La figura de Julio Anguita a través del prisma de Diego J. García Molina

Un hombre honesto

El pasado fin de semana murió Julio Anguita. Un hombre honesto ante todo; un político fiel a sus ideas. Yo lo definí conversando con unos amigos como el último comunista cuerdo, significando que ha sido consecuente con esas ideas. Los restos de aquel partido comunista fundamental en la transición a la democracia desde la dictadura solo se dedica a repetir consignas trasnochadas mientras actúa haciendo lo contrario que predica. Tengo que confesar que Anguita fue uno de mis referentes en mis primeros coqueteos con la política, o quizás, “el referente”. En aquellos tiempos de juventud con ideales, con una segunda república idealizada, un franquismo demonizado, un PSOE rampante y una derecha en recomposición, su Izquierda Unida parecía un refugio seguro donde depositar el voto. Fue persona vehemente en sus discursos, que llamaba la atención. Respetado desde casi todos los ámbitos de la política y de la sociedad por su trayectoria intachable y rectitud. Con los actos por delante de las palabras, su famoso programa, programa, programa. Con toda la razón pues ya olvidamos que la mayoría de políticos se dedican a hablar y prometer para luego hacer lo que les viene en gana, no se molestan en justificar sus cambios de criterio ni tienen reparos en mentir.

Se mantuvo distanciado de todo lo que significaba el felipismo en aquel momento, en su decadencia, cuando los logros de sus primeros años de gobierno habían dejado paso a los casos de corrupción y como máximo exponente aquel GAL que mancharía el nombre y la legitimidad de la lucha contra el terrorismo de nuestro país. Julio Anguita fue el primero que se atrevió a asignarle la responsabilidad que le correspondía a Felipe González, identificándole como el señor X, y que este nunca le perdonó. Tanto resquemor le cogió que famosa fue aquella salida de tono del sevillano calificando al cordobés como la misma mierda que Aznar. Por su famosa pinza con este último. Creo que no se comprendió aquella actitud aplicando aquella máxima de Churchill quien dijo que “si Hitler invadiese el infierno, yo haría por lo menos una referencia favorable al diablo en la Cámara de los Comunes”. A pesar de que lo justificó sobradamente, siempre combatiría las políticas de la derecha, sin embargo, en aquel momento consideraba que el PSOE se había acomodado y adoptado algunas de las políticas que se asocian a esta derecha. También fue un hombre valiente, no solo en el ámbito político sino también en el personal. Amenazado por ETA, y quien sabe por quién más, siempre se negó a aceptar escolta; es por esa cualidad que estaba dispuesto a vender cara su vida, y portaba una pistola encima con todos los permisos en regla, eso sí. De la izquierda regionalista vasca afín al terrorismo dijo que “había que reducir a escombros a HB” o que “los que torturan como nazis son ETA y HB” poniéndose de esa forma en la diana de la banda terrorista.

Los años han pasado, para todos, y el califa rojo, como fue denominado por sus años como alcalde de la antigua capital del califato Omeya, quedó apartado de la política activa tras un par de infartos, problemas de corazón que finalmente ha acabado con él. Sus opiniones cada vez eran tenidas menos en cuenta y la irrupción de una nueva izquierda populista terminó de expulsarle del panorama político. Por mi parte, la repulsa al voto a los grandes partidos PP y PSOE continúa, refrendado por 25 años de errores y huida hacia adelante que nos ha llevado a la situación actual. Tras mucho estudiar la evolución de la política española ha caído el mito de la segunda república, no hay que más leer las propias declaraciones de los protagonistas de aquellos tiempos en sus memorias o diarios para escuchar la confesión de sus fallos y equivocaciones que acabaron con aquella oportunidad, Azaña, Alcalá-Zamora, Indalecio Prieto o los propios discursos de Largo Caballero, entre otros. Desgraciadamente, gracias a políticos indignos hemos vuelto al clima de confrontación entre españoles que también se dio a lo largo del siglo XIX tras la guerra de independencia al francés.

He leído que a Julio Anguita le causó gran conmoción el desmoronamiento de la URSS. Para mí ese fue su gran error. No es que quiera poner un pero a su trayectoria y acción política, muy respetable, no obstante, si me parece que su esfuerzo tuvo un medio equivocado: el comunismo. ¿Alguien en su sano juicio puede defender todavía este modelo de estado? ¿Cambiaría vivir en Cuba por vivir en Estados Unidos? ¿China por Japón? ¿La antigua URSS por la Rusia actual, aunque tengan los rusos que soportar a Putin? ¿La Alemania del este por la actual Alemania? ¿El espejo antagónico sangrante de las dos Coreas? Hemos visto el efecto que ha tenido en un país rico en recursos como Venezuela en unos pocos años.  El comunismo no ha funcionado en ningún país donde ha sido aplicado y es absurdo continuar insistiendo en un sistema erróneo, el hombre no es hormiga y nunca va a aceptar ni se va a sentir cómodo en un modelo uniformador y totalitario. Aparte de ser nefasto económicamente. Hasta China ha tenido que cambiar su economía a un sistema capitalista. ¿No se puede luchar por los derechos sociales, la igualdad de oportunidades y un modelo económico justo, pero productivo, fuera del comunismo o socialismo? Yo creo que sí y lo defenderé siempre. Hubiera estado bonito que en aquel momento, en que Rosa Díez se desgajó del PSOE creando UPYD, Julio Anguita se uniera a aquel ilusionante proyecto trasversal; un partido que se centra sin condicionamiento en los problemas reales políticos y sociales que aquejan a este país, sin miramientos ni obcecamientos de ideología. Soñar no cuesta, y aunque el pasado no se puede cambiar, se puede aprender mucho de su análisis. Descanse en paz don Julio Anguita González, un hombre honesto.

 

 

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