Floración, saturación y abstracción

Todas las semanas nuestros lectores y lectoras podrán disfrutar de sección La mirada de Tete Lucas, donde el célebre fotógrafo local lleva a cabo un análisis de las mejores fotografías que ha realizado de la localidad

Tete Lukas

En 1888, George Eastman, quien más tarde fundaría la conocida compañía Kodak, patentó una cámara fotográfica que usaba un carrete de película de papel, y con una exitosa campaña publicitaria que decía ‘You press the button, we do the rest’ (Usted pulsa el botón, nosotros hacemos el resto) democratizó la fotografía llevándola al gran público, o más bien al público con más poder adquisitivo, ya que no era precisamente barata. Se trataba de una cámara fotográfica con un carrete de 100 fotos que el usuario, cuando había gastado, enviaba por correo a la empresa y esta le reenviaba las fotos reveladas junto a la cámara cargada con otro carrete. Fue toda una revolución y la fotografía dejó de ser de uso exclusivo de profesionales, surgiendo así la figura el fotógrafo amateur.

Algo parecido aunque a otro nivel, propio de los tiempos que corren, ocurrió con la aparición de la fotografía digital junto al abaratamiento de las cámaras, tanto compactas como réflex y, en última instancia, la irrupción de los teléfonos móviles de última generación con las posibilidades que todos conocemos. Así, hoy en día, todo el mundo lleva una cámara en el bolsillo con la que puede hacer todas las fotos que quiera y en cualquier momento. Sin duda, otra gran revolución, aunque, según como se mire, en algunos sentidos parece más una involución.

En Cieza, toda una legión de fotógrafos surgió de la nada y unos de los temas preferidos fue sin duda la floración de Cieza. Que tanta gente se interesara por la fotografía y saliera a fotografiar el espectáculo de color que ofrece la floración siempre será positivo. Sin embargo, no sé muy bien porqué, o por influencia de quién, ha predominado el uso y abuso de la saturación de los colores, resultando imágenes irreales que reflejan una realidad inexistente, lo cual no es malo en sí, ya que el arte es libre y cada uno se expresa como quiere. El problema surge cuando estas imágenes se usan con un propósito comercial y promocional por parte de empresas de turismo o incluso por el propio ayuntamiento, resultando al final en una publicidad engañosa que muestra una realidad manipulada que puede causar en el turista cierta sensación de desengaño.

Pero no es este el único tipo de saturación presente en la Floración: Hay también saturación de cultivos, nuevas y constantes roturaciones de terrenos de secano, saturación de pozos legales e ilegales que ponen en peligro el equilibrio de los acuíferos y saturación del suelo: un suelo cargado de químicos y desnudo, sin una vegetación que lo sustente y que, poquico a poco, va desapareciendo por el arrastre de las aguas debido a las lluvias de carácter torrencial cada vez más habituales.

Este no es solo un problema local, y no pretendo criticar al sector en sí, ni al mediano y pequeño agricultor quienes no han tenido más remedio que ir adaptándose a las exigencias del mercado para “ir tirando”. Solo pretendo invitar a la reflexión sobre un problema global e innegable, que está acabando con, por poner un ejemplo, la selva amazónica para que aquí podamos disfrutar de alimentos que nunca habíamos consumido y que el capitalismo nos ha vendido como casi indispensables para nuestra dieta, tales como la soja o la quinoa, o asimismo el aceite de palma contenido en multitud de productos que consumimos.

Si algún lector o lectora está pensado algo así como: «ya están los ecologistas perroflautas, no sé qué, no sé cuántos, bla bla bla…», he de confesar que personalmente acepto con gratitud lo de ecologista, pero no lo de perroflauta. Soy más de gatos, los adoro, llámenme en todo caso gatoflauta, por favor.

En fin, que me lio, vuelvo al tema que me atañe, la fotografía y la abstracción. En fotografía, la abstracción consiste en mirar la realidad de una forma diferente, observar detenidamente lo que aparentemente no está, olvidándose de “el todo”, abstrayendo solo una parte del mismo y, siguiendo ciertos conceptos de composición (color, forma, punto, líneas, repetición, texturas, equilibrio…), generar una realidad nueva y conseguir una imagen atractiva a la vista que invite al espectador a dar rienda suelta a su imaginación.

Un recurso muy utilizado para realizar este tipo de fotografía es el uso de objetivos macro. Cuando tomé esta foto, mi capital no me permitía comprar uno (ahora menos), así que tiré de una alternativa mucho más barata, pero que presenta múltiples inconvenientes. Me refiero a la inversión del objetivo, que consigue un aumento más que considerable de la imagen, para lo cual solo necesitas un anillo inversor que puedes comprar por unos pocos euros. El principal inconveniente es la reducción de luminosidad, y es que al estar invertido el objetivo la lente por donde entra la luz es mucho más pequeña y casi no ves nada por el visor, trabajando casi por intuición y, además, para una correcta exposición necesitas un flash externo que compense esa ausencia de luz. El otro inconveniente es la casi nula profundidad de campo (de apenas unos milímetros), lo cual, según lo que busques, puedes utilizar a tu favor. En estudio, estos problemas se pueden solventar con una luz artificial continua para poder ver sin problemas por el visor y con un trípode para facilitar el encuadre. Yo salí a hacer esta foto al campo,  con la cámara en una mano y el flash en la otra, y, después de unos 100 o 200 disparos, conseguí dos o tres fotos aceptables, entre ellas la que aquí les muestro.

A mí, personalmente, esta imagen me traslada a un mundo imaginario, un jardín fantástico de extraños hongos y plantas de grandes hojas de colores rosados. Y a usted ¿qué le sugiere?

Bakea eta maitasuna