Las secuelas que el coronavirus ha dejado en una ciezana después de siete meses

Entrevistamos a la maestra María Piedad Abellán Carrasco: “Permanecí 18 días confinada y puedo asegurar que fueron los peores de mi vida”

María Bernal Moreno

María Piedad Abellán Carrasco es una ciezana, maestra de Educación Infantil, que se contagió de covid en octubre de 2020 y que, a día de hoy, sigue arrastrando secuelas para las que no han hallado todavía tratamiento. Meses de enfermedad, de miedo, de desesperación y de incertidumbre son los que vivió ella, una de las tres millones de personas contagiadas de covid-19. Siete meses después, ha vuelto a la rutina y vive con la esperanza de que “pronto volvamos a ser felices”.

Pregunta: Ha sido una de los millones de personas que se han contagiado; y una de las tantas que ha podido sobrevivir. ¿Cuándo se contagió y cómo vivió esos días de confinamiento?

Respuesta: Efectivamente, fui una de las personas contagiadas por covid en octubre de 2020. Puedo asegurar que soy una persona demasiado prudente y, además, muy miedosa, por lo que llevaba al extremo todas las medidas necesarias para evitar el contagio.

Trabajo como maestra en un colegio situado a 80 kilómetros de Cieza, por lo que decidí compartir trayecto con una compañera. Hace un par de años, aproximadamente, fui diagnosticada de trastorno de ansiedad generalizada y agorafobia, por lo que ir acompañada suponía una de mis mejores medicinas. Al mismo tiempo ahorrábamos dinero en gasolina.  Era totalmente consciente de los riesgos que ambas corríamos al compartir vehículo, pero aun así decidimos hacerlo, cumpliendo con los protocolos sanitarios. En ningún momento nos quitamos la mascarilla, a pesar de haber estado 5 horas de jornada lectiva con una FFP2, teniendo en cuenta que trabajamos con niños de 3 a 5 años y que debemos forzar bastante la voz, por lo que nuestra garganta pedía a gritos descansar de la mascarilla, pero nunca nos la quitamos. A pesar de ello, nos contagiamos.

Nunca olvidaré la llamada de mi compañera en la que me comunicaba que había dado positivo.

Soy una persona bastante negativa, aunque gracias a la terapia psicológica estoy aprendiendo a ser cada día más optimista. Sin embargo, mi cuerpo, al recibir la noticia, expresó el miedo de forma inmediata a través de una fuerte crisis de ansiedad. Sabía que me había contagiado, a pesar de no presentar ningún síntoma en esos momentos.

Siguiendo los protocolos sanitarios, y al ser contacto estrecho con un positivo, fui confinada hasta obtener el resultado de la PCR y unos días más tarde recibía la peor noticia: era positivo en covid.

A partir de ese día, empezó el calvario y los síntomas se apoderaron de mi mente y de mi cuerpo.

Recuerdo no poder andar, como si un camión me hubiese aplastado, dolores musculares, pérdida del gusto y del olfato, pérdida total del apetito, cansancio extremo, disnea, temblores, dolores intestinales insoportables que no permitían que diera un paso erguido. Fueron varias las visitas a Urgencias, por falta de aire, por dolores estomacales, etc.

Permanecí 18 días confinada y puedo asegurar que fueron los peores de mi vida, pero afortunadamente tuvimos el cariño de familiares y otras personas que se encargaron de ayudarnos porque no podíamos salir a nada. Fue increíble el apoyo que recibimos.

Tengo dos hijos, en ese momento, de ocho y dos años y medio; la mayor entendía que debía estar encerrada en mi habitación, pero el pequeño golpeaba la puerta para poder entrar y estar conmigo, así que, finalmente, opté por cuidarlo a pesar de los riesgos, ya que oír sus llantos hacía que yo empeorase por momentos. A pesar de todo, ningún miembro de mi familia se contagió. Fue increíble, y doy gracias por ello. Así de caprichoso es este maldito virus.

A los 18 días salí y no aguanté ni diez minutos en la calle, no podía caminar, mi pecho se hundía, me ahogaba, no podía mantenerme en pie, fue espantoso, pensé que jamás me recuperaría.

A pesar de todo, he de reconocer que no todo ha sido negativo, puesto que ahora me considero más fuerte, capaz de valorar las cosas más sencillas de la vida y agradecer que sigo viva.

P: Su caso es curioso si se tiene en cuenta que lo que en un principio iba a ser una recuperación en casa durante dos semanas se convirtió en meses de enfermedad, que todavía arrastra. ¿Qué ha sido lo que le ha ocurrido realmente?

R: Eso es algo que no paraba de preguntarle a mi médico. No entendía por qué estaba tan mal, era joven y no tenía patologías previas. No soy deportista, pero llevaba un año cuidando mi alimentación, tomaba vitaminas, salía a caminar, no fumaba, llevaba una vida sana.

Cuando empecé a sentirme mejor, a caminar o hacer las tareas rutinarias de casa, sin sentir la necesidad extrema de parar por no poder respirar, cuando sentí que ya no era necesario recurrir al inhalador cada vez que realizaba alguna pequeña actividad, empecé a notar mi garganta muy extraña. No podía tragar de forma normal, me quemaba la saliva, me escocía cada vez que comía, me picaba y quemaba las 24 horas del día, de madrugada no podía tragar, cucharada de miel cada noche, pero nada surgía efecto. No entendía nada.

Mi médico lo veía todo normal, decía que era pronto y que eran residuos del covid, pero a mí no me convencía.

Probé de todo, pero cada día estaba peor. Sentía como mi garganta se cerraba y me costaba respirar, sin embargo, las pruebas daban negativo en todo lo habido y por haber. Volví a caer en la maldita ansiedad al pensar que no saldría nunca de ese pozo y que tendría secuelas de por vida.

P: Por lo que nos cuenta, ha estado acudiendo irremediablemente a los Servicios de Urgencias del Hospital de la Vega Lorenzo Guirao, ¿cómo ha vivido todo este tiempo en el que prácticamente no ha visto mejora alguna, ni solución a su problema?

R: Efectivamente, y tras insistir mucho a mi médico, pedí que, por favor, no me dejara en el olvido y me derivara a todos los especialistas que fueran necesarios para poder dar con un diagnóstico y una solución.

Visité al otorrino, que realizó una fibroscopia; todo normal. Cardiólogo, ecocardiograma, todo normal; neumólogo, TAC, todo normal, digestivo, gastroscopia, todo normal. Cada vez que me decían que todo estaba normal, lloraba sin consuelo, necesitaba tener algo para poder solucionarlo. La gente no entendía que quisiera tener algo, pero yo necesitaba cualquier diagnóstico para poner remedio. No soportaba mis días con la garganta ardiendo. Llegué a tener pensamientos muy negativos y tuve miedo de cometer alguna estupidez, al pensar que no podría vivir así.

A día de hoy, y después de siete meses, sigo con secuelas en la garganta y aunque tengo días mucho más llevaderos, siento que el covid sigue conmigo.

Todavía tengo pendiente alguna  prueba por realizar, con el fin de descartar alguna patología que no quiere dar la cara.

P: Cuesta creer que una persona sana, sin patologías previas u otras complicaciones como es su caso, todavía siga arrastrando síntomas para los que parece ser que no existe solución, ¿qué explicación clínica le han dado?

R: De momento, no existe una explicación clínica porque las pruebas no demuestran que exista algo que se pueda ver. Según los médicos, podría tratarse de algo funcional, probablemente una atrofia de la mucosa nasofaríngea o alguna terminación nerviosa que haya quedado dañada. Sin embargo, algunos especialistas quisieron convencerme de que simplemente se trataba de ansiedad, y para mí, no todo vale.  A veces es mejor no decir que padeces de ansiedad, porque cuando no saben qué te pasa, todo es ansiedad. Y no me conformo. Sigo terapia con dos psicólogas maravillosas que han confiado plenamente en que mis secuelas son verdaderas, en que están ahí y aunque no puedan verse, yo estoy sufriendo por ello. No he parado de visitar especialistas hasta poder dar con una solución que puede que no exista, pero no me he rendido ni un momento en intentarlo, al menos. Lo que tenía claro era que no me iba a quedar de brazos cruzados. Entiendo que todo esto es algo nuevo, que se está investigando y que hay mucho desconocimiento, pero no por ello iba a quedarme en casa mientras me quedara una mínima esperanza.

P: Para usted, el fugaz hallazgo de la vacuna ha debido de suponer un rayo de esperanza. Por su profesión, como maestra de Educación Infantil, ha recibido ya la dosis correspondiente. ¿Qué nos puede decir sobre este paso que ha dado la ciencia una vez más?

R: La ciencia es maravillosa. Una pena que no se invierta más en ella, en investigación, medicina, educación y sanidad. Creo que tenemos en España a los mejores científicos del mundo, es muy triste que la mayoría tenga que emigrar a otros países para poder desarrollar increíbles estudios que podrían cambiarnos la vida.

Creo que fui una de las personas que más rezó cada día por tener la vacuna contra la covid, así como una medicación que pudiera curar el dichoso virus, o al menos poder evitar los ingresos y los fallecimientos.

No pude recibir mi vacuna hasta pasados 6 meses del contagio, por lo que cuando mis compañeros fueron vacunados con Astrazeneca en marzo, yo tuve que esperar a mayo. Recibí la primera dosis de Pfizer, puesto que habían descartado administrar la AstraZeneca a menores de 60 años.

Fue un momento maravilloso, estaba emocionada, aquel día tan esperado y tan deseado, había llegado. No voy a negar que estaba nerviosa, soy muy hipocondríaca y también tenía miedo por los efectos secundarios. Ya lo había pasado bastante mal como para que me volviera a pasar algo malo. Pero el deseo por avanzar y poder acabar con esto pudo más que el miedo. Me sentí afortunada y orgullosa. Sentía que necesitaba gritar mil gracias a todos los científicos que consiguieron que esto fuera posible, y lo hice desde mi interior.

P: ¿Qué opinión tiene respecto a la actitud negacionista de personas de a pie y, lo que más preocupa, de famosos que obstaculizan el camino hacia la inmunidad con sus declaraciones?

R: En comportamiento humano, el negacionismo es exhibido por individuos que eligen negar la realidad para evadir una verdad incómoda. El autor Michael Specter define el negacionismo grupal cuando «todo un segmento de la sociedad, a menudo luchando con el trauma del cambio, da la espalda a la realidad en favor de una mentira más confortable». “LOS SIN SENTIDO”, así los llamo yo. ¿Acaso algún negacionista ha dado una razón lógica a sus teorías? ¿En qué se basan para sus explicaciones sin sentido? Es indignante escucharlos, al menos para mí.  Afortunadamente, son una minoría y espero no llegue a extenderse más este tipo de ignorancia.

En cuanto a los famosos, solo bastó con ver la entrevista a Miguel Bosé. No vi ni una sola respuesta coherente, ningún fundamento, todo fue como un libro de Michael Ende, un mundo de fantasía. Ahí viven él y otros tantos.

P: Ha estado de baja médica por esta situación. Sin embargo, cuando las circunstancias sanitarias se lo han permitido, ha solicitado el alta médica. ¿Sigue teniendo miedo de reinfectarse otra vez, teniendo en cuenta que las medidas no han sido las más acertadas?

R: Amo mi profesión y deseaba con toda mi alma volver al colegio. Uno de mis miedos más grandes fue pensar que podría no volver a trabajar como maestra si mi garganta quedaba mal para siempre, mi voz es mi herramienta de trabajo.

He de reconocer que solicité el alta voluntaria a los 6 meses de baja, siguiendo las recomendaciones de mi médico que creyó que sería positivo volver a la rutina. Me incorporé con mucha ilusión, pero también con miedo, no lo voy a negar.

El contagio en Educación Infantil es muy fácil, aunque no se hayan dado muchos casos, la mayoría de los niños son asintomáticos, o cuando la familia te dice que es positivo, tú ya has estado cerquita de él para llevarle la mano al escribir. Los niños se lo llevan todo a la boca, me paso la mañana lavando y desinfectando juguetes. A principio de curso, fue un caos, estábamos muertos de miedo, no sabíamos cómo hacer para seguir los protocolos cambiantes de la Consejería de Educación. Ni ellos sabían cómo hacerlo, pues imagínate nosotros.

Hicimos un gasto considerado en materiales para que fuera todo lo más individualizado posible, dividimos el patio en zonas para mantener los grupos burbujas, pero, aun así, la distancia era imposible mantenerla, era obvio. Y los niños, además, no llevan mascarilla, por lo que el riesgo de contagio es mucho mayor.

Echo de menos abrazarlos, consolarlos cuando lloran, volver a la normalidad y quitar del vocabulario de clase la palabra ‘coronavirus’.

Los niños han sido un ejemplo a seguir, en todos los sentidos.  Nos han dado una lección muy importante a los adultos, de paciencia, de entendimiento, de cumplimiento de normas, sería excelente, que los negacionistas aprendieran algo de ellos (se ríe).

Ahora que he pasado el covid y tengo administrada una dosis de la vacuna, tengo menos miedo, pero el respeto sigue ahí. No me relajo.

P: ¿Qué sentía cuando leía las noticias o veía imágenes sobre fiestas y aglomeraciones de personas sin mascarilla?

R: Sinceramente, no entendía cómo después de todo lo que estábamos viendo, de tantas muertes, de tantos sanitarios desbordados y llorando ante las cámaras,  pidiendo por favor que nos quedáramos en casa, la gente seguía haciendo lo que le daba la gana. ¿Viven en otro mundo? Eso me preguntaba a cada momento. Era insoportable ver las imágenes de fiestas ilegales, jóvenes escondidos en pisos debajo de los colchones y dentro de armarios. Pero claro, cuando no lo vives de cerca, cuando no se ha muerto ningún amigo, ningún familiar, pues crees que “el bicho” no va contigo, que eres joven y todopoderoso, que a ti no te va a tocar. Y puede que no te toque ingresar en la UCI, o morir, pero sí puedes contagiar a tus padres, abuelos o hermanos.

A día de hoy, seguimos viendo macrofiestas sin mascarillas, sin distancia de seguridad, y personas por la calle que todavía no saben ponerse la mascarilla. Debe ser eso, que no saben cómo se pone.

P: Como paciente covid que a día de hoy aún no se ha recuperado del todo, ¿qué valoración haría de la gestión sanitaria en la Región de Murcia?

R: No creo que pueda contestar con conocimiento a esta pregunta, por lo que prefiero no meter la pata. Sin embargo, es evidente que la sanidad ha sufrido muchísimo en la Región de Murcia y en toda España, de hecho, en todo el mundo. Todo el personal sanitario (enfermeras y enfermeros, médicos, auxiliares, celadores…) tuvieron que doblar turnos, trabajar sin protección, sin medidas claras, sin conocer como el virus actuaba, aún así todos estuvieron al pie del cañón, nos cuidaron, salvaron vidas, dieron ánimos, cariño y amor a los pacientes, muchos se contagiaron salvando vidas, otros incluso murieron, pero siempre estuvieron ahí.

Es obvio que hay que invertir en Sanidad, quizá más que en cualquier otro campo, porque hemos valorado demasiado tarde lo importante y necesario que es.

Aprovecho para dar las gracias a todos, en especial a los enfermeros y enfermeras del hospital de Cieza, porque me sentí arropada en cada visita a urgencias, a pesar del miedo que pudieran tener, la labor que realizaron fue impagable.

Tal y como mencionara un gran profesional médico y mejor persona, ciezano, además, el doctor Pedro Antonio Cascales Campos, “necesitamos que piensen más las batas y menos las corbatas”.

P: Hablemos un poco de política y de covid. ¿Qué opinión tiene sobre que altos cargos del Gobierno regional se hayan vacunado, saltándose el protocolo de vacunación del Ministerio de Sanidad? ¿Qué piensa también sobre los políticos que en nuestra región se han sentado en terrazas desprovistos de mascarilla?

R: Con la política me pasa como con los vinos, que no entiendo mucho, pero sé lo que me gusta y lo que no. No me gustó la insolidaridad de algunos y algunas, me pareció cobarde e imperdonable. Además, algunos dimitieron por la presión social, pero dudo mucho de que lo hicieran por arrepentimiento.

Mi madre a día de hoy sigue sin ser llamada para vacunarse, y como mi madre, muchísimas personas de riesgo, con enfermedades oncológicas o inmunodeprimidas, hipertensas, diabéticas, etc.

En cuanto a los políticos que se han sentado en las terrazas desprovistos de mascarillas, es obvio que para comer y beber hay que quitarla, pero para el ratito de la tertulia, debemos ponerla, no nos cuesta nada seguir cumpliendo las normas y dar ejemplo a nuestra juventud. Los políticos son muy de “haz lo que yo diga, pero no lo que yo haga”. Pienso que todos tenemos ganas de volver a la normalidad, de tener reuniones sociales, de abrazar a nuestros familiares y amigos, pero debemos seguir siendo prudentes, responsables, pacientes. Confío en que todo llegará, estoy totalmente convencida de que volveremos a ser felices.

 

 

 

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