La gestión del Gobierno de España, según Andrés Martínez

La gestión del Gobierno de España

Suponiendo que la crisis sanitaria se ha gestionado con buena fe, que ya es mucho suponer, lo que queda claro es que el éxito o fracaso en otros países no estriba en el mayor empleo de recursos públicos y sí en la eficiencia de sus responsables políticos. Esto ya debería ser suficiente para que el pueblo español y los partidos políticos entendieran que la ideología imperante no funciona a la hora de resolver problemas sanitarios, ni económicos, con lo cual queda demostrado que se están destinando ingentes cantidades de recursos públicos (impuestos) a financiar miles de entidades carentes de interés social (cada día se suicidan en España 10 personas y nunca he visto a los políticos preocupados por semejante desastre).

Hay estudios que demuestran el exacerbado gasto político en España, a todos los niveles, que no para de crecer y cuyo más claro ejemplo es el actual gobierno de España, aunque también gobiernos autonómicos y municipales de todo color. Ante este verdadero expolio al que se somete al pueblo español, afirman, los que se reparten el pastel, que hay que pagar más por interés social, cuando ya saben que trabajamos dos terceras partes de nuestra vida pagar impuestos.

Por interés social y por necesidad imperiosa urge que esta crisis la paguen exclusivamente los que la han generado, y no hablo de la crisis sanitaria, sino de la brutal crisis de deuda pública en la que nos han sumido todos los que se han estado repartiendo el poder y la pasta, a la que son incapaces de poner fin, más bien todo lo contrario.
Urge eliminar decenas de miles de cargos públicos, entes carentes de interés social, eliminar subvenciones políticas e ideológicas y todo lo que conlleva priorizar las ideologías sobre el interés general, que es a lo que se están dedicando aún después del desastre humanitario que hemos sufrido, cifrando en más de 100.000 millones los gastos totalmente superfluos e innecesarios. A la vez que reducimos los presupuestos públicos a todos los niveles, urge emular lo que están haciendo otros países, esto es, reducir impuestos, bajándolos todos, favoreciendo el consumo, la inversión y la creación de puestos de trabajo.

Evitar por todos los medios la intervención pública, permitiendo que funcione el mercado, generando confianza con lo que atraeremos la inversión, que a día de hoy sigue abandonando España (inversión extranjera y española). Urge abaratar el precio de la electricidad y la energía en general para evitar el desmantelamiento industrial y favorecer el establecimiento de industrias, priorizando el empleo y el desarrollo sobre la ideología, Así se fomenta un mayor desarrollo industrial que permitirá implementar tecnologías cada vez más limpias y sostenibles, sin que tenga que interferir ningún gobierno en esto. La única manera de que España no entre en una espiral ruinosa es romper este círculo vicioso de gasto innecesario, déficit, deuda e impuestos; volviendo a ser un mercado único, sin trabas burocráticas, utilizando y optimizando nuestros recursos naturales y promoviendo el empleo y el desarrollo, para que los que realmente no pueden valerse por sí mismos no queden a merced de la miseria.

Se trata de escoger entre la postración, la sumisión ante unos gobernantes inoperantes e indecentes, la descomposición de nuestra nación, vendida a unas ideologías perniciosas por gente sin principios ni escrúpulos; o la vuelta a la cordura, al sentido común, a la solidaridad entre españoles, al desarrollo y a la esperanza en un futuro prometedor y compartido para toda España.

 

 

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