La esencia del patriotismo, según María Bernal

La esencia del patriotismo

Sin piedad ni remordimiento alguno, el 18 de agosto de 1936, el fanatismo de los adeptos al régimen franquista ocultó al poeta de la cultura gitana y del cante jondo y a un español que en la bandera de la libertad bordó el amor más grande de su vida. Un 18 de agosto con el único testimonio de la luna del Romancero gitano, símbolo de la muerte, la literatura española se tiñó de negro como lo harían Bernarda Alba y sus hijas en una de las obras teatrales del poeta español más universal,  Federico García Lorca.

Entre muchos sentimientos, emociones y temas recurrentes como son la libertad o el amor, de la literatura y de la actitud de Lorca se puede extraer un entrañable y legítimo significado de patriotismo que a mí me gusta y con el que me identifico como persona que desea la unión de su país a base de toques de cultura, de naturaleza, de literatura, de valentía y de la lengua que tanto nos representa, aunque algunos cínicos nos hagan creer que va a desaparecer; pero no a base del extremismo cuya misión es seleccionar y clasificar solo a los patriotas de la bandera,  aunque esto suponga denigrar a otras personas como homosexuales o inmigrantes (y en sus discursos lo ponen de manifiesto) con los que no casan, y aunque esto suponga que nos despojen de los sectores públicos que tanto nos merecemos los ciudadanos españoles.

García Lorca fue, es y será igual o más patriota que todos los ignorantes que ahora se colocan la bandera hasta en la ropa interior para demostrar que, lejos de luchar verdaderamente por su país, pretenden convencer a los ciudadanos que no leen prensa ni escuchan la radio (evidentemente, son más susceptibles de persuadir), a través de un  populismo desconcertado; ya que seamos realistas: perseguir y privatizar no son dos acciones que defienden al pueblo. Ahí es cuando muere el patriotismo hipócrita que ellos predican.

Cuando a mucha gente solo le faltó armar una segunda Guerra Civil (y esto sí es preocupante) por la decisión de exhumar los restos de Franco para ser trasladado junto a los de su esposa, y así descansar todavía más en paz, los restos de  García Lorca todavía no han recibido la sepultura que merecen. Sí, fue arrojado a una fosa por rojo y maricón y España le debe la tumba que tan entre algodones sí recibió, por ejemplo, el dictador. El ímpetu patriota de García Lorca murió, pero llegaría años después a través de sus letras.

Que haya cada vez más personas que se sienten conmovidas por hechos como el mencionado anteriormente y por el discurso de la extrema derecha al creer que son auténticos patriotas por airear la bandera como si fuera la solución a todos los problemas habidos y por haber, muestra el nivel cultural de nuestra población.

Escuchando los discursos de la ultraderecha se deduce claramente la intención de “hacer leña del árbol caído”, buscando el mínimo pretexto para generar un problema que no existe  y sacudir así al adversario, de tal manera que,  cada vez que hablan,  lo que es una trivialidad se convierte  en un asunto enrevesado a través del discurso insensato. Presumir de ser un patriota puro responde al comportamiento típico de un ser en que el sentido común es inexistente.

Patriota no es el que alardea “viva España “; patriota no es el que se cuelga la bandera en la espalda (menuda hartura tenemos con este tema); patriota no es aquel que dice una y mil veces que lo es. No, ni mucho menos. El patriota integral es el que con sus hechos resuelve problemas, el que con sus palabras respeta a todos los ciudadanos, independientemente de quiénes sean; el que ayuda sin esperar nada a cambio y el que respeta la libertad de elección por la felicidad de todos.

Por eso no nos equivoquemos; los representantes políticos de la ultraderecha no son patriotas comprometidos, sino patriotas convenidos. A estas alturas, no nos van a dar lecciones de fidelidad a la patria cuando Lorca, por ejemplo, sí las expresó y las demostró.

Recordemos el ensayo que escribió con tan solo diecinueve años titulado El patriotismo, en el que deja claro lo que para él significa esta palabra: “El patriotismo es uno de los grandes crímenes de la humanidad porque de sus senos podridos por el mal surgen los monstruos de la guerra”. El escritor, un patriota integral, a diferencia de los del siglo XXI, detestaba al español que decía ser español y nada más, porque de ese pensamiento surge la maldad del ser humano.

No nos dejamos engañar por estos discursos de pacotilla. En mi opinión, pretenden sepultar la esencia libre y plural del patriotismo, y al igual que hace setenta y cuatro años los escuadrones del fascismo silenciaron con una traición desmesurada  la voz que amaba a España, las costumbres de su cultura, así como a todos los ciudadanos; ahora los políticos de la extrema derecha pretenden apropiarse de una patria que no se merecen, ni les corresponde por hacer descaradamente un sermón plagado de rencor e inquina, realidades que jamás fueron manifestadas por Federico García Lorca.

 

 

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