Hastío, según Diego J. García Molina

Hastío

Al hilo del último artículo publicado en este semanario, hemos conocido estos últimos días que se ha producido un golpe de Estado en Birmania, y el encarcelamiento de un opositor a un gobierno. Nada nuevo en este mundo cruel, no obstante, tiene la particularidad, el primer caso, de haber sido auspiciado y apoyado por la China comunista, aunque económicamente capitalista, y el segundo, haberse producido en la Rusia del presidente vitalicio Putin. Por cierto, fueron estos dos países los que pusieron, referente a este alzamiento militar birmano, trabas para alcanzar un acuerdo en el consejo de seguridad de la ONU. Con respecto a Birmania, según parece, a nadie le importa su situación, y a las pocas protestas internacionales producidas ha seguido el aislamiento del país impidiendo el acceso a internet de sus habitantes y el estado de emergencia durante un año. A la situación del opositor ruso, que ya fue intentado silenciar envenenándolo con sustancias radioactivas (sello de identidad de la casa), tan solo la unión europea ha puesto algún pero, enviando además a su jefe de diplomacia, el inefable Borrell, quien de forma cobarde, como acostumbra, ha vuelto con el rabo entre las piernas. Digo como acostumbra pues solo hay que recordar cómo afrontó su lucha para liderar el PSOE o el escupitajo que le ofrendaron en el Congreso los secesionistas catalanes.

Tampoco creo que la UE, o mejor dicho, Francia y Alemania quieran ir más allá con estas objeciones a los asuntos internos de los rusos, como tampoco han hecho con los externos, y estén deseando continuar sus negocios con aquellos. Sin embargo, el ministro de exteriores ruso no ha querido dejar pasar la ocasión de atacar a la unión europea pegando una patada en el culo de España a cuenta de lo sucedido en Cataluña en los últimos años, con el referéndum ilegal donde se malversaron millones de dinero público, la encarcelación de algunos de los responsables y la huida de otros, incluyendo la negativa de tribunales, tanto alemán como belga, a entregar al prófugo Puigdemont.

Por cierto que ahí siguen en campaña de nuevo en esta comunidad española, con sus enésimas elecciones en los últimos 10 años. No llego a entender tanto despilfarro de dinero en elección tras elección para obtener prácticamente los mismos resultados. No se trata de una lucha entre Cataluña y España por la secesión sino una lucha entre catalanes, entre dos bloques inamovibles, los que quieren imponerse a la otra mitad y los que no se dejan. Ya vaticinó Aznar que antes se fracturaría la sociedad catalana que España, como así ha sido. La verdad que hasta al más paciente cansa esta situación de bloqueo continuo que no lleva a nada, excepto a dilapidar dinero y arruinar una comunidad próspera y avanzada como fue la catalana. Al final se saldrán con la suya por aburrimiento del contrario.

Esto me lleva a los dos asuntos más destacados de esta campaña electoral: la realización de unas elecciones en plena tercera ola de la pandemia mundial por coronavirus y el acoso y agresión de forma impune a miembros de un partido político, incluidos los asistentes a varios actos. Lo primero demuestra que los políticos, igual que sucedió el 8 de marzo, solo piensan en sus intereses y viven al margen de la realidad de la ciudadanía. No van a tener escrúpulos en poner en peligro a los catalanes obligándoles a asistir a las mesas electorales y a elegir entre ejercer su derecho al voto y la salud, siendo además en este caso un riesgo real de muerte. ¿Cuántas personas van a morir por otra irresponsabilidad más de nuestros políticos? ¿Por qué no actúa el gobierno? ¿Por si empeoran las encuestas referentes a su candidato? Realmente es inaceptable, y más cuando no han dudado en arrasar con sectores completos prohibiendo su actividad económica en nombre de nuestra seguridad sanitaria; en esto, como les interesa, no hay problema en seguir adelante; además de que tenemos el precedente de las elecciones en la comunidad vasca y gallega que se suspendieron precisamente por el riesgo de contagio por covid el año pasado.

Sobre lo segundo, sí que es cierto que no es la primera vez que sucede, ni con este partido, ni con otros; ni en esta comunidad, ni lamentablemente en otras donde también ha sucedido. La triste realidad es que en España no se puede defender una idea política legítima sin el riesgo de que te partan la cara; en ocasiones, hasta con la connivencia de la autoridad y ante la pasividad de la fuerza pública responsable del orden público. Lo peor de todo no es ya que no sea condenado por todas las fuerzas políticas con rotundidad, sino que nos hemos acostumbrado a que esto sea normal y ya no es casi ni noticia. No nos escandalizamos y creo que hasta nos da igual. Le pasó al PP, le pasó a Ciudadanos, le pasó a UPYD, le está pasando a Vox, y no sabemos a quién le tocará después. Sobre todos estos temas la palabra que me viene a la mente es hastío, no puedo decir más. Y es así como se empieza a perder la partida.

 

 

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