‘Nada cambia, todo permanece’, por María Bernal

Nada cambia, todo permanece

Nunca hubiera imaginado que en las personas el cinismo se multiplicaría y se extendería minuto a minuto, como si de un virus, cuya secuencia genética le permite propagarse a la velocidad de la luz, se tratara.

Estamos asistiendo a un desastre mundial. Y en este escenario, el ser humano no se ha confinado, se ha transformado en una especie desequilibrada, que parece haber perdido la razón.

Llevamos veinte días (porque estoy escribiendo el artículo el día 2 de abril) en los que la solidaridad, de manera muy sorpresiva, se ha convertido en la carta con la que creemos, ilusos de nosotros, que vamos a ganar esta partida. Pero solo es una carta. Y una vez que la hayamos echado al tablero para cerrar la jugada, volveremos a ser las mismas personas. Por tanto, no solo basta con ser solidarios solo en una partida, denominada ahora, estado de emergencia. No solo se aplaude cuando nos ayudan. Hay que hacerlo todos los días, como lucha por el Estado del Bienestar que se han cargado por completo. Pero no solo los de ahora, sino también aquellos a los que consideráis como el Noé que os va a meter en el arca para que durante la tormenta estéis a salvo. Y en esa sorprendente defensa aumentan los impulsos injustificados de ira verbal.

Hace unas noches, me asomé a Facebook. Me asomé como si de un espejo cóncavo se tratara. Sí, como los espejos cóncavos que en 1924 Valle-Inclán, escritor de la Generación del 98, colocó en el callejón del Gato, para comprobar como “las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas”. Porque se deforman, porque no muestran su esplendor en estado puro, porque no son transparentes y porque una vez que te asomas a ellos y observas la degradación producida, ya no puedes cambiar nada. Y la belleza se evade.

Y ahora España se ha convertido en el famoso callejón del Gato valleinclanesco. Y en él hay espejos cóncavos que están deformando por completo a la civilización.

Y es en esa deformación grotesca de la humanidad, donde millones de usuarios hacen alarde de su formación académica como epidemiólogos sin título. Y tal evidencia se hace patente en los absurdos post (publicados en redes sociales) en los que muchas personas se limitan únicamente a expresar su dudoso conocimiento sobre cómo paliar esta situación. Después lapidan a los que están gobernando, los cuales se enfrentan a una situación desconocida para todos. No por ello justifico su actuación, porque es evidente que no han gestionado bien determinadas decisiones. Pero opinando desde un punto de vista moral, no se merecen ser tachados de asesinos, hijos de puta y tantos insultos de aquellos que se arrojan como fieras hambrientas de protagonismo, para expresar su lamento continuo. Un lamento hilvanado con puntilla que, en lugar de adornar para embellecer las palabras, como si de mensajes literarios se trataran, sirve para bordar en ella las mayores idioteces que jamás hubiera pensado el ser humano, siendo una de ellas la contundencia irrevocable de que estos usuarios, en caso de pandemia, hubieran actuado correctamente.

¿Por qué hemos perdido el juicio? ¿Por estar encerrados 20 días? Absurdo. Léanse el Diario de Ana Frank y entenderán lo que es vivir en las más absoluta clandestinidad sin ningún estímulo lúdico y sabiendo que, si se saltaban este confinamiento obligado por la crueldad del hombre, tendrían como único destino, la muerte. Porque en los campos de concentración no había hospitales, no había medidas gubernamentales, mucho menos democráticas y los niños no tenían la oportunidad de estar ajenos a la tragedia, porque eran protagonistas de ella.

Y durante esta medida restrictiva, en lugar de unirnos y obedecer, hemos sacado nuestro lado más perverso. Insultos, provocación, miedo, alarmismo y odio.

Y mientras que los expertos, y no me refiero a los políticos, ni muchos menos, nos están pidiendo unión y precaución en todos los sentidos, además de aislamiento social para salvar vidas, nos estamos pasando por el forro las posibles vacunas que nos pueden mantener a salvo: la de la paciencia, la de la  moderación, la de la obediencia y, principalmente, la de la educación.

¡Claro! Y como estamos encerrados y nos lo han prohibido todo, por algún lado tenemos que vomitar nuestra irritación, como si con esta incomprensible actuación fuéramos a cambiar el mundo. Ilusos de nosotros.

¡Qué irrisorio es defender a unos políticos que continuamente nos están asfixiando, ahora los que gobiernan; antes los que usaron la tijera para hacer los mayores recortes en Sanidad y Educación (pero nadie vociferaba como ahora)!

¡Qué patético es que se defienda lo indefendible, tanto de los gobiernos de izquierdas como los de derechas!

Nos han pedido los que sí se juegan la vida (gracias y gracias otra vez) que dejemos para después el juego de ser jueces y fiscales, ya que después habrá tiempo para pedir responsabilidades y para que paguen las consecuencias los posibles culpables de esta ardua gestión.

Se lo han pedido tanto a los ciudadanos como a los políticos, que en lugar de velar por la integridad de las personas algunos están frotándose las manos con esta situación, porque está demostrado que ni cuarenta días en el desierto permiten que las personas cambien.

Es tiempo de hacer un ejercicio de introspección; está claro que ni la pandemia más letal del Universo va a cambiar la personalidad del ser humano.

 

 

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One thought on “‘Nada cambia, todo permanece’, por María Bernal

  1. Juan Pedro Ruiz Guerrero

    Siempre da gusto leer lo que escribes. «no solo basta con ser solidarios solo en una partida, denominada ahora, estado de emergencia. No solo se aplaude cuando nos ayudan. Hay que hacerlo todos los días, como lucha por el Estado del Bienestar». Bien dicho. «Está claro que ni la pandemia más letal del Universo va a cambiar la personalidad del ser humano.» Disculpa, por no estoy de acuerdo. Algunos (la mayoría) deseando de ir al bar a tomarse todas las cervezas que no ha consumido durante estas semanas. Otros, se habrán dado cuento que lo que cuenta son la familia, las amistades, poder abrazarse, besarse, decir «te quiero» o «te amo». Algunos se habrán acercado más a la naturaleza y la cuidaran más. Las diferencias hacen girar el mundo y nos enseña quienes queremos ser… si prestamos atención. Todas las personas que nos rodean son nuestros espejos, demostrandonos quienes queremos ser a través de sus actuaciones. Pero hay que prestar atención. Como dijo un sabio:»Si no te conoces a tí mismo, has desperdiciado tu vida.» La naturaleza siempre nos recuerda (y nos recordará) que no la controlamos, que este planeta no es nuestro para acabar con el, sino que somos inquilinos. En fin, el tiempo dirá.

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