José Antonio Vergara Parra y la mano visible (Parte primera)

La mano visible (parte primera)

El escocés Adam Smith, considerado por muchos como el padre de la economía moderna, escribió dos obras fundamentales; La Teoría de los Sentimientos Morales y la celebérrima La Riqueza de las Naciones. En esta última obra acuñó su famoso aforismo, acaso esbozado en la primera, de la mano invisible. Vino a decirnos que la suma de intereses particulares es la mejor de las noticias para el interés colectivo. Donde algunos veían sólo egoísmo, Smith advirtió afanes individuales y legítimos que terminan procurando prosperidad al conjunto. Pero también marcó límites para el mercado, como la avaricia o lo que vino en llamar tragedia de los comunes; es decir, el abuso de recursos limitados que lesionaría gravemente a la colectividad. La mano invisible sería algo así como un conjunto de inercias generadas por la oferta y la demanda, capaces de generar oportunidades y riqueza.

En las antípodas de esta teoría encontramos a Karl Max, que en su obra El Capital consagraría el principio del materialismo histórico. No es posible entender la economía como una mera producción, relegando a un crónico e inmoral olvido la dignidad debida de la clase obrera. Tras la acumulación excesiva de riqueza y el reparto deshonesto de las plusvalías se esconde una génesis histórica y abusiva, con un  único antídoto: la revolución y la lucha insoslayable entre proletarios y propietarios.

Creo innecesario recordar las bondades y fisuras de ambos modelos que la praxis ha desvelado para quien quiera ver.

La mano invisible, quizá la menos mala de las extremidades, necesita de una mano bien visible que, en esencia, se apoyaría en las siguientes premisas:

Primero.- Efectiva separación de poderes donde la potestad judicial sea plena y radicalmente independiente. La ley vino para protegernos de la barbarie y de sombras huidizas y aquella perderá su fortaleza sin una fiscalización íntegra y emancipada.

Segundo.-  El Estado debe reservarse el monopolio exclusivo de la educación, sanidad, justicia, política penitenciaria, energía, defensa, comunicaciones, política interior y exterior, puertos, seguridad social y administración tributaria.  Es la mejor y más satisfactoria manera de preservar el bien común y que la igualdad efectiva entre españoles quede garantizada. Precisamente por confiar en lo público y en su eficiencia, determinadas disfunciones y rémoras deben ser revisadas con celeridad.

Tercero.- La Ley marcará las retribuciones máximas de alcaldes y concejales con dedicación exclusiva o parcial, presidentes autonómicos y consejeros,  atendiendo al número de administrados de sus respectivos territorios. Sólo el Jefe del Estado y el Presidente del Gobierno tendrán una retribución vitalicia tras el cese de su cargo, siendo aquella incompatible con cualquier remuneración pública o privada. Los ex presidentes del Gobierno dejarán de pertenecer al Consejo de Estado. Presidente del Gobierno, ministros, secretarios de Estado, directores generales, presidentes autonómicos, consejeros, alcaldes y concejales, una vez hayan cesado en sus cargos y durante el plazo de cinco años, no podrán formar parte de consejos de administración de empresas ni ser contratados por cuenta ajena por éstas, cuando aquellos, mediando sus mandatos, hayan tomado decisiones personales o colegiales que directa o indirectamente hayan beneficiado a tales empresas.

Cuarto.- A efectos de jubilación, diputados y senadores precisarán idénticos requisitos que el resto de españoles. Las indemnizaciones compensatorias por cese de actividad serán eliminadas.

Quinto.- El dinero público es sacrosanto e inviolable. Es el fruto del esfuerzo individual y colectivo y en no pocos casos sufraga servicios de primerísima necesidad. En consecuencia, todo enriquecimiento personal o colectivo derivado de la apropiación, administración culpable o dolosa, desvío, falsificación o cualesquiera otras actitudes ilícitas respecto de fondos públicos serán considerados delitos de alta traición contra el Estado, consignándose para tales actos las penas más duras posibles. Los beneficios penitenciarios no serán de aplicación en tanto que las cantidades ilegalmente sustraídas no sean restituidas en su integridad al erario público.

Sexto.- Cualquier partido político, sindicato, asociación, colectivo o movimiento que socave, combata o menosprecie la unidad e integridad de la nación española será inconstitucional. A una sala especial del Supremo (que asumirá las competencias del extinto Tribunal Constitucional) competerá dictaminar la pertinencia o no de la citada inconstitucionalidad.  Idéntica suerte correrán quienes postulen ideas incompatibles con los derechos humanos, los valores constitucionales y los cimientos de toda democracia digna de ser así llamada.

Séptimo.- Se abrirá un nuevo proceso constituyente, cuya propuesta o propuestas serán sometidas a un referéndum vinculante del pueblo español. La Constitución Española de 1978 supuso un hito de incalculable valor histórico mas, por la trascendencia del momento, dejó costuras por hilvanar y decisiones de calado sobre las que merodea una evidente contradicción política. El pueblo español, en quien, mucho más allá de meras referencias retóricas, reside la soberanía nacional, debe ser oído sobre la forma de jefatura del Estado, la organización territorial del país y sobre otras cuestiones capitales irresolutas en mil novecientos setenta y ocho.

La mano visible no atenta contra la libertad individual; en absoluto. Yo creo en el individuo pero esta abstracción filosófica no es infalible. El hombre es capaz de lo mejor pero está expuesto a tentaciones que, de incurrir en ellas, trastorna la elevada misión a la que está llamado, convirtiéndole en un lobo para sus congéneres.

Esta mano visible repudia a los estados totalitarios de todo color y condición que, cínicamente parapetados en actitudes paternalistas, han estrujado y pisoteado a su pueblo hasta límites criminales, mientras sus élites vivían en la abundancia más nauseabunda. Chándal, traje de faena o mil medallas con fajín. Puño cerrado o mano abierta. Tanto monta, monta tanto.

No. Definitivamente, mi mano visible se presenta a las elecciones, es franca, honesta, respetuosa, honrada, ejemplar, justa, sobria, solidaria y vive para estrechar las manos de todos los españoles.

 

 

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