Los articulillos del cuaderno de Antonio Balsalobre

Doblemente extrañado

En 1981 fui de los que celebraron que la democracia había ganado. Esto que parece hoy una perogrullada no lo era tanto entonces. Tras vivir con incertidumbre aquel 23 de febrero, no dudé en participar en la manifestación de condena al intento de golpe de estado ni en colocar en mi ventana el cartel distribuido por el diario El País con el lema: ¡Viva la Constitución! España vivía ciertamente una situación complicada: un crisis política y económica severa, un terrorismo galopante y un desencanto político extendido. Todo lo cual dio alas a los nostálgicos del franquismo para amagar con alzarse de nuevo en armas. De ahí que me encuentre hoy, viendo lo que veo, doblemente extrañado. Sorprendido, por un lado, al comprobar que muchos de los herederos de aquel movimiento golpista se autoproclaman ahora fervorosos constitucionalistas, y sin acabar de entender, por otro, cómo algunos sucesores de quienes defendían la constitución aquellos días parecen distanciarse últimamente de ella.

Vicepresidenta

Poco importa que una de las obras más importantes del siglo XIX sea la novela “La Regenta”. O que la RAE certifique que el femenino “presidenta” está documentado en español desde el siglo XV y aconseje su utilización en estos tiempos de lucha por la igualdad de las mujeres. Es más, que llamarle a una mujer “señora presidente” sea en sí mismo una aberración social y lingüística… El portavoz del partido de extrema derecha, Espinosa de los Monteros se sigue relamiendo de gusto cuando llama, de forma “ostentórea”, como diría el ínclito Gil y Gil, «vicepresidente» a la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, porque cree, pobre de él, que propina así una sonora coz en el trasero del movimiento feminista. A cada uno sus fantasmas y sus placeres. Y es que hay gente que no entiende que las palabras van cambiando, como va cambiando la sociedad, en este caso, para librarse de un rancio inmovilismo.

Intocable

“No todos somos iguales ante la ley. Y el rey de España no es como usted ni muchísimo menos, no es un ciudadano más”, espetó Ayuso al diputado Pablo Perpinyà una de sus tardes de añoranzas preconstitucionales. Con esos argumentos salía la presidenta madrileña en defensa del rey emérito después de que este pagase casi 700.000 euros a Hacienda para regularizar su situación fiscal. Ahora que Juan Carlo I ha vuelto a “regularizase”, abonando más de cuatro millones al fisco, es de esperar que Ayuso doble la apuesta. No sé por qué me da que en sus largas vacaciones “pérsicas” el ex monarca ha debido de caer en la cuenta de que gran parte de sus males le vienen de haber tenido solo oídos para gente como Ayuso, de haber supuesto que los españoles éramos todos como Ayuso. De creerse, con tanta pleitesía, impune, intocable. Y así le está yendo, a él y a la monarquía.

Floración

En Cieza, ya están los campos en flor. Se dan prisa los melocotoneros, albaricoqueros y ciruelos en renacer después del letargo invernal. Ya se han cubierto los huertos de un manto blanco, rosado, fucsia, lila, multicolor… Ya se ha consagrado la primavera. “Tan bella y dulce cuando llega”, en palabras de Machado. Se ha dicho, y no es ninguna exageración, que la floración es un regalo para los sentidos. Tanto más hermosa cuanto que es efímera, perecedera. Un regalo para la vista, desde luego, cuando exhibe su paleta de colores bajo el azul intenso del cielo. Pero también para el olfato, con ese olor a pétalos recién creados, a naturaleza revivida, a fruto que está por llegar. Quienes nos visiten se van a encontrar ante un cuadro de colores cambiantes destinado a desvanecerse en un corto espacio de tiempo. Disfrutémosla porque, como la belleza de la rosa de Ronsard, tiene los días contados.

 

 

 

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