La inutilidad de los indultos, según Diego J. García Molina

La inutilidad de los indultos

No he querido escribir sobre la medida de gracia aplicada por el gobierno a los secesionistas catalanes que infringieron la ley debido a que no terminaba de creerme que consumaran una decisión a todas luces injusta, además de inútil, como hemos podido comprobar incluso antes de que salieran de la cárcel. El sistema penitenciario español está claramente enfocado en la reinserción de los presos, no obstante, en este caso, ¿a qué tipo de reinserción se aspira? En el juicio dijeron claramente que lo volverían a hacer, y han salido de la trena afirmando que lo volverán a hacer, esta vez sin condicional. Además, que sepamos, tampoco ha negociado el gobierno ninguna contraprestación con ellos, pues, como ya se ha dicho, continuarán con su proceso por cauces ilegales, sin abandonar la vía unilateral, y el líder de ERC ya ha dicho que su indulto no está condicionado a la aprobación de los presupuestos de 2022, es decir, volverán a chantajear al gobierno en poco tiempo.

He ahí algunas de las razones por las que decir que la medida es inútil, de hecho, no entiendo por qué el gobierno no ha querido obtener ninguna cesión de parte del independentismo, por lo que solo se puede inferir que la claudicación ha sido motivada por el afán de apurar la legislatura. Arguyen los socialistas que es necesaria la concordia y el perdón, aunque empezaron diciendo que la sentencia de los jueces era por venganza, obviando el aforismo grabado en bronce por los romanos sed lex, dura lex, la ley es dura, pero es la ley; de obligatoria aplicación y sin importar la persona, la justicia es ciega, no puede variar en función de quien esté encausado. Si empezamos flaquear en estas convicciones los cimientos del estado de derecho se resquebrajan.

Por otro lado, echemos un vistazo a la historia, a ver si podemos obtener algún aprendizaje que nos ayude a entender esta situación. En la reciente española, tenemos un ejemplo claro, cuando el presidente Rodríguez Zapatero, en una entrevista, en respuesta a la pregunta “¿Se sentirá responsable si dentro de 10 años Cataluña inicia un proceso de ruptura con el Estado?” este contestó: “Dentro de 10 años España será más fuerte, Cataluña estará más integrada y usted y yo lo viviremos”. Nada más lejos de la realidad actual que esta profecía del aciago personaje. Todas las cesiones y privilegios ofrecidos a esta gente insaciable solo han servido para legitimarlos y envalentonarlos cada vez más.

El otro ejemplo lo tomaré del siglo pasado, a ver si alguien detecta alguna similitud. Se trata de un tipo que fundó un partido nacionalista (si) y dio un golpe de estado por el que fue encausado (también). En el juicio, para defenderse intentó poner en duda la legitimidad democrática de su país (otra coincidencia). Lo encerraron en una prisión donde recibió un trato privilegiado de los guardias, tenía habitación propia, le permitían visitas y correo, además de secretario (vaya, me suena). Al poco tiempo lo indultaron (como a nuestros “amigos”), aunque este fue un poco más listo y no insistió en el golpe de estado, aunque si en sus propósitos, cambiando de estrategia. Tras hacerse con el poder en su país, como buen nacionalista, inició una agresiva política exterior contra sus vecinos (seguimos). Las potencias europeas, en vez de tratarle con firmeza, en virtud de los acuerdos firmados tras la primera guerra mundial, se dedicaron a intentar apaciguarlo cediendo a todas sus peticiones (más de lo mismo), desembocando este error en la más mortífera de las guerras que ha sufrido el género humano. Al igual que con un hijo malcriado, permitir todos sus caprichos a la larga termina perjudicando a ambos.

Personalmente, si creyera que sacar de la cárcel a estas personas contribuiría a que admitieran su error e iban a volver a la senda de la legalidad no tendría inconveniente en que se les indultara, el tiempo pasado en prisión es suficiente castigo para cualquiera; sin embargo, su empecinamiento en fracturar la sociedad catalana, pues no olvidemos que la mitad de los catalanes no apoyan esta aventura, debe ser motivo suficiente para no bajar la guardia, esto no ha terminado aquí, como se empeñan en repetir. La falta de entendimiento y acuerdos entre los grandes partidos nacionales es un hándicap que la política española no termina de superar, dado que, si PP y PSOE quisieran, el nacionalismo se acababa de un plumazo. Su interés espurio en función de las circunstancias es lo que le insufla vida cada vez que está acabado, como ya pasó con el nacionalismo vasco en sus horas más bajas. Para hacérselo mirar, ellos y sus votantes.

 

 

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