Paciencia, según Diego J. García Molina

Paciencia

Prácticamente es lo único que nos queda, tener paciencia. La pandemia de coronavirus no tiene visos de remitir, más bien todo lo contrario, como bien vaticinó hace un par de semanas el ínclito Fernando Simón con su particular ciencia inversa, dónde todo lo que dice resulta lo contrario. Informaba que «podríamos estar entrando en una fase de estabilización de la curva epidemiológica. Hay 34 territorios que están en una clara fase de estabilización o de claro descenso”. Desde entonces, la cifra de muertos y contagiados no para de subir; cada vez tenemos más comunidades con algún tipo de restricción y Asturias, por ejemplo, está reclamando al gobierno que decrete el confinamiento domiciliario en el principado, es decir, encerrar a los ciudadanos en sus casas durante 15 días.

Paciencia es la facultad para para saber esperar algo cuando se desea mucho. Hemos sabido esperar y seguimos esperando que el virus desaparezca de una vez o al menos se fabrique una vacuna eficaz que nos permita volver a nuestras vidas de forma segura, aunque el mal que han sufrido tantas familias nunca pueda ser compensado. Como siempre en la vida, hay personas a las que afecta en mayor o menos medida, y otras que han podido continuar con su actividad, viéndose apenas afectados, aunque han sido las menos. Con respecto a las empresas, mientras la mayoría cierran o disminuyen su actividad, otras, debido a la especial coyuntura, han disparado sus beneficios. Lo que cada vez está más claro es que habrá un antes y un después de este aciago año 2020.

Paciencia, como tantas otras palabras de nuestro idioma proviene del latín, de patior, que significa sufrir. La capacidad para padecer y soportar todo este sufrimiento que hemos aguantado sin alterarnos debe ser proverbial. Porque hay que tener paciencia para aguantar que nuestros responsables nos tomen el pelo miserablemente pidiendo responsabilidad a la población mientras ellos se van de comida con amiguetes; ninguna restricción ni ley está hecha para ellos. Como piden sacrificios, pero no son capaces de renunciar a ninguna de sus prebendas, ni siquiera a disimular. Tantas personas que se han quedado sin empleo, o pronto lo harán cuando expiren los ERTE, sin embargo, el presidente del gobierno tiene tiempo para subirse el sueldo por tercera vez; si, tercera vez, en menos de dos años, inmersos como estamos en la mayor crisis desde hace 80 años. Y con el doble de asesores que el gobierno anterior, siendo muchos de esos puestos simples excusas para enchufar correligionarios. Como en todos los países europeos han ejecutado una bajada de impuestos para intentar mejorar la situación económica y aliviar así a familias y empresas mientras en España se eleva la presión fiscal a unas clases medias que no dejan de perder poder adquisitivo año tras año.

Las primeras protestas contra el gobierno, o más bien, contra las restricciones a la movilidad y el toque de queda (quien lo iba a pensar en pleno siglo XXI) se están materializando en diversos puntos de la geografía española, con enfrentamientos contra la policía y saqueos a establecimientos comerciales. Por el momento son únicamente los habituales grupos radicales y violentos vocacionales que tantas otras veces han protagonizado disturbios aprovechando cualquier excusa, siendo incluso increpados por los vecinos y los observadores de turno. No obstante, más pronto que tarde la mirada de los más afectados, los agraviados por esta crisis económica y sanitaria, se posará en aquellos que deberían haber tenido una actitud ejemplar y ejemplarizante, y sin embargo siguen en Babia, viviendo en su burbuja sin una pizca de empatía hacía una sociedad que se está calentando a ojos vista.

Esperemos que la situación vaya mejorando poco a poco y los españoles sigan ejerciendo de pacientes; no podemos permitir que la desesperación y la frustración se apodere de la realidad en que nos encontramos. No es cuestión de ponernos otra vez a bailar y cantar en los balcones, mas, si la vida nos da limones, hagamos limonada. Aprovechemos esta temporada de prohibiciones para recargar energía, aprender, leer, hacer deporte en casa, o al aire libre quien pueda, llamar a amigos y familiares, absorber cultura, y todo lo que se nos pueda ocurrir para llenar nuestro tiempo de forma productiva. Paciencia.

 

 

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