La industria de capachos de Mariano Medina y el luctuoso suceso de un viajante ciezano

El industrial ciezano ayudó a un compañero de trabajo al que intentaron matar durante un robo

Pascual Santos López

La historia del industrial Mariano Medina Nicolás nos retrotrae a la Cieza de principios del siglo XX. En 1901 frecuenta y viaja a Cieza, desde Murcia, el joven Mariano. Es posible que ya conociera a la que sería su futura esposa, María Capdevila. Dos años después lo encontramos como auxiliar de recaudación de contribuciones de la zona de Lorca. Aunque unos años más tarde tenemos noticias de que es empleado del industrial Jesús Massa Piñera, importante fabricante en Cieza de capachos de esparto. Es precisamente en junio de 1910 cuando se vería envuelto en un desgraciado suceso que tuvo en vilo a todo el pueblo de Cieza durante varios días. Le ocurrió a un viajante compañero suyo en la empresa de Jesús Massa, que se encontraba en Lérida cerrando unos pedidos con algunos clientes. Intentaremos describir la noticia tal y como la percibieron los lectores de Lérida, Cieza y Murcia en los periódicos locales y regionales.

Se recibe un telegrama en Cieza

El lunes 23 de mayo de 1910 Jesús Massa recibía desde Lérida un telegrama que le causaba terrible impresión: “Viajante Gaspar Martínez, robado y herido. Es conveniente póngase en camino. Estado grave. Suplica no avisen familia”. Esa misma noche Massa y su empleado Mariano Medina cogían el tren correo para ayudar a su compañero. Ese mismo lunes El Liberal de Murcia, que se repartía a partir de las tres de la tarde, difunde el extraño suceso en Cieza, produciendo una muy penosa impresión a sus amigos y sobre todo a la familia, que quedaba sobrecogida. Mientras que al mismo tiempo se reciben por telégrafo noticias tranquilizadoras, asegurando no correr peligro la vida de nuestro paisano.

Los hechos

Gaspar Martínez Argudo, de 32 años, ocupaba una habitación desde hacía días en la fonda antigua del Jardín de Lérida. La noche del sábado 21 de mayo de 1910 se acostó sobre las doce, después de haber dado un paseo con el dueño, señor Montagut. Se quedó dormido después de leer una novela y al poco se despertó al sentir una cuchillada en el cuello, dándose cuenta que un hombre joven intentaba asesinarlo con un cuchillo. Como pudo se incorporó y luchó contra su atacante que parecía ser más débil que él a pesar de la pérdida de sangre que manchaba la habitación. El criminal abrió la puerta y huyó escaleras arriba perseguido por Martínez, aunque éste no pudo continuar por la debilidad que sentía. Despertaron los huéspedes y el dueño de la fonda, que evitó que el atacante escapara por la escalera de la cuadra, llegando a escapar por el tejado. Alertada la policía acordonaron la zona y consiguieron atrapar al ladrón todo ensangrentado con el botín y el cuchillo.

En el interrogatorio dijo llamarse Antonio Massiá de 18 años, natural de Aransís, partido de Tremp en la provincia de Lérida y llevaba allí sólo dos días. Al parecer, sobre las ocho y media de la tarde se había introducido en la habitación, aprovechando que las limpiadoras tenían la puerta abierta y se escondió debajo de la cama. Sobre las dos de la madrugada salió y registro las ropas de Martínez cogiendo 850 pesetas en billetes, 14 pesetas en metálico, el reloj y la cartera con facturas y cartas comerciales, que guardó en un hatillo dentro de la faja. Por algún movimiento del durmiente pensó que despertaba y le agredió, causándole 25 heridas, que resultaron no ser tan graves como al principio se temía. El agresor fue puesto a disposición de la Guardia Civil, siendo trasladado al juzgado y después a la cárcel, costando gran trabajo evitar que el público lo linchara, que pedía a gritos que lo mataran por tan vil acción.

Estado del herido

Afortunadamente, y a pesar de la pérdida de sangre, a Gaspar Martínez se le practicaron los primeros auxilios por el médico forense y fue trasladado al hospital por la Cruz Roja, donde se le atendió hasta estar en relativo buen estado, pero de pronóstico reservado. Aunque en la noticia del 29 de mayo se confiaba en su pronta curación. De hecho, en el periódico de Murcia del 2 de junio ya se esperaba que Martínez pronto se trasladaría a Cieza. Toda Lérida condenaba el ataque, que jamás se había cometido allí de forma tan perversa, estando pendiente de la recuperación de Martínez, que suplicaba a los medios le dieran las gracias a todo el pueblo leridano por su ayuda y el interés que habían demostrado hacia su persona. Además de agradecer la unánime protesta que se reflejaba en todos los corazones y la labor de las autoridades que con el mayor celo atraparon al criminal a las cinco y media de la mañana. Cieza entera se interesó por la suerte de nuestro paisano, demandando noticias de su estado. El periódico daba las gracias a los pueblos de Cieza y Lérida por el interés mostrado y daba las últimas noticias que la familia de Massa les había enviado, asegurando que en muy breve plazo “el honrado viajante y paisano querido” tendría la alegría de abrazar a los suyos.

La industria de Mariano Medina

Ya hemos visto como el industrial Mariano Medina Nicolás se vio envuelto en este suceso que tuvo final feliz. Pero unos años después, en 1917 fue votado para la junta municipal de Cieza, cuando regentaba un café económico, y al año siguiente ya tiene su propia empresa para la fabricación y venta de productos de esparto de todas clases, obra labrada de esparto y, sobre todo, capachos de esparto, registrando una marca de fábrica y comercio que consiste en una estrella de seis puntas y una media luna con la leyenda en francés ‘Marque deposèe’, probablemente pensando con acierto en mercados extranjeros, sobre todo del norte de África, de ahí la media luna y la leyenda en francés. De hecho, en 1926 se anunciaba como fábrica de capachos de esparto para prensas de molinos aceiteros, especializada en la exportación al extranjero.

Tanto es así, que en 1932 encontramos su nombre en el Registro Oficial de Exportadores con el número 3.336, donde aparece domiciliado en la calle Puigcerver, 23 de Cieza. Lástima que al año siguiente “víctima de penosa y rápida dolencia” fallecía Mariano Medina Nicolás a los 53 años. Según la prensa, la muerte fue sentida por todo el pueblo, acompañando al industrial hasta el cementerio muchas personalidades y multitud de gente.

 

 

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