‘Jartos’ de aguantar, por Diego J. García Molina

Jartos de aguantar

Por desgracia, continúa el goteo continuo de malas noticias relacionadas con este gobierno que afectan de forma directa a la ciudadanía. La politización y/o apropiación por parte de las formaciones políticas de cualquier acción ciudadana o social impide que sea mucho más ostensible el rechazo a muchas de las medidas y actuaciones de la sociedad formada por el PSOE, Podemos, los separatistas catalanes, los nacionalistas vascos, y el brazo político de la organización terrorista ETA, que todo hay que decirlo. A la sociedad anteriormente detallada quizás habría que incluir a los sindicatos de clase, Unión general de trabajadores (UGT) y Comisiones obreras (CCOO); ninguna protesta ni nota de rechazo a medidas del ejecutivo hemos conocidos de estas dos organizaciones en un intento de defender a trabajadores y clases bajas y medias, los más afectados, como siempre, por esta crisis que empieza a ser estructural y endémica. Además de estar siempre en todas las salsas apoyando a sus partidos de referencia, como por ejemplo, el apoyo a los indultos de los presos separatistas catalanes condenados por malversación millonaria del dinero de todos los españoles, o el reciente apoyo explícito a la reivindicación histórica de ETA de acercar los presos condenados por asesinato o secuestro a País Vasco y Navarra; o incluso la participación del líder de UGT en la manifestación realizada en San Sebastián en apoyo a los presos de ETA. ¿Es esta la labor de los sindicatos? Sin comentarios.

A lo que me refiero en el párrafo anterior, entiéndanme, es que mucha gente, aunque esté de acuerdo con el objetivo, no se suma a una protesta convocada por Vox o por el PP por motivos obvios. A pesar de ello, poco a poco vamos conociendo novedades, como la manifestación convocada por JUPOL, sindicato mayoritario de la policía, para protestar por la nueva ley de seguridad ciudadana; a la que se suma CSIF, sindicato independiente de funcionarios, por no estar de acuerdo con la nueva ley con la que las autonomías (léase Cataluña y País Vasco) pueden convertir interinos en funcionarios a la carta, con la batería de enmiendas que los correspondientes partidos nacionalistas socios de gobierno incluyeron a última hora en dicha ley. Los transportistas también se han puesto en pie de guerra convocando una huelga en los días previos a la Navidad tras el último desplante de la ministra. Se les pidió paciencia durante la pandemia, pero pasa el tiempo y sus demandas no son atendidas. Lo normal es que más colectivos se vayan sumando a estas protestas ante la delicada situación en la que se encuentra nuestro país.

La verdad es que la mayoría de la gente está harta de este gobierno debido a que todo lo que podía hacer mal lo ha hecho peor, y a sus mentiras. Una muestra más: el instituto nacional de estadística (INE) acaba de actualizar sus datos de fallecidos por la pandemia contabilizando más de diez mil muertos que la cifra que todavía mantiene el ejecutivo socialista. Increíble, ¿verdad? También es verdad que han tenido mala suerte con la pandemia, por ejemplo; sin embargo, muchos de los problemas en los que se encuentran inmersos se los han buscado ellos mismos. Por ejemplo, para la conformación de gobierno pudo apoyarse en Ciudadanos, sin embargo, la misma noche electoral, ya surgieron voces zanjando la discusión con un “con Rivera no”. Tras no poder formar gobierno, en la repetición de los comicios, el partido ahora dirigido por Inés Arrimadas ya no era una opción. No obstante, todavía pudo recurrir a la fórmula utilizada en Alemania con notable éxito durante más de una década, una gran coalición entre los partidos análogos a PSOE y PP en aquel país. En estas últimas elecciones alemanas el resultado se ha invertido y sin ningún problema se ha renovado la presidencia cambiando el partido dirigente. Estas cosas en España son impensables debido al odio que se profesan las corrientes políticas opuestas.

Otro problema añadido es que no han sabido imponerse ante los partidos que le prestaron su apoyo. Podemos se ha comportado con total deslealtad hacia el PSOE, y este ha actuado con miedo de que Podemos pudiera obtener rédito electoral de sus enfrentamientos, tolerándole todas sus salidas de tono. Podría haber actuado de otra forma teniendo en cuenta que la formación de extrema izquierda en ningún caso habría abandonado el gobierno. Con los nacionalistas el mismo caso, han tragado con todos sus chantajes y demandas ventajistas que perjudican al resto de autonomías con la amenaza de la pérdida de su favor y la consecuente convocatoria de elecciones. Mas estaba claro que los socialistas eran los que tenían la posición de fuerza y los separatistas nunca habrían propiciado la posibilidad de que la derecha volviera al gobierno. Efectivamente, podrían haberlo hecho mucho mejor fácilmente, con un poco de valentía.

El resultado lo estamos viendo ahora, y lo seguiremos apreciando en los próximos meses. Con un país rescatado por la Unión Europea ya tenemos encima de la mesa el primer recorte de los futuros pensionistas, el pago por uso de las autovías apalabrado para el próximo año, pérdida de poder adquisitivo por la inflación, subida de la luz, de la gasolina, y lo que venga. Cada vez más gente con la que hablo muestra el mismo descontento, y la misma desesperación por no discernir una solución; pues igual que están ahora hartos del PSOE, lo estuvieron antes con el PP, y así sigue girando la rueda. Cuando tuvimos oportunidad de hacer algo distinto, por ejemplo, con la irrupción de Unión, Progreso y Democracia no fuimos capaces de aprovecharlo. Y es la realidad por mucho que a tantos le pese, dado que UPYD lo demostró con hechos, y los nuevos partidos que tanto prometían quedaron en agua de borrajas, un espejismo, una patraña. Ojalá surja alguien que pueda levantar de nuevo esa bandera: la promesa de una política con mayúsculas, por y para el ciudadano, decente, justa, sobria, esperanzadora. Hay mucha gente que ha aprendido la lección y está dispuesta a apoyar la causa con su trabajo y con su voto. Quedamos a la espera.

 

 

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