Las inmobiliarias, según Andrés Martínez

Las inmobiliarias, ¿unas desconocidas?

Desde hace bastantes años en España existe un sector continuamente atacado como es el inmobiliario. Un sector que por suerte, de manera directa o indirecta, emplea a más de 126.000 personas, o lo que es lo mismo un 0,6% de la población activa en nuestro país, representando alrededor del 2% del PIB.

Es un sector que pese a nadar contracorriente está en continuo crecimiento, llegando a superar en 2019 los 12.000 millones de euros e incrementando las transacciones sobre vivienda nueva un 1,2% respecto al año anterior, contribuyendo así al crecimiento económico de nuestro país. ¿No es hora de que nuestras administraciones se den cuenta de la relevancia del sector?

Durante más de una década, el sector viene soportando una serie de críticas que, bajo mi opinión, no tienen razón de ser. Se utiliza a este sector de cabeza de turco de crisis económicas, que nacieron de malas gestiones de gobiernos pasados, infundiendo en la mentalidad del consumidor de servicios inmobiliarios una sucesión de erróneos pensamientos hacia este. Quién no ha escuchado alguna vez referirse a profesionales inmobiliarios con expresiones como “las inmobiliarias son innecesarias” o “las inmobiliarias no hacen nada y me parecen excesivos sus honorarios”.

Todo ello, pertenece a una mentalidad infundada, porque lo que lo que no conocen es que un profesional del sector debe conocer y estar en continua formación sobre todo lo referente a legislación vigente en el ámbito inmobiliario, tener nociones sobre fiscalidad y tributos en todo lo alusivo a este campo, conocer los procedimientos y pasos a seguir para llevar a cabo una transacción de un activo inmobiliario, redactar contratos de arrendamiento si de un alquiler se tratara, y, por supuesto, saber transmitir la información para que toda persona sin conocimientos en la materia pueda quedar enterada sin duda alguna.

Por todo ello, entiendo que a este sector se le debería considerar como un motor fundamental para la economía, y cuando se hable de ayudas al comercio, también, acordarnos de que, como el panadero, el pequeño hostelero o el de la tienda de ultramarinos, las inmobiliarias, también, en su mayoría, son autónomos que necesitan ayuda; que también sufren por no poder pagar el alquiler de su oficina; que también pasan noches en vela pensando cómo pagar sus cotizaciones o que hacer para poder pagar a sus empleados. Los agentes inmobiliarios, igualmente, son vecinos, amigos y mortales.

 

 

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