Imposible no referirme en el artículo de esta semana a este paréntesis de nuestras vidas en forma de pandemia mortal que asuela el mundo. ¿De qué si no de esta desgracia podemos hacer comentario alguno cuando todo lo demás, lo que parecía que regía y monopolizaba nuestras vidas ha pasada a un plano secundario? Nos encontramos en una situación lo más parecida posible a una guerra, solo que en este caso estamos sometidos a este confinamiento obligatorio en nuestras casas para evitar el contagio. Y sin saber todavía lo que es el miedo de verdad puesto que en nuestro entorno de la Región de Murcia no se está desarrollando con la virulencia de otras partes, ni los contagios, ni los fallecimientos. Una muerte cruel, además, una muerte en solitario, sin la compañía de nuestros seres queridos, sin nadie que los vele en su entierro, sin consuelo para los familiares, como simples números, cifras desangeladas que se suman a las del día anterior. No puede haber situación más cruel, no me imagino como tuvieron que pasarlo en anteriores épocas cuando la peste bubónica acabó con un tercio de la población europea en la edad media, o en la mal llamada gripe española que mató aproximadamente a 100 millones de personas hace poco más de un siglo. Digo mal llamada gripe española porque esta enfermedad surgió en Estados Unidos de América en el último año de la primera guerra mundial y los soldados embarcados a Europa la extendieron rápidamente por todos los frentes; sin embargo, al ser España en esta contienda un país neutral no estuvo sujeta a la censura por lo que los datos de la enfermedad se publicaban normalmente en la prensa diaria, de ahí que se confundiera su origen con nuestro país. Para que veamos que la censura informativa y el engaño a la población, denominado ahora por el anglicismo fake news, no son novedad de nuestro tiempo.

Esta pandemia, la cual afectará en mayor o menor medida a la mayoría de países, será un hecho histórico recordado por todos, sin ningún género de duda. Este será el año del coronavirus, cuando se paralizó el mundo, excepto algunos países previsores que viendo el cariz de los acontecimientos en China cerraron inmediatamente sus fronteras protegiendo de ese modo a su población. Algunos tildaron esta medida como exagerada, al mismo tiempo que muchos irresponsables, tanto en medios de comunicación como incluso políticos y expertos minimizaron la peligrosidad de esta enfermedad y su capacidad de expansión. Recordada será la frase del tristemente famoso portavoz Simón: “la población tiene que tener un nivel de percepción de riesgo muy bajo, porque es mayor la probabilidad de padecer una gripe” o que «nuestros equipos de prevención y respuesta están preparados ante cualquier situación que se pudiera desarrollar«. Nada más lejos de la realidad, cuando estamos cerca de los 3.000 muertos, a punto de superar a China. O los profesionales sanitarios no tienen mascarillas o guantes para protegerse del contagio. Gobernar es algo serio que afecta a millones de personas, que caro estamos pagando sus errores.

En España, por primera vez desde la segunda república se van a suspender las procesiones de la Semana Santa; es posible que el curso escolar se dé por finalizado perdiendo de esta forma los niños un año; se han suspendido las competiciones deportivas, la actividad económica, los juegos olímpicos de Tokio‘20 serán pasarán a la historia como los de 2021, nunca se habían pospuesto y solo se habían cancelado por las guerras mundiales. ¿Qué es todo eso en comparación con la muerte de tantas personas y la posibilidad de contagio si no se toman estas drásticas medidas? Parece casi frívolo pensar en ello.

Por todas estas razones, extrañó a tanta gente el empeño del gobierno autoproclamado feminista de PSOE y Podemos de no tomar ninguna decisión con respecto a la manifestación del 8 de marzo, el día de la mujer, y muy al contrario animar a la población a sumarse a las concentraciones en todo el país. Flaco favor le hicieron a estas. Recordemos que el día 7 de marzo ya teníamos 408 caso de coronavirus y 8 muertos, y éramos uno de los 8 países del mundo con más contagiados. No hace falta estudiar en Oxford para deducir que los motivos de la insistencia en mantener las manifestaciones eran de tipo político, y no de seguridad o sanitarios. Dice el sabio refranero español que más vale prevenir que curar. A buen entendedor… Por otro lado, la prueba de la irresponsabilidad del gobierno es la aceptación de la gravedad de la situación y la aportación de datos reales justo al día siguiente de las manifestaciones, demostrando que tenían la información, pero la ocultaron engañando a los españoles por fines políticos. Como fue lema de la izquierda tras los crueles atentados del 11M, nos merecemos un gobierno que no nos mienta. Siempre he pensado que no todo vale en política, y a veces es preferible perder honorablemente que ganar con malas artes, y este es uno de esos casos donde se aprecia con claridad.

Monotonía de lluvia tras los cristales mientras escribo estas líneas, con la seguridad de que después de la tormenta volverá a salir el sol. Nunca seremos los mismos, esta crisis ha roto el mil pedazos la rutina a la que estábamos acostumbrados, a pesar de ello, volveremos a salir a las calles más fuertes, con ánimos renovados y seguro que como una sociedad mejor y más responsable de sus actos. Pues todos somos responsables de lo que nos sucede en mayor o menor medida. Eso sí, debemos aprender de lo sucedido pues situaciones como la actual pueden volver a suceder y hay que estar preparados, como sociedad y como individuos. No quiero terminar sin dedicar un recuerdo a Albert Uderzo, uno de los padres, junto a René Goscinny, de los inmortales compañeros de mi infancia Astérix y Obélix, quien ha fallecido a la edad de 92 años. Los irreductibles galos solo tenían miedo a que el cielo se les cayera sobre la cabeza, simbolizando el fin de la humanidad. Tengo la completa certeza de que no sucederá ahora, resistiremos ahora y siempre al invasor.

PS: Y por supuesto, un afectuoso abrazo a los familiares de los fallecidos por esta enfermedad.

 

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