Los articulillos independientes de Antonio Balsalobre y su homenaje a Martínez Rojas

Un gran médico, un gran alcalde, una excelente persona

Con el fallecimiento de Francisco Martínez Rojas, Cieza pierde a un gran médico, a un gran alcalde y sobre todo a una excelente persona. Como médico, lo recuerdo siempre atento a sus pacientes, entre los que me encontraba, y entregado a su trabajo. Como alcalde, le tocó gobernar en unos momentos difíciles, pero siempre lo hizo con acierto, compromiso y generosidad. Y mucho echaremos de menos su trato cordial, su sonrisa ancha, su afabilidad. Paco fue una persona comprometida con su pueblo y sus gentes, a los que amaba y dedicó su vida, unas veces desde su consulta del ambulatorio, otras desde su condición de concejal y primer edil socialista. Como ciezano quiero expresar mi más profunda tristeza por tan lamentable pérdida. Un recuerdo, no sé por qué, se sobrepone a muchos otros en estos momentos. El de un 31 de diciembre del año 2000, en que siendo alcalde inauguró, con esa sonrisa ancha y ese aparente punto de timidez que lo caracterizaban, el recién creado Museo del Esparto. Un fuerte abrazo para toda su familia.

Sueños

¿Quién dijo que estos horribles tiempos que estamos viviendo nos iban a hacer mejores a todos? Que este bicho nos estaba haciendo comprender lo frágiles que somos, constatar lo equivocado que estábamos en tantas cosas, apreciar lo que de verdad importa. No es, desde luego, lo que se palpa en el ambiente ni lo que aprecio en mí mismo (no me gusta situarme por encima de la melé, así que todos dentro y sálvese el que pueda). No es lo que se percibe en el parlamento, en la política, en los medios de comunicación, en la calle. Por supuesto que nos encontramos en una situación inédita, incierta, imprevisible, que nos estresa a todos, pero eso no me impide ver actitudes atávicas, recurrentes: una izquierda confusa atrapada en su laberinto y una derecha facinerosa siempre dispuesta a tirarse al monte cuando pierde elecciones o no puede formar gobierno. Lo de ser mejores parece que solo ha sido el sueño de una larga noche de pandemia.

Superlativo

En marzo, cuando el gobierno empezó a hablar de confinamiento, López Miras quiso ser el abanderado de la reclusión. “Cuanto más estricto sea el confinamiento, menos durará la pandemia», decía. Por esas fechas, la economía pasaba a un segundo orden. Sobreactuando, como acostumbra, instaba al gobierno central (que ya lo estaba haciendo) a prohibir cualquier actividad que no fuera “esencial”. «Prefiero el desgaste económico, que lo habrá, que la pérdida de vidas humanas». La cuestión era ser el que más. Ya fuera cerrando centros de trabajo o fronteras interiores. El problema económico ya se lo endosaría después a Sánchez. Ahora que el susto se va pasando y empieza la desescalada, Miras se apunta de nuevo al “yo más”, solicitando al gobierno que la Región sea de las primeras en levantar el estado de alarma. O sea que, cuadrando el círculo, Miras habrá pasado de pedir el máximo confinamiento a exigir la mayor desescalada. Este hombre, desde luego, es superlativo.

 Caos

El PP, que ve cómo Vox le está robando la cartera por la derecha, se radicaliza hasta el extremo de preferir el desbarajuste a una necesaria y moderada prolongación del estado de alarma para seguir combatiendo la pandemia. Vox, que ve cómo un PP radicalizado le quiere comer el terreno de la extrema derecha, se radicaliza todavía más y opta por el desafuero apocalíptico… Y en esas estamos. En esas está España, inmersa en la cultura política de la tropelía y de la irresponsabilidad. En el fondo, es como el pez que se muerde la cola. El pez de la radicalización que se muerde la cola del extremismo. Atascos, contaminación, bocinazos y caceroladas  estridentes, banderas adulteradas y mancilladas, gritos preconstitucionales, vivas al franquismo, colapso…  Todas y esas cosas son las que propone la derecha desbocada para salir de la crisis sanitaria y social en la que el coronavirus está sumiendo al mundo. O sea, el caos.

Más claro, agua

Se puede decir más alto, más cabreado, más desalentado (que motivos hay), pero no más claro que lo ha dicho el escritor y biólogo Jerónimo Tristante. El lastimoso estado que presenta el Mar Menor es culpa de la desastrosa gestión medioambiental de 25 años de gobierno autonómico del PP. Punto y pelota. Que no venga ahora López Miras a “hacerse el tonto” y a echarle la culpa a Sánchez o “a toda la sociedad” de la dolorosa degradación de  la laguna. Las competencias para su salvación son exclusivamente de la Comunidad Autónoma y de quien la preside. Pueril y cínico resulta, por lo tanto, que le exija ahora a Madrid que pare los vertidos de nitratos cuando es él quien debe pararlos. Si por intereses inconfesables, ni quiere ni puede atajar esta otra pandemia medioambiental, no tiene más que devolver las competencias al gobierno central. Pero eso sí, rebajándose el sueldo, no subiéndoselo como hizo durante el confinamiento.

 

 

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