La decadencia está servida, por María Bernal

La decadencia está servida

Conforme pasan los días, la decadencia humana está más cerca. Es como si empezáramos a vivir una especie de Apocalipsis, aunque de momento no hayan llegado los cuatro jinetes.

Lo he escrito muchas veces en redes sociales: cuando creía que en el mundo solo había un pequeño grupo de idiotas, estos van y empiezan a multiplicarse a un ritmo vertiginoso.

Joder, que aún no somos capaces de entender, asimilar y actuar en consecuencia ante un virus letal para todas las personas. Al principio, solo era perjudicial para las personas mayores y para gente con patologías, pero después se ha podido comprobar que amenaza y aniquila a todos por igual.

Nadie lo esperaba, aunque haya teorías conspiranoicas que están perturbando las mentes de unos mal nacidos que, por culpa de sus cabezas llenas de serrín, están volviendo a complicar la situación; y en lugar de comportarse como dictan las leyes, están haciendo lo que les sale de las pelotas. Así nos va.

Este espectáculo es España, un lugar que es un paraíso para vivir por su cultura, por sus paisajes, por su gastronomía y por su buena gente; pero del que ahora, cuando todo se está volviendo otra vez crítico, se está dando una imagen esperpéntica. El rebrotar de unos indeseables está poniéndole al país el sello de la degradación máxima.

Hay una chulería, prepotencia y rebeldía contra la legislación que debería haber sido erradicada desde el primer intento de actuar de estos gilipollas en contra del sistema. Cuando digo intervenir, me refiero a penas que vayan  más allá de las económicas, esas que cortan de raíz un problema; porque parece ser que el hecho de que te toquen el bolsillo ya no es una preocupación para esta gentuza.

Pero claro, con el rollo de los derechos del ciudadano, se tiene que seguir un dichoso protocolo de actuación,  el cual se demora tanto que, al final lo que tendría que haber sido un severo escarmiento, acaba en una simple advertencia.

¿Tiene derecho una persona a hacer lo que le dé la real gana poniendo en peligro la vida de los que están cumpliendo la ley?  Y se agarran a la libertad de expresión y actuación solo cuando les conviene. A mí me gustaría ver a todos los manifestantes de Colón sufriendo lo que han padecido sanitarios y enfermos. Y sí, a mí no me dan pena alguna si se contagian. A fin de cuentas, en esta vida tenemos lo que buscamos.

El problema de lo que sucedió el pasado domingo en Madrid durante la concentración de los protestantes contra el uso de la mascarilla, que sin conocimiento de causa se quejaban de las medidas anticovid, es fruto de una serie de evidencias.

Por un lado, está la nula inteligencia que,  junto a las provocaciones de muchos políticos, propicia el escenario perfecto para aquella estrategia capaz de asegurar el descontrol de la pandemia y, en consecuencia, obtener ese voto tan crucial para ellos. He ahí lo que les podemos llegar a importar a esos políticos a los que tanto se les defiende, porque sus votantes no son capaces de ampliar su pensamiento y creen que si los suyos estuvieran en el poder nada de lo que hemos vivido se hubiera producido.

Por otro lado, opinemos sobre la falta de respeto que han mostrado los borregos hacia los médicos. Gritaban la palabra “libertad” como si los tuvieran presos en sus casas. Ellos sí que con sus lindeces condenan a los sanitarios a un calvario difícil de superar, porque lo de que son héroes queda muy bonito para la ficción. Pero la realidad nos dice todo lo contrario, y estamos agotando sus depósitos de entereza. Así que las próximas palmas, dejadlas para aplaudíroslas vosotros en vuestra propia cara.

Somos el hazmerreír del mundo por culpa de la insensibilidad de muchos de sus ciudadanos, esos que han insultado la memoria de los fallecidos y de los afortunados que han salvado su vida y nos han dicho a viva voz, a través de testimonios, que esto no se trata de una broma, aunque haya cerebritos del mundo de la música que os hayan convencido.

Recordemos el caso de Marc, el joven de 34 años que estuvo en la UCI noventa días y ahora se recupera de unas secuelas severas. En un principio, sus síntomas fueron leves, pero después la fiebre derivó en una neumonía con trombo pulmonar. Pero ahí están los listos de turno que dicen que nos están engañando. ¿Esto es una broma? Incompetentes.

Me dan pena los sanitarios, a los que habéis obligado a hacer un pacto con el diablo vendiéndole su salud física y emocional a cambio de que la población cambie. Por tanto, lo tienen todo perdido.

Después de ver la canallada en la Plaza Colón no se le puede dar credibilidad a la especie humana, esa que ha cometido el mayor atentado contra todos los que se están jugando la vida para que el resto esté a salvo.

 

 

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