Pepe Belló resalta la importancia del colectivo Historia Social de Cieza

Al Colectivo de Historia Social de Cieza

Comienzo con una cita de Sartre:

“No nos haremos eternos corriendo tras la inmortalidad; no seremos absolutos por haber reflejado en nuestras obras algunos principios descarnados, lo suficientemente vacíos y nulos para pasar de un siglo a otro, sino por haber combatido apasionadamente en nuestra época, por haberla amado con pasión y haber aceptado morir totalmente con ella”.

La mortalidad es un tema que me ha rondado últimamente mucho por la mente, sobre todo por lo que comenta en esta cita Sartre de qué hacer en nuestra vida para dotarla de fundamento. Eso me ha hecho comprender la necesidad de enfocar las investigaciones y la manera de mostrar la historia de una forma distinta. Vivimos tiempos de profunda desinformación, la política juega continuamente con la historia de manera meramente propagandística. Este discurso ha mermado la confianza, credibilidad y rigor de la sociedad en las personas historiadoras, ya que cualquier persona adopta un discurso para hablar sobre historia y confía en que tiene la misma capacidad y empaque que cualquier persona que haya investigado la forma en la que esta se construye, con la intención de igualar ambos discursos tachándolos de simples opiniones.

Recuérdese la anécdota hebrea: <<«¿Adónde vas?», preguntó Isaac a Benjamín. «A Cracovia», respondió Benjamín. «¡Embustero! Dices que vas a Cracovia para que yo crea que vas a Lemberg. Pero sé muy bien que vas a Cracovia. ¿Qué necesidad tienes, pues, de mentir?»>>

Podemos contextualizar este breve relato en la época actual, viendo que el discurso y la credibilidad se han convertido en una suerte de mantras desde las distintas posturas ideológicas. Ya sabemos cómo posicionarnos y qué tener en cuenta a la hora de escuchar un discurso observando directamente a quien lo emite.

Los prejuicios ayudan de cierta manera a afianzar nuestras ideas y a sentirnos más cómodas en nuestros pensamientos unificados. Por eso, es tan importante la labor de reconstruir discursos históricos que están completamente asimilados en el imaginario colectivo actual, rescatar otros caídos en el olvido y sin los cuales no podemos comprender enteramente nuestra historia ni entendernos como sociedad, y saber contextualizar siglos anteriores que intentan permear sin rigor histórico en nuestro devenir actual.

El Colectivo de Historia Social de Cieza nace, se entiende y evoluciona a través de estas ideas. Con una óptica ideológica sin la que no sería entendible el compromiso que adoptan, pero con un rigor y unas bases que hacen innegable los matices totalmente distintos que adquiere nuestra historia cuando se visiona desde los movimientos populares. Vuelvo con Sartre, cuando desarrolla que “un obrero no tiene libertad para pensar o sentir como un burgués. Un hombre no existe como un árbol o una piedra; es necesario que se haga obrero. Totalmente condicionado por su clase, su salario y la naturaleza de su trabajo, condicionado hasta en sus sentimientos, hasta en sus pensamientos, a él le toca decidir el sentido de su condición y de la de sus camaradas y es él quién, libremente, da al proletariado un porvenir de humillación sin tregua o de conquista y de victoria, según se elija resignado o revolucionario. Y es de esta elección de lo que es responsable.”

La historia juega un papel determinante en tomar esta decisión, ya que solo podemos vernos como colectividad aventurándonos en ella. Rechazar los grandes relatos es necesario para ver los verdaderos pasos de nuestros antepasados. Por eso, me gustaría terminar agradeciendo al Colectivo de Historia Social de Cieza por su labor y compromiso que tanto nos ayuda para entendernos como individuos pero sobre todo como conjunto social.

 

 

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