La Cosa Nostra, por José Antonio Vergara Parra

La Cosa Nostra

“Si tenéis la fuerza,

nos queda el Derecho”

(Victor Hugo)

Mucho se ha hablado, y con razón, de la influencia de la filosofía griega y la religión cristiana en la cultura occidental pero se omite el influjo universal de la cosa nostra, oriunda de la mayor isla del Mediterráneo: Sicilia. Tal fue su pujanza que, con endiablada celeridad, se extendió a diestra y siniestra, a occidente y oriente. No hay lugar, al que mire la rosa de los vientos, libre del hampa.

Otrora, la mafia se servía del soborno, el miedo y la muerte. Los tiempos han cambiado y con ellos las organizaciones criminales, al menos en los países civilizados. Se han vuelto sutiles aunque no han perdido un ápice de efectividad y poder de convicción. Por otros lares más licenciosos tiran del suicidio asistido; es decir, suicidan a quien estorba convirtiendo un verbo reflexivo en recíproco. Quirúrgicos que son los angelitos.

Por estas anchurosas tierras ya no matan. De momento. Lo estiman innecesario y pringoso. Han cambiado el Lincoln Continental por el coche oficial con chófer incluido. El soborno permanece pues los estómagos y plumas agradecidas son ineludibles para garantizarse apoyos y propagar las patrañas de sus mecenas. Son listos los jodíos pues compran voluntades con dinero público. Sí. El vuestro, el mío, el de todos. Y tan baldragas somos que tocan a maitines y, como corderitos lechales, acudimos raudos a las urnas para refrendar el delito y la indecencia. He de excluirme de esta reflexión verbalizada en primera persona del plural pues hace tiempo que dejé de consumar tamaña rendición. Me han timado como a todos pero, descubierto el engaño, uno y no más.

Mienten como bellacos, con desvergüenza, sin enrojecer, con fruición y desmesura. Preservan la sonrisa incluso tras ser descubiertos. Ríen porque no devolverán la pasta, de ninguna manera, y porque de ennegrecerse el horizonte para ellos, siempre podrán utilizar el comodín. Conocen lo no sumariado del UNO, como lo supieron de la X y del eme.punto, o del Cochises de turno. Puede que hasta algún cantautor cachondo les dedique una canción pues en este país nuestro la línea que divide el crimen execrable de la picaresca amable es muy delgada ¡Qué tiempos aquellos en los que Curro Jiménez trincaba a los ricos para redistribuir la bolsa entre los menesterosos!

Corren días de impostura. Distintas estéticas y  dispares señuelos dialécticos pero una finalidad compartida: el expolio del dinero público para enriquecimiento personal y de la famiglia; di scontato.

Roban a mansalva, a granel, cuanto pueden. Roban, que no sisan, pues quebrantan la ética hasta reducirla a fosfatina. Tienen un fin aunque no principios: enriquecerse a toda costa y por cualquier medio. En política las oportunidades de negocio son fabulosas. Sus Señorías se aferran al sillón como percebes a la roca. En las plusvalías urbanísticas y en el apaño y adjudicación de contratos públicos anida  El Dorado. Comisiones por aquí y por allá que se comen un pellizco del presupuesto. Se calcula que el coste económico anual de la corrupción en España es de unos 40.000 millones de euros; lo que representa el 21% de la partida destinada al pago de las pensiones en España (190.684 millones de euros en 2023) ¿Entienden la magnitud del problema?

No debemos ser optimistas pues los antecedentes, tercos como una mula, no invitan a la esperanza. Los dos grandes partidos de España, pese a una teatralizada hostilidad, sellan acuerdos cuando de esconder la boñiga se trata ¿Por qué, si no, vetaron una comisión en el Congreso de los Diputados para esclarecer el uso de tarjetas negras por el Rey Emérito? ¿U otra por el presunto cobro de comisiones tras la venta opaca de armas a países no democráticos? ¿Acaso sus señorías no quieren saber si la discreción de los amoríos del Emérito fue comprada con dinero público? ¿O es que ya lo saben y no quieren verse salpicados por haber autorizado los pagos? Los fondos reservados han de servir para preservar y garantizar la defensa  y seguridad del Estado. Punto. Y a quien le guste el güisqui con virtuosas y lucecitas de colores, que pague la cuenta como todo hijo de vecino.

¿Todos los políticos son corruptos? No. En absoluto. Pero dejan de serlo en el momento en el que encubren los latrocinios de los suyos. Porque callan, porque aplauden y jalean la procacidad, porque con sus escaños impiden el esclarecimiento de los hechos y porque no echan de una patada a los ladrones. La afinidad ideológica y la libre adhesión a una disciplina de partido alcanzada de forma democrática, en modo alguno han de servir para cobijar la corrupción. De incurrir en esa ignominia, la democracia representativa queda relegada a una mera partitocracia o, como describiera González Fernández de la Mora, a “una forma de Estado en que las oligarquías partidistas asumen la soberanía efectiva.” De tal forma que la soberanía popular (origen, razón y fin de toda democracia real) es secuestrada por los propios mandatarios salidos de las urnas. Y eso tiene un nombre: TRAICIÓN.

Mas la tormenta sería imperfecta sin la colaboración ciudadana. Lamento ser duro pero esquivar la verdad es una forma de capitulación intelectual. La lógica del sinvergüenza, aun despreciable, es comprensible pero el refrendo popular a partidos salpicados de corrupción, mentiras flagrantes y alianzas abyectas no tiene pies ni cabeza. Me refiero a esas legiones de incondicionales que, aunque la tierra se derrumbara a sus pies, votarían sí y sólo sí a los suyos ¿Qué parte del sí no han entendido? En una sociedad medianamente ilustrada y, por tanto, libre, las sandeces y propaganda de cualquier gobierno durarían lo que medio telediario. Razón por la cual, las sucesivas administraciones han depauperado la educación pública hasta niveles muy preocupantes. No se dejen engañar por las apariencias pues tanto los bienplanchados como los de la pana matriculan a sus vástagos en PRIVADÍSIMOS, CARÍSIMOS Y EXCLUSIVÍSIMOS LICEOS CUATRILÍNGÜES.

Debo ser algo ingenuo pues creo que la libertad sin responsabilidad es una ofensa hacia los que conquistaron las libertadas para nosotros. La democracia es fuerte; dicen. Pero los canallas gatean por sus grietas para destruirla desde dentro. En realidad no defienden nada, no abanderan ideas posibles y necesarias. Son faranduleros de muy baja estofa que, para bienvivir del cuento, necesitan de vendettas y odios que, naturalmente, inoculan a la sociedad española. Reinterpretar la Historia a los ojos del presente constituye un disparate propio de insidiosos. No queda ahí la cosa pues a tan capciosa exégesis habremos de añadir la ocultación o falseamiento de los hitos precedentes a la parte de la Historia tratada.

He de reconocer que dicha estrategia, que se orea cuando las encuestas (pese a Tezanos) son desalentadoras, ha funcionado, funciona y seguirá haciéndolo. Millones de españoles creen que la II República Española fue algo así como la arcadia de la democracia cuando lo cierto es que arrastró al país a una inevitable, fratricida y penosa contienda entre hermanos. Y en esa estamos. Españoles y españolas nacidos en democracia, desconocedores de nuestra Historia más cercana, que se odian por acontecimientos vividos por sus bisabuelos. De poco o nada sirvió la paz y el perdón alcanzado por los propios protagonistas, pues trileros sin ideas y con muy mala baba se encargarían de enfrentar a los españoles para beneficio propio.

Una vez fui juancarlista pero ahora soy más de república libre de numeración ordinal. Estoy en deuda con el Emérito pues nadie, como él, hizo tanto por mi sobrevenido y liberador republicanismo. Por ser un buen negocio para la consciencia, amo la libertad; para pensar, para opinar, para escribir, para votar a quien me plazca o para no votar. Ya elegí. Elegí al honrado, al humilde, al sabio que pide disculpas por serlo, a quien hunde sus manos en la tierra y a quienes tienen envejecidos sus rostros por el sol, la lluvia y el viento. Elegí a quienes se sientan en la última fila y a quienes no llevan las cuentas de vidas ajenas. Elegí al que es fiel a la palabra dada y a quienes cambian de opinión por convicciones sobrevenidas que, en días pretéritos, pasaron inadvertidas. Elegí al mastín y a su rebaño pero no al lobo. Elegí la VIDA por ser el milagro definitivo. Acepté lo que de izquierda y derecha hay en mí porque, de no hacerlo, abjuraría de todo lo que soy. Elegí la Patria, el Pan y la Justicia. Una Patria que a todos cobije, un PAN que a nadie falte y una JUSTICIA justa pues, aunque tengamos leyes, definitivamente falta JUSTICIA. No me conformaré con menos.