La Madre Teresa Bañón dedicó más de 30 años a Cieza

Su última comunidad fue la de la Casa Asilo de Cieza, donde falleció el 21 de abril de 1950

Miriam Salinas Guirao

Existen trabajos que se hacen sin dar voces, sin alterar, con pasión y esmero. El trabajo en los asilos, donde se dispensa asistencia, atención o recogimiento a personas que necesitaban protección, ayuda o que directamente no tienen nada más, se viste de caridad, de entrega, si se hace con dedicación. No es un asunto baladí, se trata del cuidado, acción esencial en nuestro mundo.

La Madre Teresa Bañón Amorós, según recogen las Carmelitas de Orihuela, nació en Villena, provincia de Alicante, el 19 de agosto de 1866, hija de José y de Jerónima. Fue bautizada al día siguiente de su nacimiento con el nombre de Virtudes. Perteneció al grupo inicial que originó la Congregación Hermanas de la Virgen María del Monte Carmelo. La Madre Teresa tomó el hábito junto a la Madre Elisea y otras seis hermanas el 6 de marzo de 1891 y profesando el 13 de marzo de 1892. Los nombres de las ocho hermanas aparecen en varios documentos primitivos de la Congregación. Estos nombres son: Josefa Vives Plá, Carmen Vives Plá, Teresa Bañón Amorós, Purificación Martínez Ros, Eufrasia Albertos Gramage, Elisea Oliver Molina, Magdalena de Pazzis Blanquer Rumeu, María Jesús Benavente Benavente.

Las Carmelitas de Orihuela

La Congregación Hermanas de la Virgen María del Monte Carmelo, Carmelitas de Orihuela, nació en Caudete (Albacete) y en el último año del siglo XIX marcharon al sur de Alicante: “Nuestra Congregación, agregada a la Orden de los Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, intenta vivir  allá donde está los valores fundamentales del carisma carmelita: la oración, la fraternidad y el servicio profético, desde una honda dimensión contemplativa. Igualmente participamos de una espiritualidad eliano-mariana (inspirada en el profeta Elías y en María, la madre de Dios) y profesamos según la Regla Carmelita (la “norma de vida” que Alberto de Jerusalén dio a los primeros eremitas del monte Carmelo en Tierra Santa) y nuestras constituciones (Cf.Const. Art. 34 y 82)”, explican.

La joven Virtudes, después Madre Teresa, ejerció el cargo de Consiliaria General. Fue la única de las ocho fundadoras de la orden que gozó de larga vida y que ayudó a Madre Elisea, maestra espiritual de la Congregación, en las funciones de gobierno. Al mismo tiempo pudo ser superiora local de las comunidades de Orihuela, Caudete, El Bonillo, Elda y Cieza. Como resaltan en la Congregación, “sabía ganarse el aprecio de la comunidad y de toda la gente del pueblo, por su carácter abierto y jovial y por la gran caridad con que ejerció su servicio a los enfermos, ancianos y a todos los pobres que requerían su atención y ayuda, mostrándose como una auténtica madre para todos”.

Casa Asilo de Cieza

Cieza fue su hogar hasta su fallecimiento, de hecho fue su última comunidad, la Casa Asilo de Cieza, donde falleció el 21 de abril de 1950. “El pueblo la sentía como algo propio. Fueron 31 años de servicio (1919-1950), en silenciosa y generosa entrega a los más necesitados”, recuerdan las Carmelitas.

Las autoridades locales solicitaron al gobernador que se le concediera el ingreso a la Orden de Beneficencia, y al Gobierno General de la Congregación que, cuando muriera, fuera enterrada en Cieza. Madre teresa murió antes de recibir el reconocimiento civil, pero su dedicación a Cieza le valió para ser parte de esta tierra, pues pudo ser enterrada aquí, aunque su cuerpo no se encuentra actualmente en la localidad. El 18 de enero de 1992 sus restos fueron trasladados a Orihuela, con ocasión de la Celebración del Centenario de fundación de la Congregación. Su cuerpo, otrora cargado de vida y virtud, se encuentra momificado. “La flexibilidad de la piel de sus manos, como la placidez de su rostro, impresionó a cuantos fueron testigos del acto de exhumación, para dejarlos donde hoy reposan, junto a Madre Elisea. El sentir unánime de cuantos más de cerca la trataron, es que ‘era una santa’”, escriben desde la Congregación.

Orden Civil de Beneficiencia

Se conserva en el Archivo General de la Región de Murcia el expediente para la concesión de la Orden Civil de Beneficencia a la Reverenda Madre Sor Teresa Bañón Amorós, fundadora del Asilo Hospital de Cieza. El ejemplar contiene varias hojas con firmas de los vecinos de Cieza en apoyo de la concesión.

En el diario Línea de 30 de septiembre de 1948 se publicaba un alegato resaltando las virtudes de la Madre Teresa: “Si alguna vez en una sola persona concurren circunstancias que la hacen acreedora de un homenaje popular, sin reservas de alguna clase no creemos equivocados en señalar categóricamente a la madre Teresa, digna de ello. Nadie ignora en nuestra ciudad la labor callada y abnegación que viene desarrollando esta religiosa ejemplar al frente del Asilo-Hospital de Cieza. Es difícil que haya alguien cualquiera que sea, que la haya tratado y no haya sentido el disfrute de sus bondades. Por su comportamiento humanitario y sin ejemplar se tiene ganadas las simpatías de todos los sectores sociales. Son muchísimos años de sacrificio los que lleva la Madre Teresa en la lucha que se tiene impuesta a favor de los necesitados. Y toda esta labor, al frente del Asilo de Cieza. Justo es que sea Cieza quien rinda homenaje con la participación amplia de todos los sectores sociales de la localidad. No creemos fuese mucho pedir para la Reverenda Madre que se solicitará por nuestras autoridades la concesión de la Cruz de Beneficencia. Y como no dudamos le sería concedida por sus méritos, suficientes, organizar en su día, con este motivo, el debido homenaje que podemos regalarle los buenos ciezanos”.

Un año antes de su fallecimiento en Línea, 23 de julio de 1949, se informaba de las diligencias para determinar la procedencia de ingreso en la Orden Civil de Beneficencia de la Reverenda Madre Sor Teresa Bañón Amorós, superiora del Asilo de Enfermos Pobres ‘La Caridad’ de Cieza, se hacía público para que se conocieran los hechos y circunstancias relacionadas con la propuesta formulada, y pudieran comparecer, personalmente o por escrito, ante el juez instructor del expediente, que fue José Guardiola, en el Gobierno Civil.

Durante casi 60 años de vida religiosa, Madre Teresa “dejó su impronta de servicio y presencia en toda la Congregación. Podemos decir que ella vivió la «espiritualidad de la sal» que da sabor al manjar con su presencia desapercibida, pero real y significativa. Fue una vida sin ruidos, pero muy fecunda”, homenajean sus hermanas Carmelitas.

En Línea, el 23 de abril de 1950, se daba noticia de su fallecimiento. Un viernes se apagó el cuerpo de Madre Teresa en el lugar que tanto cuidó, el Asilo de Enfermos pobres de ‘La Caridad’, donde desempeñó sus benéficos servicios como Superiora durante tres décadas. Su entierro fue “una verdadera demostración de cariño y simpatía con que cuentan las religiosas de este Asilo y particularmente la Madre fallecida”. Además de la corporación municipal de entonces, asistió la junta directiva del Asilo, y también numerosas religiosas de diferentes casas de la Congregación acompañadas de numeroso público.

 

 

 

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