La remesa de articulillos independientes de Antonio Balsalobre

El buen cine

Es una parodia, una comedia, un drama. «Una sátira lúcida, brillante e inmisericorde del empresariado español —que por extensión también es España”—, en palabras de Javier Zurro. Pero por encima de todo, El buen patrón es, en mi opinión, buen cine, buen cine español que nos sitúa en nuestra realidad y entorno más cercanos, con un elenco de actores, brillantes y verosímiles, que están que se salen. Javier Bardem deslumbra en su interpretación, probablemente la mejor de su carrera, en tanto que su personaje, un empresario de medio pelo, manipulador y sin escrúpulos, —eso sí, con ínfulas de “buenista”—, desconcierta y perturba, por tan reconocible. Tanto Fernando León de Aranoa, como Pedro Almodóvar en “Madres paralelas”, vienen a demostrar en sus últimos trabajos que no hace falta que haya un crimen en cada esquina para hacer buenas películas. Les basta con mirar, con el talento que les caracteriza, a su alrededor.

La izquierda francesa

Sin un cambio de rumbo, la izquierda francesa lo va a tener crudo en las próximas elecciones presidenciales. Fragmentada en cinco bloques, se ha ido abriendo un abismo insondable ante ella que solo ahora, cuando ya parece todo perdido, está haciendo reaccionar a la desesperada a algunos de sus líderes. La primera en dar la voz de alarma ha sido Anne Hidalgo, del Partido Socialista, cuya campaña no termina de despegar en los sondeos, proponiendo unas primarias comunes. Salvo Montebourg, hundido en las encuestas, los demás ya las han rechazado públicamente. ¿De quién será entonces la culpa de que la segunda vuelta se la acaben disputando la derecha y la ultraderecha? La plataforma a favor de una candidatura unitaria que se creó hace unos meses lo tiene claro: “Es una completa irresponsabilidad no unirse en torno a ideas como izquierda, ecología y justicia social”. Si no lo hacen, dicen, no se lo perdonarán.

“Cumbre comunista”

¡Vaya rebote que se ha pillado la Cuca Gamarra! Con el Papa, nada menos. Pero es que si no lo dice revienta, aunque luego haya tenido que dar marcha atrás, tragarse el sapo y borrar el tuit en el que calificaba al papa de “comunista” por su encuentro con Yolanda Díaz. Todo vale en los partidos sin brújula para hacer oposición. Descalificar incluso políticamente a quienes se supone que es su padre espiritual. El asunto viene de lejos. Un sector de la derecha, en el que se encuentra probablemente la portavoz parlamentaria del PP, hace tiempo que no traga a este Papa, al que consideran “comunista”. Se lo suelen callar, pero lo piensan, hasta que alguna gota, como esta recepción en el Vaticano, colma el vaso y estallan. Se entiende que exploten, pero produce cierta risa que sea calificando este encuentro de “cumbre comunista”.

Picasso

Tengo la pintura de Picasso subida a mis altares laicos, de ahí que lo primero que haya hecho al llegar a Málaga haya sido visitar el museo del artista, donde no está ciertamente lo mejor de su producción pero sí una parte interesante de su legado. El pintor malagueño fue un trabajador incansable y su fecundidad creadora proverbial. La inspiración existe, solía decir, pero tiene que encontrarte trabajando. A la vista está que él no dejó de hacerlo durante toda su vida y que se topó con ella en no pocas ocasiones. Una vida larga y fructífera, en la que después de aprender en pocos años a pintar como los maestros renacentistas se pasó el resto aprendiendo a pintar —metafóricamente hablando, claro está— como un niño. De hecho, a los noventa seguía creando con una libertad sin precedentes, sin importarle lo que llamaba “la hipótesis” de la posteridad. “Mis cuadros antiguos —dijo entonces— ya no me interesan. Siento más curiosidad por los que todavía no he pintado”. Amén.

 

 

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