Jordi Sabatés y Segundo de Chomón: dos mundos mágicos unidos por la música

Javier Mateo Hidalgo

El mundo del cine celebraba el pasado 17 de octubre una de sus efemérides más reseñables: los 150 años del nacimiento del turolense más universal, Segundo de Chomón. No se trata de la fecha natal de una figura más en la historia del séptimo arte, sino de una de sus piedras fundacionales. Chomón fue uno de los inventores de la técnica y el lenguaje fílmicos y, aunque muchos profesionales de este campo aún no lo sepan, sin él una parte fundamental de su trabajo no podría desarrollarse. Suyos son muchos de los trucajes que hoy se emplean a través de la cámara y el montaje, como el stop motion o el travelling; igualmente, su imaginación permitió el desarrollo del argumento de ficción cuando apenas existía. Tan sólo Méliès le llevó la delantera, pero incluso de éste mejoró la capacidad de relatar a través de imágenes en movimiento. Ante tamañas razones, cabe preguntarse por qué la propia historia ha sido tan injusta con su valía y aportaciones. Sólo algunos estudiosos han tratado de recuperar su legado a lo largo de este tiempo. Sirvan de ejemplo nombres como los de Carlos Fernández Cuenca, Juan Gabriel Tharrats, Pascual Cebollada, Joan M. Minguet, Agustín Sánchez Vidal, Rosa Delgado Leyva o Adrián Encinas. Progresivamente se ha ido recuperando gran parte de su filmografía y se han realizado ediciones selectas de su cine en Dvd como la de Cameo. Incluso, hace unos años, se produjo un falso e interesante documental dirigido por Ramón Alòs Sánchez, El hombre que quiso ser Segundo, con un genial Ramón Langa que lo mismo se mete en la piel de Chomón que en la de Blasco Ibáñez. No obstante, aún queda mucho por hacer, aunque lo que se haya venido haciendo no haya sido poco.

Sin embargo, entre las propuestas más interesantes de estos últimos tiempos, cabe destacar indudablemente la llevada a cabo por uno de los creadores españoles actuales más polifacéticos e interesantes: Jordi Sabatés. En colaboración con el Instituto Cervantes, inició un proyecto en 2005 que desde entonces ha dado la vuelta por todo el mundo: Jordi Sabatés recrea a Segundo de Chomón. De hecho, se encuentra actualmente presentándose en Suecia, y todavía le queda mucho por decir y en muchos idiomas. Sabatés, responsable de hitos como el Vampyria gestado mano a mano con Tete Montoliu o la primera música para El señor de los anillos, se inició desde niño en el noble arte de la música a través del piano; pero su necesidad de experimentación le llevó a renovar las claves del jazz, a incursionar en la ilustración de cuentos infantiles como los de Oscar Wilde y Hans Christian Andersen o a componer verdaderas obras maestras del género del lied. A sus inquietudes musicales habría que sumar las científicas, pues llegó a ser profesor en la universidad durante su juventud. Fue amigo de Frederic Mompou y tocó junto a Chick Corea, hizo de la vida de “Bola de Nieve” una partitura y obtuvo el Premio Nacional del Disco por su revisión del género del Ragtime. Y, por último, ha brindado un sentido homenaje a sus queridos iconos fílmicos Méliès, Murnau, Keaton y, por su puesto, Chomón. Y lo ha hecho transformando las imágenes en música, generando un diálogo con el cine a través de su propio e inconfundible lenguaje como compositor e intérprete. En la mejor tradición de los primeros pianistas del cine silente, Sabatés ha creado una alquimia sonora de gran misterio, trasladando al espectador a atmósferas insospechadas, que parecían haber permanecido ocultas, esperando a su momento, para salir y confraternizar con lo que parece desbordar la pantalla de la sala cinematográfica. ¿Cómo es posible que el autor de tantas maravillas sea una persona tan humilde y generosa? Quienes tenemos la suerte de conocerle y contar con su amistad lo corroboramos en cada encuentro con el maestro, siempre atento y amable. Recientemente estuvo en Madrid presentando su espectáculo en el edificio de las Cariátides del Instituto Cervantes de la calle Alcalá, o recordando al genio de Viaje a la luna en el Espacio Abierto de la Quinta de los Molinos. Asistir en directo a sus interpretaciones supone la oportunidad única de sumirse en la oscuridad y en la concentración que requiere el escenario y la interpretación en directo, irrepetibles. Sabatés concibe unas partituras donde no falta de nada (ni siquiera las ilustraciones, pues además es un excelente dibujante). En la mejor tradición de las “cue sheet” o partituras para cine, en las que Satie fue pionero, podemos adivinar en sus pentagramas salpicados de notas las historias de Chomón: desde casas fantasmagóricas a hoteles encantados por la electricidad, pasando por seres que se convierten en objetos y viceversa, gigantes y criaturas diminutas, diablos y cabezas parlantes, huevos de los que salen personas o carteles publicitarios animados. Todo ello conformando un auténtico fresco de vivos colores, en cuya invención también este cineasta fue único.

Con todo ello, concluimos que si bien Segundo de Chomón debe ser valorado por sus decisivas aportaciones al séptimo arte, no encontraremos mejor manera de hacerlo que a través de la recreación que de su cine hace Sabatés a través de su mundo musical mágico. Si Greta Garbo habló en Ninotchka con la implantación del sonido en el cine, Chomón canta con inusitada fuerza desde que Sabatés le ha dado tan inusitada voz.

 

 

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