Nueva remesa de articulillos sueltos de Antonio Balsalobre

Digan lo que digan

No hace falta ser avezado politólogo para darse cuenta de que Ayuso se está consumiendo a fuego lento en la pira de Madrid. De que se está quemando políticamente aunque todavía no arda, por utilizar una metáfora de mi paisano Fernando Martín Iniesta. Su incompetencia y bobería no tienen, desde luego, parangón. Tras el toque de clarín de Casado, a quien puede arrastrar en su caída, los barones del PP han acudido a echarle una mano en su esperpéntica batalla contra el gobierno. Se libra de ese bochornoso espectáculo el presidente de Castilla y León, que aunque del PP apoya las medidas del gobierno “por coherencia”, ya que “llevan meses reclamando unos criterios comunes” para hacer frente a la epidemia, y “porque es lo mejor para los españoles”. De López Miras, mejor no hablar. Ni siquiera en plena pandemia le abandona esa vena antisistema y partidista de oponerse desde las instituciones al gobierno central, diga lo que diga y haga lo que haga.

Monarquía

Si yo fuera el rey, que ni puedo ser, por razones obvias, ni quiero ser, por principios e incapacidad, le pediría a dios que me guardara de mis pretendidos amigos de la derecha. De mis supuestos enemigos ya me guardo yo. Me refiero a esos neófitos ultramonárquicos que sobreactúan histriónicamente, erigiéndose en furibundos defensores de mi persona De los que me reverencian embistiendo a los defraudados. De los nostálgicos franquistas que me elevan torticeramente a sus altares. De los que me empujan a sobresalir por mi altura en la foto de Colón. De los que revelan mis conversaciones privadas, léase Carlos Lesmes, para echarme a los leones. A todos ellos les diría que me están haciendo mucho daño utilizándome como escudo o arma arrojadiza en su lucha partidista. Pero no sé quién soy yo para darle estos consejos de supervivencia al monarca, siendo, como soy, de convicciones republicanas.

Villarejo

Si tuviera que asociar al ex comisario Villarejo a algún monstruo mitológico, sería sin duda a la Medusa. Con la diferencia de que ésta convertía en piedra a aquellos que la miraban fijamente a los ojos y él puede convertir en carne de juzgado a quienes después de haberlo utilizado, que son muchos, le aparten la mirada. O sea, lo dejen tirado en la cárcel. Ambos además tienen cabellos de serpientes venenosas que en el caso de Villarejo son tan largas y diversas que pueden alcanzar a toda una cúpula ministerial. Empezando por el ex ministro del interior del PP Jorge Martínez Díaz, siguiendo por la Cospedal, por Soraya Sáenz de Santamaría, el Barbas… y lo que te rondaré morena. Fue el héroe Perseo quien en el mito logró cortar la cabeza de la temida Gorgona. Aquí es el espía “patriótico” a sueldo quien parece que se va a ir cobrando alguna que otra cabeza política.

La letra

La tarde del domingo, Donald Trump se “fugó” de la sala del hospital donde estaba ingresado por coronavirus para darse un garbeo por la feria. Por esa feria de la vanidad que es el show de su vida, un espectáculo permanente, grotesco y funesto. Antes de ir a saludar a sus partidarios que lo jaleaban en la entrada del centro sanitario tuvo una revelación. “El covid-19 es una cosa interesante —dijo en un vídeo publicado en su cuenta de Twitter minutos antes de interrumpir su cuarentena—. He aprendido mucho sobre el covid-19. Lo aprendí yendo verdaderamente a la escuela. Esta es la escuela de verdad”. No le falta razón. Esa es sin duda la escuela de los recalcitrantes. La escuela aquella que aseguraba que “la letra con sangre entra”. Pero ni siquiera así parece que haya entrado en la cabeza de este descerebrado.

 

 

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