Una breve historia de la prensa en Cieza

Cieza ha cumplido 150 años de ‘periódicos’, para honrar las letras vivas de la localidad hemos recorrido su origen

Miriam Salinas Guirao

Ciento cincuenta años son impensables para nuestros cuerpos mortales, pero no para lo que las manos crean. Contar, informar, explicar, comunicar desde Cieza. Papeles con tinta que han querido dar testimonio de alguien, de algo, de hechos, de momentos, de necesidades… Ciento cincuenta años de historia.

Una pista llegó a esta redacción, una voz atenta. Pepe Olivares, colaborador de esta redacción, trajo el recuerdo del primer ‘periódico’ creado para Cieza. Fue en el año 1870 y se llamó La Hoja Suelta. No fue el primero de todo pues funcionaban las corresponsalías y las informaciones oficiales, pero sí el origen de la prensa creada por y para la localidad.

La prensa en España

Los primeros pasos de la prensa en el siglo XV en España no difieren de los de los territorios europeos. Con la imprenta comienzan las Relaciones. Eran publicaciones de reducidas dimensiones adornadas generalmente con una xilografía o grabado. Solían albergar una única información relativa a viajes reales, celebraciones o noticias del Nuevo Mundo. El impulso de hacer algo más continuo, más periódico, más diverso y con intención de divulgar las noticias conllevó la aparición y consolidación de las gacetas (Pizarroso, 1992).

Por una parte nace la prensa para eruditos y letrados, por otra persisten almanaques y pronósticos para el pueblo (Valls, 1988, p. 51). La primera en España fue la Gaceta Nueva en 1661. En el siglo XVIII se adquirió para la prensa cierta normalización que se auparía por el impulso ilustrado de Carlos III. Amparados bajo la inspiración del Despotismo Ilustrado se habilitaron mecanismos para el control: la prensa oficial dependía de la Secretaría de Estado y la de iniciativa privada debía someterse al Consejo de Castilla o al Juzgado de Imprentas.

En 1737 se inicia la consideración de la prensa como espacio de discusión pública con el Diario de los Literatos de España (Haro, 2011, p.12). En 1758 nace el Diario Noticioso, Curioso, Erudito, Comercial, Público y Económico fundado por el que está considerado como el primer gran ejemplo de periodista profesional y fundador del periodismo moderno español, Francisco Sebastián Manuel Mariano Nipho y Cajigal. Ya en el último tercio del siglo XVIII nacen publicaciones que pueden encuadrarse en el denominado periodismo crítico, donde destaca El Censor (1781-1787), que en sus 6 años de vida fue prohibido tres veces. Este siguió la trayectoria crítica que había iniciado en España El Pensador de Clavijo que apareció en 1762. Las publicaciones críticas de finales del setecientos fueron el antecedente del periodismo costumbrista de Larra en el siglo siguiente (Pizarroso, 1992, p.40). Las publicaciones surgidas en el siglo XVIII, en general, llegaban a un reducido público. Pese al avance de la prensa, la elevadísima tasa de analfabetismo supuso un enorme obstáculo (Fuentes & Fernández, 1997, p.26). Fue en el siglo XIX cuando las publicaciones periódicas, a excepción de los calendarios y pronósticos, se dirigen a un mayor número de personas. En este sentido, Valls relaciona el interés de la burguesía con el desarrollo de la prensa, que lo toma como elemento propio para alcanzar la dominación política (Valls, 1988, p.58).

Con el levantamiento popular de 1808 se establece la libertad de imprenta. Se desató entonces la aparición de publicaciones de todo tipo. También al nacimiento de la prensa política y la opinión pública. La Constitución de 1812 apostaba en el artículo 371 por la libertad de escribir, imprimir y publicar las ideas políticas sin necesidad de licencia, revisión o aprobación anterior a la publicación. Las libertades de la constitución de 1812 se las llevó Fernando VII que impuso un férreo control sobre la actividad periodística hasta que el pronunciamiento de Riego obligó al rey a jurar la Constitución y a restablecer la libertad de imprenta. El breve trienio Liberal propició la aparición de la prensa apasionadamente política que se limitó en la Ominosa Década con la vuelta de Fernando VII. Desde finales de 1830 se fue recuperando la actividad. En el reinado de Isabel II el periodismo estará ligado a la política, y esta, a su vez, se regirá por leyes conservadoras o aperturistas a caballo entre el moderantismo y el progresismo propios de la convulsa época (Pizarroso, 1994, p.59).

Los primeros pasos en Cieza

No se superó el analfabetismo, tampoco la mancha perenne de la política. Ya en 1868, tras La Gloriosa, un viento renovador rozó la Región de Murcia. En Cieza se seguían diferentes publicaciones hasta el nacimiento de la primera: La Hoja Suelta, que nació describiendo “jocosamente la trayectoria política de los moderados de la localidad” el 19 de septiembre de 1870 (‘La prensa periódica en Cieza y su comarca (1870-1939)’ de Manuel de la Rosa González).

La amplia mayoría de las gentes de Cieza no sabía leer ni escribir, de 13.000 habitantes, más de un 80% era analfabeto (ibídem). El segundo periódico fue El Juvenal,  del 10 de diciembre 1872, que saco pocos números a la calle, y el último le costó una paliza a su director; “dedicó sus ediciones, que fueron tres, a poner como chupa de dómine, o como hoja de perejil, a cuantos en aquella época figuraban en la política o puesto público ocupaban” (‘Historia de la Muy noble y Muy leal villa, hoy Excelentísima Ciudad de Cieza del Reino de Murcia desde los más remotos tiempos hasta nuestros días’ Tomo II de Ramón María Capdevila), su director, propietario, responsable, administrador, repartidor y cajista fue Sinforiano García Martínez, quien hacía a mano cada ejemplar. Y los repartía en la oscuridad de la noche.  “Para El Juvenal no existieron ni edades ni puesto oficial ni estado. Bajo la tralla de su látigo, cayeron autoridades y personas de respeto, aristócratas y mandarines” (Ibídem). Volvió bajo otra dirección, la de Domingo García Marín, un año después y escrito en verso.  “El Juvenal se ha mudado,/por los aires tan molestos/y los fríos tan cercanos,/ del pico de la Atalaya/a los barbechos del Hacho”.

El cólera y la restauración monárquica apagaron el devenir de la prensa. Ya en 1885 se publicaría La Balanza de Baldomero Camacho y Marín, donde colaboraron “todos los señores ilustrados de Cieza”. Después nacería La Atalaya, ‘Semanario independiente de noticias y defensor de los intereses locales’ en 1889, un semanario “batallador”, que desapareció tras siete números.

La voz publicada

La política se mezclaba con la prensa en la ciudad, replicando y polemizando, de un lado a otro, olvidando el fundamento de la información. La primera publicación “seria”, según de la Rosa González, fue La Voz de Cieza  en 1895, manteniéndose durante más de 10 años. Coincide con la afirmación de Ramón María Capdevila al tratarlo como “uno de los más brillantes”. En 1890 se creó  El Ciezano, también El Combate, en 1893, al igual que El Orden, en 1897 La Defensa.

Iniciado el nuevo siglo explotó y sobresalió una profusión de periódicos zarandeados por liberales y conservadores, por literatos y músicos, por la iglesia y por señoritos : El Demócrata (1902), La Tertulia (1904), La Luz del Obrero (1904), El Thader (1906), El tizne (1907), Gente Joven (1907), El Justiciero (1908), Cieza (1908)… El cambio de siglo dibujó en los papeles “la lucha política, junto al esnobismo de algunos jóvenes acomodados y distraiditos con aficiones literarias”, decía de Rosa González, las cuestiones personales también entrarían en la disparidad periódica, así como la mofa más cruel.  Es de valorar que incluso en los análisis consultados existe cierto matiz ideológico encumbrando publicaciones –o despreciándolas- por simpatías personales o ideológicas.

Aun así, y un siglo después, es apreciable la calidad de algunas de las publicaciones, como fue el caso de Eco del Segura que nació el 21 de mayo de 1905, y que tendió a la independencia informativa pese a bailar con las ideas conservadoras. Se dilató durante once años. Otro caso sobresaliente (y que este diario analizó) fue La Verdad Ciezana (1912), creado por Tomás Pérez Caballero, el indomable ciezano.

Así nacería El Liberal de Cieza (1910), El Diario (1910), Libertad (1911), La Opinión (1911), El Catre (1911), El Señor Gorritz (1911), El candil (1911), La Ley (1912), El Látigo (1912), Juventud (1912), Don Mentecato (1912), La Vanguardia (1912), La Justicia (1912), El Pueblo (1914), El Porvenir (1914), El Trabuco (1915), El Congregante (1915), El Único (1917), Nueva Carteya (1917), El Escándalo (1917), El Luchador (1921), Nueva Cieza (1921), El Conservador (1923)…

Curiosas obras

Hubo publicaciones curiosas como La Peseta Erótica (1910), formada por “unos cuantos jóvenes, sin mareos de cabeza, llenos de salud y con sobra de dinero” que formaron una sociedad ‘Celibato Relativo’, contraria al matrimonio. Fue su directos Manuel Amorós González y solo tuvo dos números (‘Historia de la Muy noble y Muy leal villa, hoy Excelentísima Ciudad de Cieza del Reino de Murcia desde los más remotos tiempos hasta nuestros días’ Tomo II de Ramón María Capdevila).

No faltaron publicaciones literarias, cuestiones personales y la mofa cruel, también hubo prensa destinada a la instrucción musical, e incluso de carácter devoto. “No faltaron tampoco en este tiempo los periódicos de sana información y buena literatura, que apenas se inclinaron por bando político alguno, si bien esto fue prácticamente imposible en una sociedad donde la política constituía algo consustancial a la vida” (‘La prensa periódica en Cieza y su comarca (1870-1939)’ de Manuel de la Rosa González).

La cultura brotó en la prensa en el primer cuarto del siglo XX, a pesar de la corta vida de algunas publicaciones, de sus tendencias crispadas, y su dura sátira. Desde entonces hasta hoy, cientos de periodistas, literatos, amigos de las palabras, escritores han querido dejar un trozo inmortal, un regalo con vocación sempiterna, un altavoz personal con pretensión de comunidad, un gozo sufrido. Que esta breve historia de la prensa en Cieza sirva de homenaje. Por tantos.

 

 

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