Los jóvenes que descubrieron Cieza

   Imágenes cedidas por Jesús Saorín Piñera

En la década de los 70 el desparpajo de unos chavales de la OJE moldeó los cimientos de la cultura local

Miriam Salinas Guirao

¿Podría permanecer el despoblado islámico, Siyâsa, cubierto? ¿Y las entrañas de Almadenes? ¿Y el cerro de Bolvax? ¿Podría Cieza esconder su historia?

En los años 70 un grupo de jóvenes quiso conocer. Hasta Málaga fueron Francisco J. Salmerón Giménez, Francisco Pino, José Antonio Aroca y José Antonio Villa a un curso de arqueología que la OJE organizó en Archidona (Málaga). Impregnados de nuevos procedimientos regresaron a Cieza para ponerlos en práctica en un grupo de arqueología local llamado ‘Neanderthal’. El 14 de enero de 1972 en Línea ya se hacían eco de sus proezas: el descubrimiento de un mosaico romano. “Desde principios de curso, un nuevo grupo funciona en la OJE de Cieza, ‘Neanderthal’, de arqueología, que, teniendo sus orígenes como sección espeleológica GECA, ha crecido hasta conseguir cierta autonomía y convertirse en un grupo con historial quizá corto, pero interesante. (…) En las marchas de prospección que se realizan regularmente, el grupo ‘Neanderthal’, de la OJE, ha logrado desenterrar un mosaico romano, de estilo, al parecer, primitivo, en la zona de busca de Bolvax. De pequeñas dimensiones y en mal estado de conservación, pero perfectamente visible y reconocible, el mosaico puede dar pie a la construcción de una excelente teoría sobre el hábitat de Bolvax, habitualmente conocida como acrópolis argárica y que, con la aparición de este hallazgo, se puede considerar correspondiente a épocas muy posteriores. Igualmente, se encontraron unas piedras de molino que valoran la zona estudiada y que presuponen todavía más la importancia arqueológica del yacimiento y elevan la categoría del juvenil grupo ‘Neanderthal’, que lo descubrió. Estamos seguros de la prudencia y auténtica vocación de sus componentes, cuyas tareas contribuirán a un mayor conocimiento de nuestro pueblo”. Y así fue. Entre sus directores figuran: Francisco J. Salmerón Giménez, Juan Antonio Morcillo Rojas, Jesús Saorín Piñera  y Joaquín Salmerón Juan.

Crearon una carta arqueológica del término municipal en la que destacaron Las Marirías, Bolvax y algunos poblamientos argáricos dispersos en torno al río Segura. No fue lo único.

Algunos de sus miembros también tuvieron que ver con la luz de la joya islámica que se encuentra en la localidad. Retrocediendo en el tiempo. Eran los años 70. En la Cieza de entonces “muy pocas personas conocían el hecho de que en una de las laderas del cerro del Castillo se encontraba una población de carácter islámico”, explica Salmerón Giménez en ‘Historia de la Historia de Cieza’, un artículo de Andelma, para la Revista del Centro de Estudios Históricos Fray Pasqual Salmerón, número 19. “La primera vez que los restos del despoblado islámico se conocieron fue en un amplio reportaje televisivo que Televisión Española, la única cadena que entonces emitía, presentó en hora de máxima audiencia y en el que nos hacía entrevistas a los miembros de un grupo de Misión Rescate, un programa radiofónico que organizaba grupos de jóvenes para dar batidas por los pueblos y encontrar restos de valor arqueológico o históricos por la geografía hispana” (‘Historia de la Historia de Cieza’). El ‘Misión Rescate’ ciezano lo componían Ramón Ortiz Molina, Pedro Sánchez Moreno, José Antonio Aroca, Juan Salmerón, “Leonardi”  y el propio Salmerón Giménez, con la compañía de Antonio Salas, sacerdote y profesor de Religión del instituto, quien dirigía el grupo.

Unos años antes, en 1962, otro grupo ciezano, el GECA de Espeleología de la OJE desvelaba el impresionante rincón de la Sierra de Ascoy, el Barranco de los Grajos. Un tesoro prehistórico guardado en dos abrigos naturales de la roca.

Volviendo al grupo Neanderthal, volviendo a los 70, las incursiones de los curiosos mancebos ciezanos solo acababan de comenzar. Sus trabajos se iniciaron, desde el principio, con claridad y cuidado en las formas. Desde el comienzo, documentaron sus labores y recogieron los materiales con el afán de contarlos, de transmitir la historia local.

El 16 de mayo de 1972, Línea  informaba de la publicación de un trabajo del grupo en la revista Búsqueda de la Escuela Nacional de Arqueología. El 10 de junio se relataba en el mismo diario que los ciezanos explorarían las “simas y grutas de Sierra de Espuña. (…) Próximamente visitarán el monasterio de Alcaraz, en Albacete, y realizarán excavaciones en Cehegín. Con los muchachos totaneros realizarán trabajos en el Cerro Cabeza Gorda, en Picarlos, Cabezo de la Bastida y Antigüarejo, lugares donde se hallaron vestigios de civilización argárica, árabe y romana”

¿Y todo lo que se descubría? ¿Dónde iba a parar? El día de San Bartolomé de 1975, Línea informaba sobre la solución temporal de este problema. La Hermandad de San Bartolomé, cedió la ermita donde el grupo guardaba y mostraba sus piezas. En la noticia narraban que “más de mil piezas” de distintas épocas  se podían encontrar: “Por lo que se refiere a cerámica y vasijas, se han recogido unas 300 muestras pertenecientes a la época ibera, primer bronce, romana y árabe. En ornamentación cabe destacar un mosaico romano, un capitel árabe y diversas ánforas. También hay fósiles, raspadores de sílex, un esqueleto del primer bronce y dos esqueletos árabes. (…) Los parajes más explorados son Bolvax, el Barranco de los Grajos, y la Atalaya, donde se ha encontrado un poblado árabe con patio, escalera y columnas. Neanderthal quiere continuar las excavaciones en esta casa árabe, así como explorar un poblado romano de Fuente Librilla. Ellos tienen ya muchas invitaciones para visitar sitios en los que puedan rescatar piezas para el museo. Durante el próximo curso se dedicarán a hacer un estudio más completo de Cieza y sus alrededores”. Hablamos de conservación, y del afán de unos cuantos ciezanos por descubrir, valorar y preservar el patrimonio, pero, en la misma noticia de 1975 se avisaba de la desidia en el Barranco de los Grajos, tras su descubrimiento: “Ojala que no ocurra con todo lo demás, como ha sucedido con el Barranco de los Grajos, sin duda uno de los tesoros prehistóricos más considerables de España, y que casi se ha perdido”.

El 12 de noviembre de 1980 en Línea se anunciaba al mundo el hallazgo de más de cien pinturas rupestres en La Serreta. Lo cierto es que la cavidad fue oficialmente descubierta en 1972, aunque entre los habitantes de la zona era ya conocida como ‘Cueva del Ganao’ (La cueva sima de La Serreta (Cieza). Campañas de 1993-1996 de Joaquín Salmerón Juan). Salmerón Giménez pone nombre a estos descubridores: Constantino José González, Francisco Morote y José Olivares. En octubre de 1980 el grupo ‘Neanderthal’ y el de espeleología GECA se adentraron en la cueva. En la noticia se destacaba que “las pinturas” representaban “un hallazgo de gran importancia por su cantidad y lo extraordinario de algunas de ellas”.

Mientras se desvelaban los tesoros de Cieza, el lugar donde estaban las piezas no era suficiente para albergar todo lo que se estaba destapando, “no tenía el rango de museo y no contaba con las instalaciones y las medidas de seguridad necesarias”, explica Salmerón Giménez. “También hoy puede parecer obvia la necesidad de contar con un museo en Cieza, pero no lo era entonces, fue preciso convencer a muchas personas, aunque la primera y más importante fue el concejal de Cultura del primer Ayuntamiento democrático, Jesús Peláez, del partido socialista” (‘Historia de la Historia de Cieza’).

El lugar que terminó adecuándose fue la antigua escuela de Isabel La Católica. En octubre de 1984, el Ayuntamiento decidió “crear una comisión gestora para la creación del Museo, adscrita a la Delegación que ostentaba el en ese momento concejal de Cultura Salvador Susarte. Estaba compuesta por: Francisco Javier Salmerón Giménez, coordinador; Pedro Piñera Moreno, secretario, y como vocales Jesús Saorín Piñera, Antonio Cobarro Salmerón, Pascual Martínez Ortiz, Isidoro Vázquez Villa y Joaquín Salmerón Juan. Allí se custodiaron los objetos descubiertos en Siyâsa y la colección de la OJE que finalmente aceptó la fusión de todo el material en una entidad única. Joaquín Salmerón Juan, vocal de la Comisión Gestora sería nombrado director, cargo que sigue ocupando, pero en otro edificio, de mejor calidad arquitectónica tras la rehabilitación del antiguo edificio del Casino, inaugurado en 1999 por una corporación del Partido Popular y en el que se reconstruyeron, a escala 1:1 dos viviendas de Siyâsa que forman parte del propio museo, denominado desde esa fecha como Museo de Siyâsa” (‘Historia de la Historia de Cieza’).

La belleza patrimonial ciezana, sin duda, se vio favorecida por la apuesta de todos los descubridores y cuidadores del legado. Francisco J. Salmerón Giménez recuerda su tiempo en ‘Neanderthal’: “Me hizo crecer. A los 16 años, encontré un rumbo, pulsión de conocer la historia y desde entonces gran parte de mi vida la he dedicado a esto”. Otro de los miembros del grupo y que fue su director, Jesús Saorín Piñera, -y quien ha cedido amablemente las imágenes y gran material para la realización de este artículo- relata las hazañas: “Editamos dos revistas, nosotros mismos, usando una multicopista. Hacíamos excursiones y explicábamos lo que habíamos descubierto. Cuando ubicamos los hallazgos en la Ermita de San Bartolomé, abríamos los domingos para que la gente pudiera verlos y, en romería, dormíamos junto al yacimiento de Siyâsa para vigilar las excavaciones”.

¿Podría permanecer el despoblado islámico, Siyâsa, cubierto? ¿Y las entrañas de Almadenes? ¿Y el cerro de Bolvax? ¿Podría Cieza esconder su historia? Gracias a estos héroes de la memoria se avanzó en la intensa y magnífica historia que rodea a Cieza.

 

 

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