Sofía Morales, pintora murciana

Rosa Campos Gómez

Sofía Morales, pintora nacida en Cartagena en 1917 –donde su padre, militar, cumplía destino–, escribió estos hondos versos: “Hoy llueve otoño/y tengo que escribir versos con lluvia, /lloveré yo también; las hojas caen/dentro y fuera, la vida/ duele más cuando pasan los años/ y por eso/ en mi sangre hay hojas heridas de sufrir”, que nos hablan de su interior, e invitan a conocer también su obra escrita.

En 1922 la familia establece su residencia en Murcia. Fue en el Colegio Jesús María donde se sintió hechizada por todo lo que envuelve a la pintura –el olor a esencia de trementina, los pinceles, lápices, colores…–, desde aquel día en que decidió asomarse al aula donde impartía clases de dibujo y pintura la madre Nieves. El poder de seducción que albergaba aquel lugar le despertó una vocación que se convertiría en su profesión, compartida con el periodismo, si bien como pintora tuvo una trayectoria más larga.

A aquel despertar fue añadiendo el gozo de mirar hacer a los pintores Luis Garay y Ramón Pontones; sintiéndose cautivada por la caja donde guardaba las pinturas Pontones, tanto que su madre encargó a un ebanista una igual para ella, que sería su primer estuche de material para trabajar las artes plásticas. Su madre –apoyándola siempre–, también le compró los volúmenes de `Historia del Arte´ de José Pijoán, libros que conservó como un tesoro toda su vida.

El maestro Joaquín la admitió en su taller del Malecón –con él aprendió el uso del color y la estética de las veladuras que podemos apreciar en el desarrollo de su producción a lo largo del tiempo–, y se matriculó en la Escuela de Artes y Oficios, compaginando el aprendizaje en los dos centros.

Su primera exposición la realizó en 1935. En 1940 parte hacia Madrid con una beca concedida por el Ayuntamiento de Murcia, allí se encuentra arropada por muchas personas de la élite cultural murciana de entonces, que, tras terminar la guerra civil, se habían trasladado a vivir a la capital española. Pronto encontrará trabajo como periodista, dedicándose, especialmente, a temas cinematográficos –entrevistando a personajes como Ava Gadner, Elisabeth Taylor, Orson Welles y Gary Cooper, entre otros- y literarios. Combinó este trabajo con la pintura –dedicándose a ella en exclusiva a partir de los 90–. Expuso en diferentes galerías madrileñas, alcanzando mayor renombre cuando lo hizo en Ohio (EE. UU.), y posteriormente en París. En Murcia también lo haría en sucesivas y numerosas ocasiones. Fue nombrada Académica honorífica de la Real Academia de Bellas Artes de Santa María de la Arrixaca. Vivió casi 88 años.

Sofía Morales, creadora que merece ser más conocida, utilizó sucesivas veladuras aunando composición y gama cromática, generando atmosferas de intimidad en la que emana el sosiego. En su obra, figurativa, de trazos amplios y sueltos, observamos como principal apuesta la sencillez en la representación, desde la que nos ofrece figuras que, aun acercándose a lo esquemático, expresan melancolía y quietud y, tal vez, como en la `Niña de azul´ (1972), una conformidad aparente que en el fondo parece frenar las ganas de dejar tanto orden impuesto. En los bodegones y temas florales, así como en los paisajes, se ve su sensibilidad y ternura hacia las cosas impregnadas de ese contenido que adquiere lo cotidiano mientras acaece con delicadeza ante la mirada.

En `Bodegón´ vemos seis melocotones –expresados en tonalidades cálidas  en las que predominan el rojo, con gradaciones, y discretos amarillos– reunidos en una fuente que descansa sobre una superficie de madera. Entre los grises de la fuente y del fondo, que propician un indefinido misterio, se muestran las seis piezas sazonadas aportando luz, arrojando la belleza del instante.

Esta fruta, que tanto amamos y degustamos por estas latitudes, hasta llegar al plato ha necesitado de ingente trabajo, realizado por tantas manos, las de quienes labran la tierra, plantan árboles, riegan, podan, clarean, recogen sus cosechas…; las de quienes cargan, descargan, envasan, transportan, organizan en las tiendas y mercados dispuestas para vender, y las de quienes compran… Todo esto lo podemos leer en ese cuadro, comprendiendo esa parte esencial de la vida, con admiración y respeto hacia todas las personas que laboran ese proceso vital que va desde la semilla hasta la mesa, de manera certeramente ilustrativa en su elegante simplicidad.

Sofía Morales homenajea –lo artístico es perenne–, con este bodegón que citamos, a toda la gente que nos ha cuidado y nos sigue cuidando en este tiempo vírico, del que saldremos aprendiendo a cuidar-nos mejor, siempre que no ahuyentemos a la inteligencia.

 

 

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