Solución del misterio literario de la cumbre airosa

Esta es la solución del enigma que os planteamos y del que nos habéis mandado vuestras aportaciones

María Parra

El pobre sacerdote al ser testigo de aquel extraño fenómeno en el que aquella imagen permanecía completamente intacta, a pesar de la furia repentina de una Naturaleza desbocada e indómita, se quedó consternado. Así que, sintiéndose frágil e insignificante, se despojó de su sotana y de aquel viejo crucifijo que tanto tiempo lo había identificado como siervo de Dios, y huyó de allí despavorido en medio de la confusión, sin que nadie apreciara su marcha precipitada.

Ahora era un fugitivo de la Iglesia, pues avergonzado y con la resequedad que deja en los labios la culpa, comprendió que su fe era tambaleante y que su vocación al sacerdocio no había nacido tan dentro como él pensaba, sino que más bien había sido fruto de la necesidad de llevar una vida más cómoda y con menos necesidades que la que veía en sus vecinos, que apenas podían conseguir el sustento diario.

Tras esa lucha interior, la tierra se agrietó para abrir ante él el abismo de la incredulidad, arrastrándolo a despojarse de su condición sacerdotal antes que Dios le pidiera cuentas de su fe.

 

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