Entrega incondicional, según María Bernal

Entrega incondicional

Falta rigor y sobra incompetencia, prepotencia, maldad, incultura, orgullo y egoísmo en esta sociedad que se diferencia categóricamente de quiénes fueron nuestros padres y nuestros abuelos. Desde que empezó la situación de crisis sanitaria, que por cierto no era una realidad nueva, sino una prolongación de la precariedad del sistema sanitario que tenemos en este país gracias a los descomunales recortes de hace años, los médicos se convirtieron para todos en los héroes con bata de esta desgracia, porque claro, antes de que esto sucediera, el ninguneo hacia los especialistas de la salud era como un arma de destrucción masiva que muchas personas empleaban cada vez que les daba la gana.

Porque si hay una actitud cretina que tan bien caracteriza al ser humano, esa es la de exigir a toda costa sin tener consideración por nada, ni por nadie. Y todo por ese orgullo que corre por las venas de una inmensa mayoría. No se den todos por aludidos, que no es mi intención generalizar.

No fue hasta la propagación del virus, cuando la gente se dio realmente cuenta de quiénes eran nuestros sanitarios. Por eso empezaron los aplausos y los halagos continuos. En ese instante sí merecían toda la consideración que hasta ahora nunca habían tenido. Tampoco es que les hiciera falta, porque lo que los distingue es esa virtud de trabajar para ayudar, sin esperar nada a cambio. Una incondicionalidad que no la vemos en todas las personas que esperan siempre ser halagadas por lo mínimo que hagan,  como si se trataran de seres imprescindibles en el universo.

Y es que los médicos en este país tienen motivos suficientes para encabritarse, aunque no lo muestren, teniendo en cuenta lo indeseables que pueden llegar a ser algunas personas que, creyéndose doctos en todo, no tienen ni la más remota idea de lo que está pasando. Pero escriben y hablan sin pelos en la lengua, y muchos, ignorantes por los cuatro costados, y analfabetos en lectura y comprensión, se creen las palabras de estos insensatos antes que las de los propios expertos.

A esos ignorantes, que en muchas ocasiones han opinado sobre el sueldo excesivo que cobran los médicos, habría que refrescarles que están mal pagados si los comparamos con sus colegas de países europeos como Reino Unido, Francia, Alemania o Italia. Los sueldos de los médicos españoles son muy bajos y para colmo existe una desigualdad considerada entre los distintos servicios médicos. Además, a esta coyuntura se suma el hecho de que los recortes propiciaron que los sanitarios perdieran de la nómina, a partir de 2010, entre el 4,2% y el 17,90% al año.

La sociedad se solidarizó con ellos cuando pudieron comprobar cómo eran capaces de trabajar a un ritmo tan sumamente vertiginoso que nadie o muy pocos serían capaces de aguantar. Fue a partir de mayo, cuando todos los agradecimientos que se habían producido a través de esos aplausos empezaron a tener fecha de caducidad.

¿En qué cabeza cabe pensar que las personas iban a cambiar al darse cuenta de lo efímera que puede ser la vida? En ninguna.

Mientras estuvimos encerrados, la gente ofreció su servicialidad, su bondad, su comprensión, y se mostró como aquel ser, amigo de sus amigos y de todos los demás.

Un escenario de película para ser verdad. Sin embargo, la película acabó cuando todo volvió a la normalidad. Empezaron de nuevo los reproches, las falacias del tipo que todo este caos era una pantomima inventada por el gobierno para que la gente no colapsara los servicios de Urgencias. Y entre toda esta mierda que nos rodea, porque no hay otra palabra para denominar la cantidad de idioteces que se escuchan y se leen (salvo alguna excepción que otra), todavía están ahí, agotados y mosqueados con el sistema político que está acabando con ellos; pero siempre con la mejor intención y dedicación aunque las fuerzas flaqueen constantemente.

Faltan sanitarios, falta mucho dinero para ellos; pero no para que aumente su poder adquisitivo, sino para que investiguen, para que trabajen, para que tengan jornadas dignas que les permitan ser personas y no dioses. En definitiva, para tener la sanidad pública que verdaderamente merecen y merecemos.

Por tanto, los reproches deberían ir dirigidos a todos esos políticos que tanto son defendidos por sus adeptos, a pesar de la manipulación que están llevando a cabo.

Suerte de escoria es el legado de esos que dicen gobernarnos, que están consiguiendo la peor guerra entre humanos: prescindir de la atención sanitaria. Y la consecuencia más desoladora es que hay muchas personas enfermas con otras patologías. Pero no hay personal, no quieren invertir en el motor que sostiene el mundo, porque el único interés que tienen es el de enriquecerse a costa del abandono de los ciudadanos.

Por tanto, es hora de escuchar a los médicos, es hora de dejar de levantar falsos testimonios sobre ellos, ya que si hay una razón más evidente para seguir admirándolos, esta se resume en dos palabras: entrega incondicional.

 

 

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