La producción de barrilla en Cieza

La barrilla: desde la elaboración de medicinas, cristales, barnices, jabones y lejías, hasta, incluso, sirvieron para pagar impuestos por parte del concejo ciezano

José Olivares García

De todos es conocida la gran relevancia que para la Cieza industrial tuvo la fibra textil que se aprovechaba del esparto, relegando al ostracismo a otros productos que históricamente se cultivaban y elaboraban en nuestra comarca, como es el caso de la barrilla, este producto actualmente casi desconocido para buena parte de la sociedad ciezana, por su falta de aplicación y utilidad hoy en día, prolifera en nuestro entorno; cunetas, sendas y ramblas salinas, sin que nadie valore la importancia que este grupo de vegetales tuvieron en épocas pasadas. Cuando se empleaba para la elaboración  de  medicinas, cristales, barnices,  jabones y lejías, incluso sirvieron para pagar impuestos por parte del concejo ciezano. También para aderezar las famosas pasas de lejía de Cieza.

En 1817, la Real Imprenta de Madrid publicó la Memoria sobre las plantas barrilleras de España, del eminente botánico y médico Mariano Lagasca. Esta obra, doscientos años después, sigue siendo de obligada referencia en lo que respecta a aquellas plantas que, al quemarlas, producen ‘barrilla’: cenizas ricas en sosa. Cuenta don Mariano que la invención del jabón probablemente comenzó con un accidente hace miles de años. De acuerdo con una leyenda, la lluvia arrastró la grasa y las cenizas de los frecuentes sacrificios de animales a un río cercano, en donde formaron una espuma con una sorprendente capacidad para limpiar la piel y la ropa. Los elementos esenciales del jabón: la grasa y la ceniza de la leña de ciertas plantas, son una combinación que alteró la historia humana y que, aunque nadie lo podía haber previsto, se convertiría a la larga en una de nuestras defensas más efectivas contra los microbios patógenos.

 

El término ‘barrilla’ se utilizaba durante la Edad Media, la Edad Moderna y parte de la Contemporánea, hasta el desarrollo de la química de los procesos LeBlanc década final del siglo XVIII  y Solvay década de los 60 del siglo XIX, para designar una materia extraída  de un grupo de plantas halófilas  de diferentes géneros (Salsola, Halogetum, Salicornia, Sarcocornia, Suaeda o Atriplex), todos ellos pertenecientes a la familia botánica de las quenopodiáceas  (una planta halófila es aquella que crece de manera natural en suelos salinos continentales o litorales). En Cieza las más cultivadas y utilizadas fueron: sosa, suaeda fruticosa forsk.j, sosa prima, suaeda maritima dum.j, sosa blanca sosa,  atriplex halymus l y  el salicor borde salsola kali.lin.

Una vez secas, estas plantas se quemaban durante un periodo que oscilaba de 24 a 48 horas en unos orificios practicados de forma rudimentaria en el suelo. Este proceso de deshidratación de la materia vegetal se realizaba de una manera controlada y dirigida por maestros barrilleros, dando lugar a un bloque sólido de piedra blanco azulada, conocida como ‘piedra barrilla’. La composición química  de este material destacaba por su abundancia, en carbonato sódico (Na2CO3) y en menor medida carbonato potásico (K2CO3). Antes del desarrollo de la química moderna, la barrilla era la única opción para la elaboración  de  sustancias imprescindibles  para la elaboración del cristal los vidrios sódicos, al fundirlos junto con arena de cuarzo o sílice (SiO2) y cal viva (CaO)  del jabón al mezclarlos con ácidos grasos y cal  o el blanqueo de los lienzos, entre otros. Debido a las propiedades en su época exclusiva de la ‘barrilla’ los países europeos enviaban mercaderes al levante español, por este preciado recurso para economía europea, transportaban al puerto más cercano y luego por mar a las ciudades especializadas en la producción de jabón o cristal.

Según  Rafael María Girón-Pascual de la Universidad de Córdoba, en muchos lugares,  entre ellos en Cieza, se optó por plantar al mismo tiempo barrilla y cereales en las tierras de secano como una forma de asegurar las cosechas. Un año lluvioso producía cereales abundantes y  de calidad y muy poca o ninguna barrilla, uno muy seco daría una barrilla excelente al mismo tiempo que se perdía la cosecha de cereales y, por último, uno año mediano en lluvias tendría una cosecha mediana de cereales y de barrilla. La producción media  de los cultivos de barrilla era de cuatro quintales por fanega de planta  que una vez elaborada daba un quintal de piedra de barrilla.

A continuación exponemos los datos más importantes que sobre el cultivo, recolección y elaboración de las barrillas ciezanas hemos encontrado en archivos y hemerotecas, comenzado por la carta que en 1817 el médico, con plaza titular en Cieza, desde 1812, además de investigador, higienista y epidemiólogo, político liberal-progresista y publicista, Juan Alix Martínez, escribió a el gran botánico zaragozano Mariano  Lagasca y Segura,  director del Real Jardín Botánico de Madrid. En dicha misiva Juan Alix informa al ilustre botánico de las características y cualidades de la barrilla producida en Cieza, la describe como una de la mejores calidades que se pueden encontrar en el Levante español, con un sonido algo metálico de color blanquecino levemente tirando al azul y su peso el del metal muy oxidado, también dice que la barrilla ciezana es considerablemente menos pesada, deleznable y más homogénea que la de otros lugares. Estas cualidades distingue el merito de este producto.

Mariano Lagasca pronostica el ocaso del auge económico de la barrilla y la importancia del mismo en el pasado, dando por hecho que la causa es la reciente síntesis química del “álcali mineral” por “sabios extranjeros” y la subsiguiente ruina de un sector “que ha producido a la España más millones que las minas del Potosí y de Guanajuato” (Lagasca, 228).

 En la  revista ‘Miscelánea de comercio, artes y literatura’ del  29/11/1819 dicen que de las mejores barrillas que se obtienen en el levante, se encuentra en: Alicante, Cartagena, Lorca, Alcantarilla y Cieza. En la citada publicación, se advierte al posible comprador  que se cuide  de que la barrilla, no tenga tierra, carbón, ni otros materiales con la que se adultera, cuando se parte los trozos resultantes, han de estar muy fuertes y aplicándose a la lengua,  ha de dejar un gusto picante y activo, de ninguna manera salitroso. Si fuera posible verla cuando se produce, en la combustión se debe de evitar  que sea a base de esparto verde u otras hierbas ya que le resta calidad al producto final.

Según datos recogidos por el historiador ciezano Ramón María de Capdevila  sobre la producción de barrilla en Cieza dice que en el año 1589, el Concejo de la Villa manda nombrar  un fiel contraste: “Este era un  funcionario municipal de la Edad Media, se le conocía también como almotacén, fiel del rastro, medidor, fielazgo o almotacín. Era una especie de inspector mercantil, responsable de dar fe de los pesos y medidas y de garantizar las transacciones comerciales, para lo que se valía de la balanza. La figura tiene su origen en la Alta Edad Media en las zonas de la Península bajo dominación musulmana”.  Ante el que se presenten las frutas y hortalizas que se traigan a vender a la Plaza pública, para que sea equitativo el pago de las alcabalas: fijándose asimismo lo que debe cobrarse por seda, pasas y barrilla.

En 1659 Cieza debía  por conceptos de alcabalas (según el DRAE, edición 22, del año 2001, “proviene del árabe hispánico alqabála. En ediciones anteriores, entre 1956 y 1991 se especificaba que el significado en idioma árabe era el contrato, el impuesto concertado con el fisco”). La corona permitió que dicha deuda se abonara  en barrilla, el coste de cada quintal. Un quintal era una antigua unidad de masa española, que equivalía a: 100 libras castellanas, 46,008 kg, este tenía un precio de 44 reales. En 1660 debido a las malas cosechas, los vecinos de Cieza, de nuevo hicieron frente a sus deudas tributarias con barrilla. Tal era el aprecio por este producto que desde el concejo se dictó, en 1679, una orden para que los vecinos colocarán ‘achos’ en las ratrojeras  de trigo y cebada, con el fin de que en ellas no entre el ganado y se comiera la barrilla allí plantada, estableciendo una sanción al quien incumpliera dicho mandato con tres reales por cada res, En 1688, en Cieza,  el precio a la barrilla, para la venta era 88 reales el quintal.

El 4 de agosto del año 1788 se recibió en el Concejo y se dio cuenta por el señor gobernador de Cieza, el siguiente oficio, el cual Capdevila  transcribió literalmente: “Simón de Ladalid, apoderado de los cinco gremios de Madrid, en virtud de contrata que han hecho los Señores Diputados Directores de los dichos cinco gremios, con Su Majestad, de abastecerles sus Reales Fábricas de San Ildefonso, sin interés, ni comisión alguna, de barrilla superior de la Villa de Cieza, y demás comprendidas en la contrata, para desterrar la preocupación del Cuerpo de Labradores, se hace a su beneficio el acuerdo siguiente:= El Ilustre Ayuntamiento de esta Villa pondrá precio a la barrilla de su jurisdicción con respecto a los corrientes de Alicante, Cartagena, Lorca, Aguilas y demás pueblos que hubiese cosecha de este fruto o producción, eligiendo el precio superior, entendido sobre las barrillas que fuesen de excelente calidad, y las inferiores al precio que pusieren los peritos, o lo que mereciesen.= Además el respetable Cuerpo de los Cinco Gremios Mayores de Madrid, no pretende remuneración, ni rebaja alguna de intereses de las cantidades anticipadas para el socorro de los Labradores, y es su voluntad y la de su apoderado Ladalid, de que se les pague al mismo precio que hubiese acordado dicho Ilustre Ayuntamiento.= Y para que conste doy este que firmo en Madrid a 5 de Agosto de 1788.= Simón de Ladalid.”

Según Capdevila este señor contrató 5.000 quintales de barrilla al precio que se fijó por el Ayuntamiento: fue de 30 reales el quintal. Se entendía este precio, puesta la barrilla en Cieza. Según otros autores (Pastor, 393) la cantidad de barrilla contratada por  la Real Fábrica de Cristales de San Ildefonso fue de 1.500 quintales, (69 toneladas)  anuales de la mejor barrilla murciana, la de Cieza, por medio del contrato antes reproducido.

En 1789, debido a este importante acuerdo, los rudimentarios pozos a modo de hornos que se utilizaban para la producción de la barrilla ciezana se quedaron obsoletos, se decidió el crear una Fábrica, para la obtención de este género, en el sitio llamado ‘La Calzada’.  Se formo una sociedad mixta público privada en la que el Ayuntamiento de Cieza  invirtió 4000 reales el resto de la cantidades necesarias para la creación de esta empresa la aportaron varias personas acaudaladas de Cieza. Para trasportar la barrilla de Cieza a su punto de destino fue necesario contratar a gran cantidad de arrieros o carreteros, contribuyendo así a la creación de muchos puestos de trabajo. Esta industria se mantuvo  por espacio de seis años.

En 1856 el alcalde de Cieza José González Martínez publicó en el Boletín Oficial de la Provincia de Murcia los arbitrios (derechos o impuestos para gastos públicos), que  estaba obligada a pagar en la población, citando que por cada quintal de barrilla se debía abonar un real y por la misma cantidad de sosa cincuenta céntimos ya que la elaboración de esta es menos costosa que la de la piedra de barrilla.

El periódico ciezano Libertad en 1935 publicó un artículo sobre  la utilización de las plantas de barrilla para hacer la colada y lavar la ropa, en dicho escrito, narran como los labradores  en el campo, cogían las matas de barrilla y en una especie de hornico sin cubierta, las quemaban y las cenizas resultantes metidas en unas bolsas de tela, las cocían en una caldera con agua y el liquido que dejaba dichas cenizas  era una especie de lejía que a alta temperatura se iba echando en un cocío o cociol que de las dos maneras se llamaba. Este era una gran vasija de piedra con un agujero conectado a través de una caña ligera, por la que este liquido regresaba a la caldera manteniéndolo siempre caliente. Esta operación duraba unas tres horas, hasta que la ropa estaba bien colada.

Joaquín Caballero Soler en su  artículo ‘Los inicios de la industria en Abarán’ cita que en la vecina población de Blanca hay constancia del cultivo de barrilla al menos en el año 1826, en el paraje de la rambla del Salar, además comenta que es posible que también se recolectara barrilla en Abarán en  la Loma del Jalmero con destino a la producción de Jabón.

Es obvio  que queda mucho por investigar en torno a la producción y comercio de la barrilla en Cieza, espero que este primer trabajo, sirva como una primera aproximación al estudio de este sector actualmente  olvidado.

 

 

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