Las influencias dudosas según María Bernal

Influencias dudosas

Son muchas las personas que creen ser únicas e irrepetibles. Más que personas, para mí son personajes sin fundamento. Se autoproclaman líderes, a merced de un público fácil de convencer, cuando no son capaces de construir argumentos sólidos y verdaderos para dirigirse hacia esas personas que, esclavas, por ejemplo del miedo, con el que intentan alarmar, les aplauden ingenuamente y desde una perspectiva ignorante; porque sus artimañas, originadas a través de la prepotencia y del nulo saber, resultan efectivas en este mundo de mierda que solo se cree lo que lee en Facebook y se traga la hipocresía de Instagram sin ser capaz de indagar sobre la verdad. 

Y así nos va, entre el juez Facebook , el patético protagonismo de los influencer de Instagram y el doctor Google, vivimos rodeados de incultura, de falsos testimonios y de lo que es más grave: de personas que nos dan consejos sin tener ni puñetera idea de lo que nos están diciendo. Pero como aparece en las redes sociales son palabra de Dios.

Y es que el protagonismo y la sed de querer tener millones y millones de seguidores, ¡vamos!, lo que viendo siendo el hecho de convertirse en auténticos gandules que, a través de una pantalla empiezan a ganar dinero sobrepasando los límites de la absurdez, porque lo único que saben hacer es decir chorradas, vestir de manera hortera y mostrar el grado máximo de inutilidad que puede mostrar el hombre se ha convertido en el nuevo trabajo de los ninis.

Actualmente, la solución a todos los problemas solo existe en Instagram o en los canales de Youtube. Asistimos a un tipo de sociedad que, fácil de persuadir, está siendo cautiva de un fenómeno mediático cuyo resultado está siendo claramente un efecto de idiotez, que ahora ya es tarde para acabar con él y que está causando unos efectos secundarios con poca probabilidad de remediar.

Encontramos a personajillos que salen de los espantosos realities a los que tanta audiencia les damos para convertirse, terriblemente, en iconos irremplazables en nuestras vidas. Y es aquí donde lanzo mi crítica no muy constructiva sobre este tipo de personas que, en su mayoría, faltos de inteligencia, están ganando considerables sumas de dinero gracias a ese público, los followers, que tanta fe les dan.

Echemos un vistazo al pasado, con esto no pretendo mostrar una mentalidad arcaica, y cuando digo pasado no me refiero a la Edad Media, ni mucho menos; sino a los años noventa, por ejemplo. No existían tantos estímulos, tantas modas, tantas ventanas a las que asomarnos para volvernos tan idiotas y que nadie se asuste con esta palabra, porque la Real Academia Española de la Lengua la recoge con varias acepciones, siendo la mejor elección, lejos de la que le otorga la Medicina, para este artículo la de “que carece de toda instrucción”.

Y esto es lo que sucede realmente en el mundo de los tan admirados y venerados, aunque sea de manera incomprensible, influencers. Todos conocemos este mundo: se abren un perfil en una red social y mediante vídeos grotescos, en los que cambian hasta el tono de voz para parecer más cool, empiezan a dar lecciones de vida, mostrando un ritmo que, probablemente, esté muy lejos de la realidad.

Pero sinceramente, este asunto, el de aparentar una vida distinta, no es que me interese o me preocupe. Lo que verdaderamente debería preocupar es que haya personas que sigan los consejos, trucos, modas de cantantes, famosos, actores o futbolistas. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que no todos vamos a poder aspirar a tener el patrimonio de estas personas (con esto no quiero tirar por la borda los sueños de nadie, pero pensemos con lógica y sabrán a qué me refiero).

Aunque lo que más alerta es que se les preste atención a personas que han salido de la nada, han publicado un vídeo diferente, jugándose en algunos casos hasta la vida (de hecho, más de 259 personas han fallecido en los últimos años mientras buscaban la fotografía perfecta, aquella que les hubiera llevado a la fama, según informaba el periódico ABC el pasado 13 de mayo) y a raíz de esas locuras empiecen a ganar seguidores, señal de que ellos tarde o temprano intentarán hacer lo mismo.

Pero haciendo un llamamiento a la coherencia, en este terreno de “los dioses que no dan palo al agua” es más tormentoso cumplir y seguir a través de las historias de Instagram consejos de médicos especialistas (por muchos estudios que tengan), si encima estos suponen una negligencia, ya que supongo que es necesario un diagnóstico previo, a través de la exploración de un paciente con las pruebas pertinentes.

Y es que la publicación de ‘Redacción Médica’ hace unos días sobre Carla Baber, la médica influencer, que tiene millones de seguidores, especializada en cirugía estética, sobre la que han llovido críticas por afirmar con rotundidad que el paracetamol es un antiemético (un medicamento para evitar las náuseas) ha puesto en el punto de mira la labor de estos influencer, no solo a través de la pantalla, sino en la propia consulta. Es decir, una persona puede recomendar un tipo de peinado o un vestido, a través de unas fotografías. Hasta ahí, este mundo podría ser entendible. Ahora bien, recetar u ofrecer en este caso productos de cosmética sin haber hecho un estudio previo de la piel, pues quizá responda a una violación del código deontológico de medicina.

En mi opinión, el nacimiento de estas personas ha ejercido tal influjo que ahora es imposible volver a imaginar una vida anterior. Una vida en la que no se producían tantos disparates como ahora, en la que había unos límites los cuales son quebrantados en el siglo XXI. Ahora todo está permitido y todo es fiable, aunque los consejos, los tratamientos, la alimentación… los recibamos a través de una pantalla. Y no somos conscientes del peligro que esto supone hasta que no pagamos las consecuencias.

Seguir las indicaciones de un influencer es poner en peligro nuestra vida, si seguimos al pie de la letra todas las tonterías que puedan soltar por su boca; es renunciar a tener nuestra propia personalidad.

Cuando el mundo parece haberse vuelto loco, cuando parte de la Humanidad se sacrifica todos los días para conseguir llevar un salario digno a casa, la otra parte está pendiente de ver qué modelo va a llevar esta famosa, o qué tenemos que comer, o cuáles son las últimas tendencias en uñas o pestañas postizas porque no somos capaces de elegir según nuestro criterio.

 

 

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