Los otros que somos todos, por Isidro O´Shea

Los otros todos que somos nosotros

En los últimos días se ha avivado nuevamente el debate, la discusión, pero poco diálogo en torno a lo que representó el descubrimiento de América y posteriormente la colonización de dichos territorios.

Dicha discusión, a diferencia de otros años, corrió de manera paralela, a los dos lados del Atlántico. La razón en su vocablo – polarización – puede ser la misma, pero en su significado, es sumamente diferente.

En España dicho enfrentamiento de posturas es consecuencia de una polarización en torno al espectro ideológico izquierda – derecha, condición histórica de las circunstancias políticas y sociales del país. Como parte de dicha situación, la derecha se ha apropiado de ciertos temas y hasta símbolos, cuestión común dentro de los sistemas de partidos. La derecha española lleva años abrazando el nacionalismo español, al sistema monárquico, al catolicismo, entre otros temas.

Sin embargo, en México aunque también se trata de una polarización, esta es de naturaleza distinta; una polarización reciente de tipo afectiva, que solo responde al incremento de rivalidad de aquellos que no piensan  o votan igual que uno, es decir, un simple aumento en la temperatura del rencor socio político, que no se explica bajo ideales concretos.

En México los conceptos izquierda – derecha son (aunque sea difícil de creer) relativamente nuevos, los ciudadanos poco comprenden, qué representan, pues hasta hace 20 años, era un sistema electoral no competitivo donde siempre ganaba el mismo partido: el PRI.

La llegada de López Obrador a la presidencia significó también la introducción de conceptos políticos que poco abonan al capital social, pues la inserción en su discurso de los conceptos izquierda y derecha, solo ha logrado dividir al país en algo sumamente abstracto y nada comprensible. Ahora no bastándole lo anterior, con la intención de que la ciudadanía fije atención en otras cosas, y no en sus fracasos de gobierno, insiste en que España debe disculparse ante México por aquello que sucedió hace más de 500 años, cuando el territorio mesoamericano aún no era México, y España no era en lo más mínimo lo que hoy es.

Más allá de lo político e institucional, como mexicano que ama a su país, pero también como mexicano que se ha sentido abrazado por el pueblo español, creo que el abrir temas que desde hace muchos años habían sido superados, no traen ningún fruto a favor de nadie; el dar cabida a discusiones inútiles, puede ser más peligroso y dañino de lo que nos imaginamos; pues esto no va de izquierdas o de derechas, sino simple y sencillamente de sentido común y de empatía con el otro. Hoy nadie de los que aquí estamos, tuvimos billete de entrada a los sucesos del siglo XV, XVI, etc.

Intentar juzgar lo que sucedió hace 500 años a partir de la experiencia y los conocimientos del siglo XXI, no es más que presentismo, es pues, querer alumbrar aquellos tiempos con bombillas de leds y linternas de móviles.

Hoy no podemos permitir que los intereses de las élites políticas nos confronten y nos asignen papeles antagónicos, ni dentro ni fuera de nuestros países.

México y España son naciones hermanas que han mostrado fraternidad en los momentos difíciles de ambos. Hoy México no sería sin Los Olvidados de Luis Buñuel, como tampoco España sería sin el Laberinto del fauno de Guillermo del Toro. Agustín Lara le cantaba a Granada y a Madrid, así como hoy Ismael Serrano le canta a Chiapas. Madrid da espacio a la escultura de Lázaro Cárdenas, el presidente mexicano que dio asilo a miles de españoles durante la guerra civil, así como también al arte contemporáneo de Jorge Marín y sus alas.

Paralelamente en la Ciudad de México se abraza con cariño la réplica de la Cibeles y se entonan las grandes canciones de Aute, de Joan Manuel, de Joaquín, de Pedro Guerra y también de las nuevas generaciones representadas con artistas como Marwan.

México y España son naciones con importantes lazos de fraternidad. Los mexicanos y los españoles nos saludamos con afabilidad y hasta complicidad.

No veamos problemas donde no los hay; no incrementemos los conflictos de hoy en día al más mínimo intento de provocación, pero, sobre todo: no destruyamos los lazos que por años llevamos tejiendo.

Al final somos unión; y como dijo el premio Nobel de literatura Octavio Paz: “los otros todos, que nosotros somos”.

Con cariño para el pueblo de Cieza y toda España; para cada uno de los españoles, pueblo que me ha abrazado, como abraza a los suyos.

 

 

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