Frenando la tormenta, según María Bernal

Frenando la tormenta

En esta vorágine de confinamiento nos hemos convertido en víctimas de un discurrir casi agobiante de información diaria, en su mayoría, manipulada y no contrastada. Pero lo inquietante de todo es ese alto porcentaje de usuarios ignorantes y creedores de tener la verdad absoluta debido a las necedades que leen y admiten. La consecuencia inmediata es la cantidad de noticias basura que comparten, cuando deberían aumentar su nivel cultural de mano de los expertos, olvidados como siempre, hasta que nos conviene su trabajo.

Y en el olvido del colapso de hospitales quedan los combatientes de primera línea. Sí, esos a los que yo he calificado de héroes indispensables en esta pandemia sin fecha de caducidad, a pesar de las críticas rebosantes de un cierto tono de resentimiento que he recibido, porque ahora resulta que todos quieren ser héroes y buscan su protagonismo a expensas de una situación cuya solución, que aún genera desasosiego, solo está en manos de los que se están rompiendo los sesos en este asunto: los facultativos.

A lo largo de esta horrible pesadilla de la que todos queremos salir a toda prisa y con exigencias, he seguido las publicaciones de varios médicos especialistas inmunólogos, los tan olvidados anteriormente y ahora tan indispensables. Cualquier patología tiene una base inmunológica: órganos, tejidos, células, es decir, se podría decir que esta especialidad implica enfermedades de casi todos los sistemas del cuerpo.

Pero no le hemos prestado atención a la posible vacuna de tantas y tantas enfermedades, llamada desde siempre Inmunología y dejada de la mano de Dios por el desconocimiento de nuestros gobernantes y por ese afán que tienen de utilizar las tijeras para una realidad tan vital como es la Sanidad. Y miren si somos idiotas que ha tenido que invadirnos la infección del SARS-CoV-2 para que tengamos que salir a aplaudirles y a considerar su incomparable labor.

Y cuando todos habláis del doctor Simón o del doctor Candel ( Spiriman en las redes), de los que no voy a poner en duda su profesionalidad, o de los medios de comunicación, de los que suscribís todas su palabras, no os dais cuenta de que la carga viral de incultura (lo digo por los medios) infecta vuestro organismo, quizá con más consecuencias que la del SARS para el que tantos guantes os ponéis.

Esta semana, y después de haber seguido sus indicaciones sobre salud voy a dedicar mi artículo al incansable doctor Daniel Lucas Aroca, médico inmunólogo que, ajeno a cámaras, lejos de querer ser protagonista y siempre excusándose de cualquier halago, ha ido informándonos desde la más estricta sensatez sobre la que se avecinaba. Y lo hizo unos días antes de que se decretara el estado de alarma, concretamente el 12 de marzo.

Sí, ya sé que muchos pueden pensar que antes del 12 ya nos habían comentado la presencia de este virus. Ahora bien, no nos engañemos: nos vendieron la moto de manera muy barata. Y tanto el doctor Simón, como el doctor Candel afirmaban que no había que alarmarse; se trataba de una simple gripe.

Cuando yo hablé con el doctor Lucas él me dijo: “lo peor está por llegar”. Y así fue. Después de esta conversación, él, más experto, quizá, que muchos de los que están en las altas esferas del gabinete del gobierno fue muy cauto y no se achicó al afirmar que “todos nos íbamos a infectar por el virus de la Covid-19 en los próximos tres meses, bien con síntomas o sin ellos”. Y lo más cautivador para las personas que creen en la palabra de los médicos fue la explicación que expuso sobre los factores que determinaban el peligro de un agente infeccioso, contrastada, y no manipulada, con médicos de toda España que, desde mi punto de vista, han sido silenciados ante la arrogancia de los políticos, que se dejan guiar más por su ideología que por las necesidades que en estos instantes demanda el estado de emergencia sanitaria.

Once días después, el ministro de salud de Perú, médico cirujano, declaraba para la RPP (una emisora de radio peruana) que “de una forma u otra todos nos vamos a terminar contagiando con este virus”.

Después fueron avanzando los días, y tacharon de manera pública por redes de alarmista al doctor Lucas (claro, ya nos habían convencido de que era un catarro más). Pero él utilizó con toda licencia la palabra “muerte”. Treinta y tantos días después, llevamos más de un centenar de muertos en Murcia. ¿Eran alarmistas sus palabras? No, lo que pasa es que nuestras mentes están llenas de serrín, ese que los carpinteros de los distintos partidos políticos se encargan continuamente de producir.

También habló el 17 de marzo sobre la detección precoz. En palabras de Daniel Lucas se trataba simplemente de hacer muchos test para así aislar a los positivos en un mismo lugar; Murcia contaba con hoteles vacíos y antiguos hospitales, y soltarlos al mes con el fin de crear inmunidad, porque la vacuna era una realidad lejana. Veintitrés días después, El País publica en portada que “el gobierno planea aislar a contagiados”.

Está claro que no tenemos que irnos a Moncloa, ni a Granada, ni a Perú, ni a China para comprobar que aquí en nuestra tierra tenemos a los mejores especialistas. Pero yo abogo por un ciezano, Daniel Lucas Aroca. Yo confío plenamente en sus palabras y en su impecable praxis por la gran labor que siempre ha desempeñado, y ahora, por su sinceridad en este estado y por ser portador de una información (verificada con otros ilustres especialistas como el inmunólogo Fernando Fariñas o el doctor Alfredo Corell). Una información que sana al igual que sus palabras cuando tratas con él. Respecto a los brotes de luz verde, él apuesta por dos fechas que me voy a guardar para ver si se cumplen y poder escribir otro artículo en homenaje a su insuperable ocupación.

Personas como él merecen ser escuchadas, merecen un lugar privilegiado. Y que conste que no tengo ninguna intención publicitaria con este artículo (tampoco es que tenga que dar explicaciones). Mi objetivo es subrayar que lo que necesitamos en cualquier gobierno es a  gente formada y experta en su materia,  ajena a ideales tanto conservadores, como revolucionarios. Que lo que necesitamos en esta situación es a una sociedad obediente y no justiciera. Y fuera de querer ofender a muchos protagonistas que no tienen ni puñetera idea de gestionar, los sanitarios fueron, son y serán los únicos capaces de frenar esta tormenta.

 

 

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