De hierro y agua, en El Cárcabo

El impresionante paraje ciezano guarda más historia que reflejada por su agua

Miriam Salinas Guirao

Hace más de un siglo el enclave de El Cárcabo, ahora convertido en embalse, guardaba mineral entre sus paredes y gritas. El hierro, sobre todo, teñía las manos de los mineros que durante decenas de años extrajeron materiales de las tierras ciezanas.

El 3 de enero de 1873, hace casi siglo y medio, el Boletín Oficial de la Provincia de Murcia anunciaba el abandono de unas “labores antiguas” existentes para el registro de una mina, la número 3235. El ciezano José María Gómez Marín la reconocía con el nombre de ‘Porvenir’ y la situaba en el paraje llamado Rambla de El Cárcabo y vertientes de los Gargantones, término de Cieza; lindando al N. con las vertientes de los mismos que corren de S. E. al N. O.; L. collado de la Majada do las Vacas; S. Rambla de El Cárcabo y otros montes sin nombre y P. Peñas de Francia y Peñón de Antonio: en cuyo terreno existían “labores antiguas abandonadas de ignorada procedencia”. En noviembre de 1880 volvía a aparecer en el Boletín Oficial de la Provincia de Murcia una solicitud, de nuevo de José María Gómez Marín. Una concesión de doce pertenencias para la mina denominada ‘San José’ de mineral de hierro y otros, en el mismo lugar.

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José María Gómez Marín no fue el único que solicitó terrenos en El Cárcabo para minas, José Maestre Pérez, de Portman, lo hacía en 1899: quince pertenencias para la mina ‘Pepe’ de mineral de hierro. También en ese mismo año lo hizo Isidro Catalán Fernández, 12 pertenencias para la mina ‘San Isidro’; Diego Pérez Hernández, pedía 12 pertenencias para la mina ‘Josefa’. Ya en 1900 Vicente Davín solicitaba 26 pertenencias; Joaquín Martínez Sánchez, 36 para la mina `Virgen del Pilar’; Álvaro Biedma Ortega, 16 para la mina ‘San Antonio’; en 1901, José Ortuño Soto, 20.

Como confirma José Olivares, estudioso de la materia, en la Cieza de comienzos del siglo XX y finales del XIX, hubo una profusión de solicitudes para explotar las minas del territorio.

Situación

La rambla de El Cárcabo, en el término municipal de Cieza, se sitúa en la mitad de la margen derecha del río Segura. El espacio sirve para recoger las lluvias de “una cuenca relativamente pequeña pero que puntualmente origina caudales de cierta importancia”, explican desde la Confederación Hidrográfica del Segura. La cuenca de la Rambla de El Cárcabo queda delimitada prácticamente por el Alto del Almorchón, al Oeste, y el Alto de Higuera y la Herrada al Este. El cauce de la rambla se origina en Puntal del Ripión (580 msnm) y recorre 8,5 km hasta llegar al emplazamiento de la presa (10 km hasta la desembocadura en el río Segura). La pendiente media de la rambla es del 3,8%.

La presa se encuentra situada en el cauce natural denominado rambla de El Cárcabo, afluente del río Segura por su margen derecha. La morfología de la cuenca es notablemente acarcavada, destacando como punto singular el tajo que las aguas han producido en la crestería rocosa denominada Alto de la Higuera. Se pueden observar unos farallones verticales que han sido horadados produciéndose una serie de cascadas. La presa se posiciona justo donde el valle se cierra, proporcionando desde lo alto una impresionante visión hacia el límite con Castilla la Mancha.

El origen de la presa

Fueron las catastróficas inundaciones ocurridas en la Región de Murcia durante el mes de octubre de 1973 las que sentaron la primera piedra para la construcción del embalse en la rambla que había sido explotada durante años para la extracción de minerales.

En 1974 se redactó el ‘Plan General de defensa contra avenidas de la cuenca del Segura’, siendo aprobado el 9 de diciembre del mismo año.Una de las obras que figuraban en el plan era la de la presa de El Cárcabo, en la rambla del mismo nombre. En diciembre de 1986 se redactó el Pliego de Bases para la contratación de los trabajos de colaboración técnica en el estudio del Proyecto de la presa de El Cárcabo (Murcia).

 

Por otra parte las catastróficas inundaciones que asolaron a las Comunidades de Valencia y Murcia en julio y octubre de 1986 y noviembre de 1987, indujeron al Gobierno de la Nación a la promulgación del Real Decreto Ley 4/1987 de 13 de noviembre (B.O.E. 14-11-87), en el que se adoptaban las medidas urgentes para reparar los daños causados por las inundaciones en las Comunidades anteriormente citadas”, se expone en la información de la CHS. En su Anejo se encontraba la presa de El Cárcabo con anualidades de ejecución comprendidas entre los años 1990 y 1992. Con fecha 12 de junio de 1989 el Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo resuelve aprobar técnica y definitivamente el proyecto, resolviendo la Dirección General de Obras Hidráulicas adjudicar la licitación, celebrada para la contratación de las obras, suscribiéndose con posterioridad el correspondiente Acta de Comprobación del Replanteo el día 13 de noviembre de 1989.
Las obras dieron comienzo el 14 de noviembre de 1989, siendo el plazo oficial de su terminación el 14 de noviembre de 1991. Tras el parón de las obras por la inclusión de una modificación se amplió el plazo de ejecución en ocho meses contados a partir de la fecha de la aprobación económica, por lo que la nueva fecha de finalización de las obras se establecía en el 23 de agosto de 1992. En julio de 1994 se realizó la recepción provisional tanto de las obras de la presa, como de las obras complementarias que se precisaron para el acondicionamiento del terreno.

¿Qué guarda y de dónde viene?

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En la información que dispensa la CHS con respecto al plano medioambiental, en la zona de la presa se encuentra la ZEPA (Zona de especial protección para las aves) denominada Sierra del Molino, Embalse del Quípar y Llanos del Cagitán que abarca al embalse de El Cárcabo, así como el LIC (Lugares de importancia comunitaria), denominado Sierras y Vega Alta del Segura y Río Benamor, dentro de la cual se encuentra el embalse de El Cárcabo.

El embalse se encuentra situado en la parte más septentrional de las Cordilleras Béticas, que a su vez constituyen el segmento noroccidental del Orógeno Alpino Perimediterráneo: “Alineación de cadenas montañosas con estructura en mantos de corrimiento originada durante el Cretácico -hace 145 millones de años- y el Terciario –hace 66 millones de años- que presentan una disposición centrífuga respecto al área ocupada por el mar” (Martín Algarra, 1987).

Desde el punto de vista técnico es interesante señalar la información que aparece en la ‘Encomienda de gestión para la realización de trabajos científico-técnicos de apoyo a la sostenibilidad y protección de las aguas subterráneas’: “La superficie y la capacidad del embalse son 7,81 ha y 0,50 Hm3 respectivamente” -esto quiere decir que tiene 78.100 metros cuadrados, es decir, más de 10 campos de fútbol y caben 500.000.000 litros, lo que equivale a 200 piscinas olímpicas-. “En relación a la geología del vaso, todos los materiales (a excepción de los cuaternarios gruesos), tanto autóctonos como alóctonos, son prácticamente impermeables y la presencia de yesos contribuye a la salinidad y agresividad de las aguas. Por otro lado las características de erosionabilidad son extraordinariamente acusadas, sobre todo en las margas arenosas blanquecinas del Mioceno Superior; así como, aunque con menor importancia, en las margas rojas y verdes del Mioceno Superior, y las existentes del Eoceno y Trías”.

La rambla abre perpendicularmente una alineación montañosa escarpada de unos 6 kilómetros de largo. El desnivel alcanza los 25 metros expuestos en una fuerte pendiente y tres cascadas.

Lo que guardan las aguas del Cárcabo

Se ha descrito sus características físicas y su origen, también la labor que se realizaba en la rambla, pero todavía queda por desvelar un trozo escondido que sirve de baluarte sumergido.

Joaquín Gómez Camacho cuenta en ‘El madroñero y la piedra del gallo’ que la maquinaria que se instaló para la entrada y salida del personal del trabajo «tuvo dificultades para su transporte; esta, al parecer, procedía de Cartagena, la que una vez fuera de la carretera, anduvo por caminos y bancales del campo de Cagitán de Mula, pasando por el Charco Peñalver hasta el paraje del Romeral. Aquella pesada mole de hierro iba arrastrada por diez pares de mulas, pero la última etapa se presentaba la más difícil, tanto que tuvieron que contratar una buena cuadrilla de hombres, construyendo camino por lomas y barrancos por donde más convenía hasta llegar al fondo de la Rambla del Cárcabo, donde fue instalada«. En el lugar se fabricaba ladrillo macizo artesanal y tejas en un horno moruno que según cuenta Gómez también se encuentran sumergidos en la margen derecha de la rambla.

 

 

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