La esperanza tras el Covid-19, según Diego J. García Molina

Esperanza

¿Y ahora qué sucederá? ¿Qué actitud tomamos? ¿Qué futuro nos espera? Creo que son estas algunas de las muchas preguntas que nos hacemos los españoles en este momento donde empezamos a ver la luz al final del encierro al que nos ha sometido el gobierno con el objetivo de limitar los efectos del Covid-19 o coronavirus. No hace falta decir que este confinamiento era indispensable para la contención de la enfermedad. La pandemia parece que está remitiendo en nuestro país y los muertos diarios se cuentan apenas por un centenar. Quien nos iba a decir que nos alegraríamos porque “solo” murieran un centenar de compatriotas en un solo día, no obstante, comparándolo con los más de mil que fallecían hace tan solo un par de semanas nos parece tranquilizador. Con respecto al futuro inmediato, creo que el estado de alarma no debe extenderse en el tiempo más allá de este mes de mayo, dos meses y medio. El país debe recobrar la actividad y como mucho debería mantenerse en algún territorio que especialmente así lo requiera. El ejecutivo ha priorizado la salud frente a la estructura económica nacional, pero si la parálisis se alarga es posible que los daños sean irreparables, sobre todo en uno de los pilares de nuestra economía: el turismo.

El problema principal que yo detecto es que este gobierno, debido a los innumerables fallos y malas decisiones que ha tomado durante esta crisis, además de los burdos intentos de escamotearlos a la sociedad, con el añadido de su falta de empatía con los afectados, les impide ver la realidad de la situación y, por tanto, les dificulta enormemente la toma de decisiones. Cuando uno se ha equivocado, en la siguiente decisión surge la duda, y para un liderazgo eficaz se requiere de firmeza y seguridad en la toma de decisiones. Un gobierno débil y que duda de su capacidad es fácil presa del error. Miremos solamente el caso del ministerio de Sanidad; quizás por cumplir con la cuota catalana del PSC se nombró ministro a un licenciado de Filosofía cuyos cargos ejercidos en política han sido de alcalde de La Roca del Vallés, ciudad de apenas 10.000 habitantes, y director general de Gestión de Infraestructuras del Departamento de Justicia de la Generalidad de 2005 a 2009. Parecía este ministerio un destino cómodo al estar vacío de atribuciones, ya que las competencias de Sanidad están transferidas a las Comunidades Autónomas, sin embargo, quien se iba a esperar esta crisis sanitaria sin precedentes. El hombre se ha visto superado en todas sus comparecencias, incapaz de argumentar respuestas coherentes e ignorante sobre este sector tan específico, como no podría ser de otra manera por sus estudios y experiencia. Desde el decreto de alarma suyo era el mando único sobre todas las comunidades, y aun así, su desempeño ha sido francamente insatisfactorio.

No pido la dimisión en bloque, pues unas elecciones ahora sería una locura, si bien alguno de sus miembros, aunque fuera por un poco de decencia y amor propio debería dejar su puesto a alguien más válido, con un perfil más técnico para paliar, en la medida de lo posible, la crisis económica que se nos viene encima. Las previsiones del propio ejecutivo son de un déficit del 10,34%, que el paro se dispare al 19%, y la deuda alcance un escalofriante 115,5%, por lo que conociendo la propensión al engaño de este gobierno las cifras deben ser mucho más elevadas.

En Italia han situado al ex director ejecutivo a nivel mundial del Grupo Vodafone al frente del equipo de reconstrucción nacional, un grupo de trabajo con expertos de distintas áreas. Aquí sería algo impensable. El ministro de Interior Fernando Grande-Marlaska ya reconoce que podrían haberlo hecho mejor, algo evidente; aunque siempre ponen la famosa coletilla de nadie se esperaba lo sucedido, o como dijo ayer, que fue algo que se encontraron “de la noche a la mañana” sin capacidad de reacción; no es cierto. La extensión de la enfermedad en China se conocía meses antes de su llegada a España, así como su rápida capacidad de contagio; y en el momento en que se vio la situación en Italia, que pudo haber sido perfectamente nuestro país, debía haber sido el momento de reaccionar. Recibimos advertencias de la Organización Mundial de la Salud y el gobierno tiene su responsabilidad, no están ahí por figurar, son responsables de nuestra administración y seguridad. Que en otros sitios lo hayan hecho también mal no es alivio, ya lo dice el refrán: mal de muchos, consuelo de tontos. A mi no me supone ningún bálsamo que en el resto de países hubieran tenido el doble de afectados. Me importa lo sucedido en mi país, es aquí donde tengo que pedir explicaciones y, si se ha producido alguna negligencia, reclamar las consecuencias que correspondan.

Con respecto al futuro, sinceramente, lo veo esperanzador, no contemplo el concepto “nueva normalidad” que utiliza el gobierno, para mí solo es admisible volver a la vida que teníamos, no podemos permitir la pérdida de derechos y libertades bajo ningún concepto. Científicos de Corea del Sur han confirmado que las personas que han pasado la enfermedad no vuelven a contagiarse. Se trata de una magnífica noticia; a menos que el virus mute, poco a poco la población mundial se ira inmunizando y con la pronta llegada de la vacuna esta pandemia no será más que un mal recuerdo. La llegada de las altas temperaturas también ayudará a dificultar el contagio y las precauciones que seguiremos tomando harán el resto. De las crisis sale la sociedad fortalecida y en este caso no será distinto: trabajemos duro para ello.

 

 

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