Editorial

LA AGRICULTURA CIEZANA Y EL CORONAVIRUS

Esta semana hemos tenido noticia de la creación de una bolsa de empleo por parte del Ayuntamiento de Cieza, en colaboración con las organizaciones agrarias y los sindicatos, para garantizar la recolección de la campaña de fruta en nuestro municipio. La correcta realización de esta campaña es fundamental para la economía ciezana. Siempre lo ha sido, pero dada la circunstancia que nos atañe, con la crisis sanitaria del coronavirus, es todavía más importante si cabe.

Por el momento no existe falta de mano de obra en el sector agrario, incluso ha sido este sector, como en muchas ocasiones, el que ha paliado el incremento del desempleo en Cieza debido al aclareo de la fruta. Sin embargo es latente en nuestros agricultores cierto “nerviosismo” ante lo desconocido y el desarrollo de la campaña en su integridad. Y es que nuestros agricultores siempre han sido esenciales para la sociedad ciezana por todo lo que nos aportan. Además, el Real Decreto-Ley aprobado este martes por el gobierno nacional puede ser el “espaldarazo” definitivo para subsanar una posible falta de mano de obra en el sector agrario, ya que podrán trabajar y, lo más importante, compatibilizar el trabajo, las personas que estén percibiendo la prestación y el subsidio de desempleo, lo cual es una importante ayuda para las familias necesitadas en la actual situación en la que nos encontramos. Porque hay que defender a nuestra agricultura y a los sectores más vulnerables de nuestra sociedad. Por ello, alabamos esta medida como elemento indispensable de una política social, redistributiva e igualitaria.

En otro orden de asuntos, insistimos, nuevamente, en que las valoraciones políticas sobre la gestión de la crisis deberían hacerse una vez que haya finalizado esta, porque malgastar nuestras energías en luchas internas en este periodo crítico para la Historia de España (y mundial) solo nos puede traer dos consecuencias nada halagüeñas: la fracturación de la sociedad española y la desviación del objetivo común, que no es otro que la derrota del Covid-19.

Tiempo habrá después para analizar los errores del ejecutivo y contrastarlos con las actuaciones que se han dado en otros países; de intentar averiguar desde cuándo está pululando el virus entre nosotros y si las medidas adoptadas fueron tomadas a tiempo o era algo impredecible teniendo en cuenta la evolución de un virus nuevo que, quizás, estaba conviviendo con nosotros mucho antes de que saltara la alarma (el primer fallecimiento fechado es del 13 de febrero en España); y, en definitiva, de exigir responsabilidades si las hubiere.

España es un país caínita, tal y como ha quedado demostrado en muchos de los episodios nacionales a lo largo de nuestra dilatada Historia. Una Historia de la que no son para nada ajenos nuestros hermanos portugueses, que se separaron de nosotros en el año 1139 (con el lapso de permanencia que hubo bajo el mandato de Felipe II entre 1580 y 1640).

Sin embargo, nuestros vecinos nos han dado una lección memorable. Hace dos semanas el presidente de Portugal, Antonio Costa, nos defendió en Europa, en esa misma Unión Europea que se despedaza víctima de sus propios egoísmos y que resulta ser una marioneta incapaz de mantener el pulso mundial entre EEUU y China, quedando como una advenediza a la cual esta crisis sanitaria puede darle la puntilla y dejarla tocada y fragmentada. Esa Europa clasista que quiere “dejar caer” a los “vagos del Sur”. Una Europa insolidaria que nos quiere abocar a la ruina económica donde impera “el sálvese quien pueda”. El presidente portugués calificó la actitud de los países nórdicos de la única forma que podía calificarse, fue sincero y dijo: “Es repugnante”. Esta misma semana nos ha dado una lección el líder de la oposición portuguesa, Rui Río (del PSD, partido de centro derecha) cuando en el parlamento le dijo al presidente (rival político): «Señor primer ministro, cuente con la colaboración del PSD. En todo lo que nosotros podamos, le ayudaremos. Le deseo coraje, nervios de acero y mucha suerte. Porque su suerte es nuestra suerte». Este tipo de declaraciones en la España actual resultan de ciencia ficción. Nosotros, por nuestra parte, y en contra de nuestros propios intereses, seguimos en lo de siempre: “Cuanto peor, mejor para todos y cuanto peor para todos, mejor…”

 

 

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