Los docentes confinados, por María Bernal

Docentes confinados

Se aproxima el final del curso escolar. Este año, por las circunstancias que estamos viviendo, será diferente, como todo lo que ha ocurrido en nuestras vidas desde que el presidente del gobierno decretase, allá por el 14 de marzo, el casi ya finalizado, si los pronósticos se cumplen, estado de emergencia en nuestro país.

Por necesidad sanitaria y vital fue obligatorio confinarnos, y por ende, se nos privó de la libertad de la que hasta entonces habíamos disfrutado; una realidad que, desde el principio, no fue del gusto de todos,  y sobre la que siempre hubo, sigue habiendo y habrá martirizadas quejas diarias en todos los sectores, independientemente de cómo se actúe. Y ante esta lluvia de quejas, es necesario romper una lanza a favor de los docentes confinados.

Muy a pesar de aquellos detractores de la figura del profesor, estos tuvieron que reinventarse en menos de 48 horas. No ha sido cuestión de coger vacaciones de manera anticipada, como han alegado los idiotas de turno. No ha sido cuestión de mandar y recibir correos. Hubiese sido muy fácil, pero poco ético para seguir luchando por la enseñanza de calidad que tanto se persigue por parte de los que tienen una vocación infinita.

Classroom, Google Meet, Aula XXI, Zoom, llamadas de teléfono y hasta terceras y cuartas oportunidades para que todo resultara fácil. Tantas y tantas plataformas que muchos han tenido que aprender a utilizar en un intervalo muy corto de tiempo. ¡No han bajado la guardia, a pesar del desgaste psicológico!

Sí, han sido casi veinticuatro horas diarias, porque a diferencia de maestros y profesores, a los cuales se les impuso un horario determinado para mandar tareas, además de sus correspondientes horas lectivas, los alumnos han estado entregando sus respectivos trabajos cuando les ha dado la gana o cuando han podido.

Pero los docentes no han hecho una queja pública expresando su malestar por esta situación. Se han sometido a esta manera de trabajar y punto. No había otra disyuntiva.

Esta situación, que nadie ha elegido, no da derecho al ajusticiamiento verbal al que ha sido sometido el sector educativo durante estos meses tan complicados: “mandan muchos deberes, los padres son los que estamos explicando, los padres se merecen todo y más, demasiado cobran para lo que hacen, trabajan sentados en el sofá de sus casas…”, acompañado del tan mezquino lema( ya casi universal) de esos padres que sienten tanto desprecio por los profesores y que enuncia lo siguiente :“¡Qué a gusto viven los maestros!”. Y ahora, este comentario viene acompañado por esa conjunción que aún denigra más a este sector: “y este curso con cinco meses de vacaciones”.

Como diría García Lorca: “metánse la lengua en la madriguera” antes de opinar. Los profesores han estado enseñando a una media de 100 alumnos por persona (cifra de Secundaria y Bachillerato). Eso significa que han enviado más de cien tareas a la semana, con su correspondiente corrección y con un vídeo explicativo que ellos mismos han grabado en casa. También, se han conectado vía Meet para clases, reuniones, claustros, evaluaciones. Han supervisado matrículas del próximo curso para agilizar este trámite, han reelaborado los PTI (porque han sufrido bastante por los alumnos con necesidades educativas) informes, memorias. ¡Vamos! ¡Qué no han estado tocándose las pelotas!. Y ahora viene lo mejor: se han hecho pruebas escritas para recuperar la primera y segunda evaluación, y ha habido un presunto mamoneo desbocado ante el que ha sido imposible evitar que se haya copiado en esos exámenes. Y a las pruebas me remito: la discrepancia de notas de muchos alumnos entre la segunda evaluación y la tercera ha sido bastante considerable. Pero algunos padres, que supuestamente han sido cómplices de esto, ya que prefieren que su hijo promocione en lugar de que aprenda, vienen ahora con la cantinela de que sus hijos han trabajado gracias a ellos, y que los regalos de fin de curso se los merecen ellos porque tienen más mérito que los propios profesores.

Miren lo que les voy a decir: los profesores no necesitan regalos, sino apoyo. Tienen ustedes un sistema educativo precario por el que jamás se han interesado, un sistema que, afortunadamente, está manteniéndose a flote gracias al trabajo desinteresado de los que educan a sus hijos. Y en lugar de respaldar a maestros y profesores, están ustedes lapidándolos con tanta gilipollez y con tanto querer destacar, que parece que últimamente se ha convertido el protagonismo en un estilo pésimo de vida.

Sepan que mientras ustedes están malmetiendo continuamente contra las personas que se dejan la piel por sus hijos, ellos están aprovechando minuto a minuto para reinventarse. Pueden quedarse relojes, pulseras, perfumes, corbatas…los docentes ya han recibido el mejor regalo: la respuesta tan eficaz que han tenido las criaturas a la hora de trabajar en estas condiciones. Ellos sí son los auténticos protagonistas, pero no ustedes.

Sigan con este despropósito que ha provocado el confinamiento, que mientras tanto, el profesorado solo tiene tiempo para acabar y empezar a  pensar en el comienzo del nuevo curso, garantizándoles así la seguridad de sus hijos frente a cualquier tipo de virus.

 

 

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One thought on “Los docentes confinados, por María Bernal

  1. telita

    Que una profesora escriba esta frase ->como han alegado los idiotas de turno, me lleva a reconsiderar muchas ideas que tenía sobre algunos profesores.
    Y ya de paso pido el pin parental porque «hay algunos profesores idiotas» que piensan que tienen la verdad universal.

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